Mendoza - DGE DGE
martes 07 de junio de 2016

Del doctor en ciencias de la educación Santos Guerra: "Los niños aprenden de los maestros a los que aman"

El doctor en educación Miguel Ángel Santos Guerra expuso ante 3.500 docentes sobre cómo evaluar.

Entre aplausos, risas por sus llamativos ejemplos y anécdotas para enseñar conceptos esenciales sobre la evaluación como una oportunidad de aprendizaje –no como un mero acto de medición o control hacia los chicos o los profesores– el doctor en ciencias de la educación Miguel Ángel Santos Guerra supo "enamorar" a los 3.500 docentes que lo escucharon este lunes en el auditorio Ángel Bustelo de Mendoza, encarnando en él mismo su prédica de que si un alumno no "ama" a su maestro es imposible que aprenda.

Tan contundente es su enfoque que el gobierno escolar organizó la jornada para encaminar la nueva política de la gestión educativa, en la que serán evaluados tanto los docentes y los alumnos como el sistema mismo.

Aun así, Santos Guerra no dejó de lado en ningún momento la importancia de que la política debe darles los instrumentos necesarios a los docentes para que puedan enseñar, o dicho de otra manera, son necesarias buenas escuelas, con docentes bien pagos y convencidos de que se los valora.

Por supuesto, no faltaron las menciones al ítem aula por parte de algunos presentes, que aprovecharon el momento para volver a quejarse de esta decisión de la DGE.

Santos Guerra explicó durante cuatro horas por qué el docente debe "ser optimista" ante todas las dificultades que presenta el ejercicio de la profesión, inclusive cuando desde la política se insiste en una línea pedagógica que hizo un científico que poco y nada estuvo en el aula.

En este sentido, reconoció que ser un buen maestro es "mucho trabajo" pero es la única forma de ser feliz en esa profesión.

Tratado como una estrella del espectáculo, brotaron los pedidos de autógrafos, fotos y consejos, a los que el disertador obviamente se prestó con gratitud.

En esta charla con Diario UNO repasa algunos puntos claves de su exposición y responde sobre los problemas más comunes de la escuela argentina.

–¿Qué es evaluar para el aprendizaje?
–Pienso que hay muchas cosas para enfocar el fenómeno. Podemos hacer una evaluación para clasificar a las escuelas, para clasificar a los alumnos , para promover a los alumnos, para controlar a los profesores, o un tipo de evaluación como las que hace PISA para hacer un ranking de resultados.

Pero la evaluación puede tener finalidades ricas, pobres o perversas, entonces sólo habría que potenciar las ricas, tanto de los alumnos, la de las instituciones como las de las experiencias de los sistemas. Creo que la evaluación que sirva para comprender lo que pasa, para aprender de lo que pasa, para tomar decisiones de mejorar lo que pasa y para dialogar sobre lo que hay que hacer para mejorar.

–¿Es primordial?
–La evaluación es una función muy necesaria, porque yo me imagino a las escuelas como barcos en altamar con todos extenuados, pero sería muy triste que si preguntara, nadie supiera decir a dónde va, qué destino tiene; más grave aún, si fuera al abismo, porque no hay nada más estúpido que lanzarse con mayor eficacia en la dirección equivocada.

–Se le pide al docente que se acerque al alumno, pero hay una distancia muy grande entre los docentes y ellos, ¿cómo se hace para que el colegio no sea sólo un trámite para los chicos?
–Los niños aprenden de aquellos maestros a los que aman, para que haya aprendizajes significativos y relevantes hace falta que el conocimiento tenga una coherencia interna, que calce con lo que con lo que ya sabe el aprendiz, pero tiene que haber una disposición emocional para aprender porque sólo aprende el que quiere. Yo digo que el verbo aprender como el verbo amar no se puede conjugar en imperativo, entonces esa parte de despertar el deseo de saber, la ilusión por descubrir es una tarea importante de los docentes, para que el chico vaya a la institución con ánimo y con ilusión. Esto no sólo les hace aprender mejor sino que no se olvidan de lo que aprenden. Lo otro es un sufrir.

–Pero muchos chicos se preguntan para qué estudio geografía, para qué me sirve biología...
–Y sí, más si vemos cómo está evolucionado el trabajo hoy, porque antes los padres les podían decir a los chicos que si estudiaban algún día podrían tener mejor empleo o podrían vivir mejor. Y lo que están viendo los chicos es que muchas personas con carreras tienen dificultades para conseguir trabajo casi iguales a los que no tienen estudios. Esto requiere de otras estrategias no tan eficientistas sino enfocarse en disfrutar con el aprendizaje, disfrutar el proceso de explorar, de descubrir la realidad y explicar el mundo.

–Entonces, ¿cuál sería la finalidad del colegio?
–Sería darles herramientas para discernir, para descubrir el mundo para pasar de una mentalidad ingenua a una crítica. Y darles herramientas para la convivencia, para hacer una sociedad más solidaria, más rica y buscar lo más hermoso. Hay un libro que se llama Por qué tengo que ir a la escuela, del filósofo Hartmut von Hentig, en el que le escribe 26 cartas a su sobrino que hace esta pregunta. Y al final le explica que es probable que no todo le guste pero también le dice que él puede ser protagonista de una transformación de esa escuela, para hacerla más atractiva y más emocionante. La mayor señal de inteligencia es desarrollar la capacidad de ser felices y de ser buenas personas.

–¿Qué le preocupa del sistema educativo?
–Por lo que he visto y he pulsado opinión, es que hay que mejorar las condiciones del ejercicio profesional de la docencia. Me preocupa ese malestar entre los docentes de que no se sienten bien valorados o no están bien pagados. El dinero más bien no es infinito, pero los políticos lo pueden decir, sentarse con los docentes y explicarlo y decirles "con este dinero qué podemos hacer" .

–¿Y el clima de hostilidad en el aula y con los padres?
–Ese es otro problema, porque cuando la familia rema en dirección contraria a la barca no se puede trabajar y si los padres no entienden la tarea de la escuela... y a veces no la entienden porque los profesores no se abren para que la entiendan. En esto hay que trabajar también.

–¿Cómo debería ser un buen docente y un buen alumno?
–Bueno, yo siempre les pregunto a mis alumnos cómo los decepcionaría y les pido a ellos que lo digan porque estoy convencido de que muchos profesores han quemado las mejores ilusiones de sus alumnos, como también hay alumnos que han quemado las mejores ilusiones de los profesores. La escuela es una comunidad de aprendizaje, nadie es enemigo de nadie. El buen docente conoce al alumno porque simplemente no puede enseñarle sin conocerlo, sin quererlo y sin entender sus demandas, sus dificultades. Le importan sus alumnos, y estos quieren aprender, esforzarse y tienen confianza en su profesor para preguntarle, para aprender.

–¿De qué manera influye la buena energía?
–El docente que no es optimista no puede ser docente, porque el ser humano está diseñado para aprender y mejorar. Ahora, si el docente no se adapta, aburre y no le importan sus alumnos, no se puede aprender. Es por eso que hablo de las condiciones de trabajo de los docentes, si tengo 40 alumnos para la tarea es difícil hacerlo bien. Por eso yo le diría al Gobierno de Mendoza que sólo se concentre en tener aulas de 25 alumnos y se verán mejoras en educación muy importantes.

–Pero eso es un ideal, no es lo que sucede en los colegios hoy en día.
–Y se puede tender a ese ideal y por supuesto que hay muchos competidores potentes del maestro; las redes sociales son uno de ellos. Pero el docente tiene que dar clases en el sitio que tiene, con el grupo que tiene allí y con las características de ese grupo, acomodarse a esa situación. Tiene que trabajar con esa clase que no es ideal, pero si todo fuese ideal no harían falta los profesores. La idea es no abandonar la búsqueda y que las dificultades sean vistas como ventanas a una oportunidad de mejorar las cosas.

–¿Tener buenos índices educativos es sinónimo de calidad?
–Por supuesto que no, la escuela ha sido víctima de la rankingmanía, como la medición PISA, en la que se comparan cosas muy distintas.

Su perfil, su carrera
Ha sido profesor en todos los niveles del sistema educativo: maestro de primaria, profesor de bachillerato y profesor de la Universidad Complutense y de otras universidades españolas y extranjeras. Fue director de un centro educativo en Madrid, del Departamento de Didáctica y Organización Escolar y del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. Es miembro del Consejo Social de la ciudad de Málaga, consejero de la OCU, miembro de honor del Consejo de Protección de la Infancia y miembro de la Dirección General de Prevención de Drogadicción.


El trabajo continuará en las aulas mendocinas
Una de las primeras cosas que propuso el gobierno escolar al inicio del ciclo lectivo fue establecer un nuevo sistema de evaluación con los exámenes integradores, a la vez de la puesta en marcha de varias muestras censales para medir la calidad educativa en los diferentes niveles del sistema.

En este contexto es que prepararon varias jornadas, de las cuales ésta es una de las primeras pero no la última, para darles instrumentos a los docentes, directivos y supervisores de hacia dónde debe ir la evaluación. Un punto será evaluar capacidades de los chicos y no sólo si aprueban o no los contenidos seleccionados.

Emma Cunietti, subsecretaria de Gestión Educativa, indicó que la idea de traer a Miguel Ángel Santos Guerra es “que las instituciones trabajen con la evaluación como procesos de mejora, mirando cómo enseñan, y para el gobierno escolar también nos vamos a evaluar a nosotros mismos para buscar estas mejoras, porque no sólo se trata de lo que pasa en el aula, sino también en la forma de trabajar con los docentes como gobierno”.

En ese camino, resaltó también que este proceso de autoevaluación en la escuela, entre los docentes y luego con el trabajo con los alumnos, debe ser visto como una oportunidad de cambiar, para dar un servicio educativo con mayor trascendencia.
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas