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domingo 20 de noviembre de 2016

Dejó de lado los objetos de lujo para diseñar productos que brinden soluciones a la gente

Nicolás García Mayor es un diseñador industrial argentino que ha enfocado sus desarrollos en la ayuda humanitaria y la preservación del ambiente.

Nicolás García Mayor es un joven bahiense cuyas dos pasiones se unen en su trabajo: ayudar a la gente y el diseño industrial.

Así, este diseñador de tan sólo 37 años, ya es conocido en el mundo por una de sus creaciones más revolucionarias a la hora de darles soluciones habitacionales a la gente en situación de catástrofes –guerras, inundaciones, terremotos–. Se trata de un habitáculo, denominado CMax System, una especie de container, que se despliega, convirtiéndose en una "minicasa", equipada con los enseres necesarios para sobrevivir. Esto podría remplazar la precaria logística que tenemos –sobre todo en los países del Tercer Mundo– para enfrentar las contingencias y salir airosos de ellas.

Nicolás pasó por Mendoza para disertar en la UNCuyo, y Diario UNO lo entrevistó a fin de conocer detalles de su invento.

–¿Te interesaste en esta área del diseño con una mirada más bien social, desde un comienzo de tu carrera?
–En realidad, siempre me gustó esto. De hecho, el CMax System, tal es la marca del habitáculo, fue el diseño con el que rendí mi tesis universitaria, hace 16 años. Pero he trabajado en centros de diseño de automóviles, diseño muchos productos y sigo diseñando. Sin embargo, cuando ves que hay necesidades tan básicas insatisfechas se genera un contraste muy grande entre estar diseñando un auto de alta gama y lo que vive la gente a la que le falta un techo o la comida. Así es que he tratado de enfocarme mucho más a dar soluciones en estos ámbitos que a diseñar objetos de lujo.

–Digamos que has puesto tus conocimientos al servicio de las personas necesitadas.
–Considero que toda la ciencia, la tecnología y todos los avances deben estar direccionados a generar las bases de una sociedad para poder vivir en comunidad.

–¿Será porque vivimos en un país en donde convivimos con estas necesidades?
–Sí, el punto es que muchos las vemos y otros no las ven, las hacen parte del escenario. Lo importante es "empezar a ver", y a decidir qué podemos hacer. A mí me sigue doliendo por más que lo veamos tan seguido, gente que está viviendo en la calle, o gente que está juntando cartones, cada vez que veo a una persona revolviendo la basura realmente me duele el corazón. La forma en que me duela un poco menos es colaborar para que esa persona esté mejor. Claramente no se puede cambiar todo.

–¿Se puede aplicar este mismo diseño en lugares donde la gente vive en casas muy precarias?
–Para una vivienda definitiva no tiene las mejores condiciones, sí tiene mejores condiciones que lo que hoy se está otorgando en zonas de desastre, que es una carpa precaria o nada. La gente en estas situaciones no tiene dónde ir, o la meten en escuelas, o en sitios que no están preparados para vivir, porque se trasmiten enfermedades, violencia, violaciones.

–Desde ese punto de vista, es una solución más que conveniente.
–Sí lo es, antes de que se encuentren durmiendo sobre el piso frío o sin las condiciones básicas. Sin embargo, en cuanto a soluciones de vivienda, hay otras alternativas. Nosotros hemos estado trabajando con la ONG "Un techo para mi país". Lo que estamos elaborando son los nuevos prototipos de la vivienda social, que serían viviendas permanentes. Ellos mismos desarrollaron una fábrica social, y están trabajando más que nada con madera. Entre todos los voluntarios están desarrollando 6.000 viviendas por año.

–¿Creés que el gobierno debe involucrarse en producir este tipo de soluciones?
–Hay muchos puntos. Creo que el gobierno tiene que dar su aporte, pero yo también me paro desde otro lugar, no solamente decir "el gobierno tiene que hacer", sino el ciudadano y el empresario tienen que hacer. Si dependemos solamente del gobierno, así estamos. Yo como ciudadano común, que voy caminando por la calle, también me puedo comprometer. Si cada uno colabora, seguramente las cosas cambien más rápido.

–¿Creaste una organización social?
–Sí, se llama Fundación Ar, la dirección es www.fundacionar.org. Nosotros mantenemos centros comunitarios, donde brindamos alimentos, la hemos construido de la nada.

–¿Dónde funciona?
–En mi ciudad, Bahía Blanca. Estamos también en otras localidades de Buenos Aires, como La Plata, y en Misiones. Inicialmente, el proyecto surgió para que los chicos tuvieran un lugar para hacer las tareas de la escuela. Después nos dimos cuenta de que lo que teníamos que darles eran alimentos.

–¿Qué actividades realizan?
–Hacemos festivales y otros eventos para conseguir fondos. Ahora estamos terminando un hogar para abuelos. Esto no tiene nada que ver con lo estatal. Lo hemos hecho con nuestro propio dinero y con el de gente que ha querido colaborar con nosotros.

–¿Buscan cubrir las necesidades básicas?
–Es que una persona sin vivienda, salud, alimentos, vive en una situación inhumana, desesperante. Tenemos que trabajar todos para que esto se vaya mejorando y que no sea algo común ver una villa miseria. No puede ser que a la gente le moleste que un niño venga a pedir limosna, debería molestarle mucho más que ese chico no esté haciendo lo que tiene que hacer.

–Volviendo al habitáculo que creaste, ¿es económica la construcción?
–Será muy económico porque se va a fabricar en dimensiones industriales, allí los costos se van a bajar mucho. Sin embargo, la inversión inicial es muy grande. Millones de dólares, estamos trabajando en esto.

–Es un invento que ya ha trascendido las fronteras del país.
–Sí, de hecho lo he presentado en más de 40 países.

–¿Has ido a zonas de desastre?
–He estado en algunos lugares donde el panorama es muy complicado. Las escenas que se viven en Haití son tremendas, fuera de todo lo imaginado. Se ve cómo la inacción de los gobiernos genera que los efectos de la catástrofe sean aún peores que lo que provoca la naturaleza en sí. En Haití se rompió absolutamente todo. Nada quedó en pie. Las escuelas, los sectores de gobierno, los hospitales. La gente luchaba una contra la otra como si fueran caníbales. Era realmente descontrolada la situación. Las niñas ofrecían sexo a cambio de agua. Hemos llegado a un submundo que ni siquiera se puede imaginar en una película de ciencia ficción.

–¿Hablás de la responsabilidad del Estado?
–La responsabilidad del Estado consistía en no tener siquiera un plan de mitigación para ese tipo de crisis. Estos países son proclives a sufrir catástrofes naturales, como los huracanes, por ejemplo.

–¿Qué es lo que hacen desde tu fundación al respecto?
–Hemos tenido varias reuniones con las Naciones Unidas (ONU) a fin de generar estos planes de contingencia diagramados, que indiquen dónde contener a la gente en el momento en que suceden estos eventos.

–¿Pensás que Argentina sí tiene un plan de contingencia?
–No, tampoco Argentina lo tiene. Hay una inundación y nadie sabe qué hacer, cómo actuar y dónde ir a pedir ayuda. Sale la gente a hacer campaña: los colchones por allá, el agua por acá y la gente queda como desorientada. La gente sale a la calle a dar soluciones que ya deberían estar contempladas.

–Parece haber una gran cuota de anarquía y caos en lo que describís.
–Es así, se depende de organizaciones solidarias, como la de Juan Carr. Pero debería haber un sistema oficial que contemplara estas cosas.

–De hecho, Mendoza es una zona sísmica y nadie sabría para dónde correr si hubiera un terremoto.
–Esto tendría que existir, que la gente supiera cuáles son los puntos de encuentro, las vías para acceder a lugares estratégicos, es fundamental para la organización de una sociedad. El "no sé qué hacer" era algo que se podía decir hace tres siglos, pero no en la actualidad, donde hasta existen boyas en los mares que anticipan los terremotos. Hace 50 años mandamos a un hombre a la luna, si hoy no nos podemos anticipar a una situación de estas es gravísimo.

–La verdad es que se transforma en una situación sorprendente que no se sepa qué hacer cuando ocurren estas cosas.

–También debería resultar sorprendente que mi proyecto, que hice hace 16 años en la Universidad Nacional de La Plata, hoy sea una innovación. Te das cuenta qué mal que está todo. Sí, porque un proyecto generado por un estudiante de 20 años, después de 16 años sigue siendo novedoso, quiere decir que en ese período no se innovó.

–Cuando vos decís que se va a invertir una importante suma de dinero en esto, ¿a quiénes te referís?
–Bueno, desde que me invitaron a Estados Unidos, estuvimos viendo la manera de poner en marcha el proyecto, por la inversión inicial. Nos dimos cuenta de que la mejor manera era armando una compañía, eso fue lo que hicimos. Creamos una compañía de beneficios sociales en este país, son bastante nuevas, y su finalidad no es ganar dinero, sino hacerle un bien a la sociedad. La idea también es que sea una empresa sustentable y sostenible, que pueda fabricar otro tipo de viviendas. Nosotros nos hemos capacitado para conseguir inversores que nos acompañen.

–¿Serán inversiones privadas?
–Sí, totalmente, no hay fondos públicos involucrados. También es dinero que he aportado yo, he puesto todos mis ahorros en esto. Ahora estamos en la etapa de hacer testeos, con la NASA. Tratamos de generar el mejor producto que podamos con los materiales que tenemos actualmente disponibles.

–¿Se va a fabricar en Argentina?
–Intenté armar una fábrica acá el año pasado, fue en Tortuguitas. Pero aquí no hay catástrofes a gran escala como para que esto funcione. Sí con la fundación encaramos otro tipo de proyectos.

–¿La idea es que algún día se pueda fabricar en el país?
–Hay algunas empresas interesadas en construir los habitáculos, como las petroleras o las de grandes eventos. Decidimos poder abastecer a estas empresas, pero con la premisa de que cada diez productos que vendamos, uno lo vamos a donar para las personas en situación de catástrofe.

–¿Tuviste una invitación inesperada?
–Fue una cosa bastante fuerte para mí como cristiano. Estaba en España, y me llegó un mail invitándome a llevar el proyecto al Vaticano. El papa Francisco es el culpable de que haya enfocado toda mi energía en esto. Fue antes de que lo llevara a la ONU. Él me aconsejó que no bajara los brazos. Para que ponga esta creación al servicio de la gente. Y darme cuenta de qué era lo que tenía que hacer de aquí a los próximos años.

Perfil
Consultor de la ONU enfocado en la ayuda humanitaria

- Prioridades. Nicolás García Mayor es un diseñador industrial argentino que ha enfocado sus desarrollos en la ayuda humanitaria y la preservación del ambiente.

- Por todo el mundo. Trabajó y vivió en Europa desarrollando proyectos de diseño de productos y espacios de arquitectura. En la actualidad, sus diseños recorren y se exponen en distintas partes del mundo. Entre otros premios ha sido reconocido por la JCI TOYP como uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes del Mundo 2014 por

- Su contribución a la Niñez, la Paz Mundial y los Derechos Humanos. Ha sido invitado al Vaticano y recibido por el papa Francisco, quien lo felicitó por sus proyectos humanitarios. Es consultor de la ONU y conforma grupos de investigación con el Conicet en Argentina, Masdar Institute en Abu Dhabi, NiFEG (Nigeria Future Energy Group)y Salzburg Seminar en Austria, entre otros.


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