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domingo 27 de marzo de 2016

Dejar de ser víctimas para ser protagonistas de sus vidas es la clave

Así trabaja en Tupungato uno de los grupos que se dedican a ponerle coto a la violencia doméstica y de género. La interacción con instituciones es indispensable para avanzar

El sol de la siesta traspasa la puerta de vidrio y las alumbra sentadas en una suerte de círculo que les permite mirarse al hablar. El mate se comparte como la complicidad en los gestos. Algunas mueven la cabeza y asienten, otras abren de forma exagerada los ojos a modo de asombro y, a veces, no pueden evitar que se humedezcan.

Cada tanto, también sonríen. La conversación va y viene, mientras una pregunta lleva a otra. Cada tanto se escucha un "a mí también me pasó" o "mi experiencia fue distinta", en un clima en el cual pasa casi inadvertido que entre ellas está sentado un psicólogo.

Así funciona
Esa es la dinámica que se repite en Tupungato cada lunes, desde hace más de 12 años, como propuesta del Programa Provincial de Maltrato Infantil (PPMI), llevado adelante por los equipos de Salud Mental del Valle de Uco.

En el GAR (Grupo de Alto riesgo) se promueve la terapia grupal como tratamiento para las mujeres que han sufrido maltrato, violencia de cualquier tipo o que han atravesado una situación dilemática con algún vínculo afectivo.

Esta comuna fue la primera en adoptar este dispositivo y la región, en general, es pionera en esta modalidad terapéutica que ya está siendo replicada en otras partes de la provincia, con muy buenos resultados.

Protagonistas
"Acá las mujeres dejan de ser víctimas para ser protagonistas de su propia historia. Venimos desde hace mucho tiempo y hemos evolucionado también para pasar de ser un grupo que trabajaba la violencia a uno que trabaja la salud mental", aseguró el licenciado en Psicología Víctor Guzmán, coordinador de este espacio que ofrece el Hospital General Las Heras, en el cual trabaja un equipo interdisciplinario que también a veces cuenta con la colaboración de pasantes de la carrera de Psicología de la Universidad de Congreso.

Su función en estos encuentros es la de intervenir para que se produzca la diversidad. Es decir, que hayan opiniones divergentes porque -como él mismo lo definió- "si están todas de acuerdo, es porque no hay grupo".

El resto lo hacen ellas mismas a través de las posiciones contrapuestas en las que se encuentran, por la misma porosidad del grupo, a partir del cual logran transformar un dilema en problema, lo que es beneficioso porque este último tiene solución.

"Partimos de un respeto hacia las personas. Hacemos hincapié en que la gente tiene la capacidad de curarse desarrollando el pensamiento crítico. Buscamos reconocerles el saber y que puedan reconstruirlo con lo que aportan sus pares", detalló el profesional, agregando que este dispositivo se lleva a la par de las terapias individuales a las que potencia. "La grupalidad logra que la adherencia al tratamiento sea aun mejor", explicó Guzmán.

Casi 13 años en marcha
Como sucede desde que se creó el espacio, en 2003, que tengan un lugar y día definido hace que siempre hayan al menos 10 mujeres reunidas por semana –se hacen más de 500 consultas por año-, que pueden estar ahí ya sea por derivación del mismo hospital, del PPMI, del Área de la Mujer o por voluntad propia. "Para mí, ésta ya es como mi casa", contó Regina Pérez, una asidua participante. Ahora, también aplican este dispositivo desde las áreas de Salud Mental de Godoy Cruz, Guaymallén y Maipú.

Aunque se tratan temáticas diversas, es la violencia una de las principales razones que las llevan al tratamiento grupal.

"Esta se puede dar en cualquier momento, afecta a todos los seres humanos, pero de forma desigual. Lo que hacen ellas es desarrollar herramientas para actuar ante un episodio dilemático de ese tipo", aseveró Guzmán acerca de la experiencia.
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