De practicar en el Parque General San Martín a romper récords mundiales

Dos mendocinos que hacen slackline viajaron a China para representar a Sudamérica en un torneo internacional.

La historia de Thomas Bravo, uno de los referentes en Argentina del slackline, un deporte de equilibrio, comenzó así: un amigo que hoy nada tiene que ver con esto lo invitó hace unos cinco años a jugar con una cinta a una plaza.

Cuando fueron por primera vez vio que era una cinta que se ataba entre dos árboles y servía para pasar las horas haciendo equilibrio.

Sin embargo, lo que empezó como un plan de sábado a la tarde cuando no había nada mejor que hacer se transformó para Bravo, de 24 años, en el trampolín que le sirvió no sólo para encontrar un estilo de vida sino para conocer China, donde compitió en un torneo internacional hace unos días.

Bravo está haciendo su camino en un deporte que en nuestro país es muy incipiente. Y milita para que la gente se acerque a esta disciplina, que la define como "una búsqueda constante de equilibrio en movimiento".

Orientalismos
En abril, Bravo fue a un encuentro de highline (en altura) a Córdoba. Alguien lo vio, hizo correr la bola y por Facebook lo contactaron desde una empresa china que organiza shows deportivos para que del 13 al 24 de mayo se fuera con todo pago a ese país.

Fue hasta un lugar que queda a 700 kilómetros de Shanghai, la ciudad más poblada de China y uno de los puertos más grandes del mundo, junto con Federico Cantú, de 22 años, y mendocino también.

Con dos brasileños fueron en representación de Sudamérica para participar en el torneo de waterline, una de las modalidades del slackline que se practica sobre el agua. Salieron terceros. Hicieron podio detrás de Francia y Alemania y por encima de los Estados Unidos, uno de los países con mayor despliegue dentro de esta disciplina, que es un deporte pero que al mismo tiempo abreva de las prácticas urbanas, ya que cualquiera que dé una vuelta al lago del parque General San Martín podrá ver de qué estamos hablando.

"La competencia tenía postas. Eran cuatro islas unidas por cintas de 55, 100, 150 y 200 metros. En esa salimos terceros. Y después hubo intentos de récord mundial de 680 metros. La cinta se anclaba de un lado en un templo budista y del otro en un árbol", explicó Thomas, cuyo segundo apellido es igual a su único nombre: Thomas.

El lugar donde estuvo durante 12 días se llama Wanfuhuzhen y Wanfo Lake, donde se realizó la competencia, un lugar muy parecido a Bariloche.

Allá se manejó en inglés. Uno de los mejores recuerdos que se trajo es la imagen de los chinos, que son "muy amables, respetuosos y pacientes".

En definitiva es la historia del que empieza una actividad sin querer y termina adoptándola como religión.

Y con el condimento de que profesa una actividad nueva, que escribe su historia mientras se va narrando, mientras se hace.

"Es un deporte asociado a la respiración. Es una meditación. Hay que tener la cabeza calma. Eso hace que la cinta se mueva poco y puedas caminar" (Thomas Bravo).
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