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miércoles 31 de agosto de 2016

De la madre que perdió al bebé en un asalto: "Presentí enseguida que me habían matado a Benjamín"

Zulema Vargas (25) estaba en el séptimo mes de embarazo cuando 2 asaltantes la patearon y perdió el bebé.

"Lo único que pido es que se haga justicia por mi hijito porque ni siquiera le dieron el derecho de nacer. Por todo esto les guardo rencor a quienes le hicieron tanto daño. Y quiero Justicia porque necesito un poco de paz. Lo que ellos me quitaron no me lo devolverá nadie".

Así , con la voz entrecortada por el llanto, comenzó su relato a Diario UNO, Zulema Vargas (25) otra víctima de la inseguridad, pero en este caso con un agravante: los dos delincuentes (hay dos detenidos e imputados) que la asaltaron en su casa de calle La Mora de Chapanay, San Martín, donde estaba con su hermanito Juan (5), le pegaron patadas en todo el cuerpo, principalmente en la panza donde estaba gestando un bebé de 7 meses que murió por los golpes.

Una y otra vez Zulema repetía: "¿Qué puedo decirte si yo sentía cada uno de los latidos de mi hijo hasta que presentí que todo terminó? Yo tenía muchos planes para los dos. Decidí llamarlo Benjamín Alexander Vargas y lo hubiera llevado a la chacra para dejarlo en el surco mientras yo trabajaba para ayudar a mis padres y criarlo a él".

No para de llorar. Muy despacio, como pidiendo perdón por lo que siente, Zulema recordó que cuando llegó al hospital Perrupato, la ginecóloga, tras hacerle una ecografía, le confirmó lo que su corazón de madre ya sabía: su Benja ya no estaría nunca en sus brazos. "Por eso le pedí que por favor me dejara verlo. Ella, quien es una médica muy cariñosa me lo trajo y me lo colocó sobre el pecho. Lo apreté fuerte a mi corazón. No lo quería soltar porque sabía que nos estábamos diciendo adiós, pero no será para siempre porque Benja quedará vivo en mí como cuando lo tenía en mi panza. Todavía lo acaricio a pesar de que ya lo sepulté en Palmira".
Brutalidad sin límites
Zulema recordó que la tarde del miércoles pasado, cerca de las 15.15, estaba en su casa y sintió ladrar el perro. Salió para ver quién era y fue encañonada por un arma que tenía uno de los dos sujetos. Ella trató de escapar, pero uno le dijo a los gritos: "¡Danos la plata, danos la plata o mato a tu hermano!".

Frente a esto se detuvo y fue empujada al interior de la vivienda junto al chiquito. Allí la tiraron al piso.

"Uno de ellos, que no estaba armado, comenzó a pegarme por todos lados, pero principalmente en la panza. Yo le pedía que me llamaran una ambulancia y seguían pegándome. A mi hermanito lo golpearon en el estómago y le dijeron que se quedara quieto y se callara, porque lloraba mucho. Además, lo asustaron mucho porque uno dijo que iba a tomar un cuchillo y le cortaría los dedos. Les dije que se llevaran todo lo que quisieran, pero que pararan de patearme la panza, pero siguieron".

"Después empezaron a revolver toda la casa previo quitarme el celular del bolsillo. Se llevaron unas pocas monedas porque no teníamos plata. Yo gritaba pidiendo por mi hijo y a ellos no les importaba nada. Juan estaba asustadísimo y no paraba de llorar", agregó.
Terror imparable
Entre sollozos dijo: "A mi hermanito le pegaron una cachetada y se lo llevaron para afuera, recomendándome que me callara porque se desquitarían con él. Yo sentía dolores por todos lados. Incluso en este momento me duelen muchísimo las costillas. Y no dejaba de pensar qué podrían hacerle a Juan, a quien escuchaba llorar desesperadamente. De repente, lo volvieron a entrar, pero no lo dejaban acercarse a mí. Yo seguía suplicando para que llamaran una ambulancia porque desde un principio presentí lo peor. Pero no tuvieron ninguna piedad", recordó Zulema.

"Ellos sabían que yo estaba embarazada, no sólo porque se lo dije, sino porque tenía una panza grandota y se notaba de lejos que esperaba un hijo. Como ves, y perdoname que te lo repita, a ellos no les importó esto, sólo pensaban en la plata, la maldita plata que puede tener un chacarero que trabaja la tierra. ¿Qué se pensaron, que cultivando en los surcos se hace la plata?", finalizó.
Desamparo
La odisea que estaba viviendo llegó a su fin cuando los dos sujetos escaparon llevándose 8 litros de nafta y unas monedas. Y allí Zulema comenzó a pedir ayuda a los gritos por la ventana. Pero la casa más cercana está a unos 500 metros y nadie podía oírla. Recién una hora y media después un hombre la escuchó y la socorrió, pero ya era demasiado tarde para su bebé.

"Ya nada será igual, porque otro hijo –si llego a tenerlo– no podrá remplazar a Benja. Era el primero y el dueño de todas mis ilusiones" (Zulema Vargas).
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