Mendoza - Alfredo Cornejo Alfredo Cornejo
domingo 05 de junio de 2016

Curiosidades y misterios a 6 meses de la gestión

Es probable que el mendocino medio no tenga un conocimiento profundo de Cornejo, pero es evidente que "la ficha" sí la posee.

La sensación que se percibe en la calle, en los micros o en las conversaciones familiares acerca de la relación entre el gobernador de Mendoza y los ciudadanos es curiosa y, hasta, diríase que misteriosa.

En general, el mendocino no conoce en profundidad a Alfredo Cornejo, ese sancarlino-godoicruceño que ocupa el Sillón de San Martín desde hace 6 meses. Es que el personaje es huidizo y difícil.

Pero es evidente que la ficha general sí se la tienen sacada. Si no, no hubiera ganado de la manera holgada que lo hizo en las urnas el año pasado.

Así es como el mendocino promedio sospecha que el gobernador se está ocupando de lo que se le ha mandado. Y le tiene abierto el crédito.

Y que su gestión la hace desde acá, desde Mendoza, sin recibir órdenes irrespetuosas y amenazantes desde la Casa Rosada, como ocurría durante el kirchnerismo.

Néstor, pero sobre todo Cristina, destrataron a las provincias como si éstas fueran delegaciones a las que castigaban o premiaban según el grado de apichonamiento o de dignidad que presentaran.

Es un avance, sobre todo si tenemos en cuenta que Cornejo no es –ni será– un habilidoso de la comunicación al estilo de otros carismáticos que en Mendoza han sido.

La paja y el trigo
En la agenda política del gobierno mendocino hay, sin duda, puntos flojos, como el de la seguridad, un ámbito en el que los mendocinos siguen sin recobrar la tranquilidad.

Pero los sueldos estatales se pagan en tiempo y forma desde que Cornejo asumió.

Están cobrando los proveedores a los que Paco Pérez les debía una carrada de millones de pesos.

Se está intentando meter mano en los hospitales públicos donde la descentralización que rige desde hace años ha tenido una sucesión de fracasos.

Y da la sensación de que las finanzas están saliendo de la ciénaga paquista, para dar paso a una paulatina recuperación de la obra pública.

Francisco Pérez, quizás el gobernador menos preparado de los que hemos tenido desde el retorno de la democracia, nos vendió un supuesto Espíritu Grande que en realidad resultó ser una Mini Muñeca Política.

El que chista
Cornejo ha dejado traslucir que no va a dejar que la Administración Pública siga siendo un enorme aparato con vida propia, como un alien, ante el cual el gobernador que llega cada cuatro años deba rendirse sin chistar.

Según su visión, el Estado ha ido defeccionando ante los reclamos sectoriales y cediendo espacios de poder y de decisión.

Y aquí es donde entra en escena, entre otras, la dura pelea que tiene con los gremios estatales.

Cornejo cree que los sucesivos gobiernos democráticos le han conferido cada vez más poder a las partes en desmedro del todo, es decir, del bien general.

A los gremios estatales más combativos intenta frenarles la injerencia en asuntos que no son estrictamente sindicales sino que son de exclusividad de la política.

Por ejemplo, Cornejo advierte de que en el área educativa encontró que en las sucesivas negociaciones paritarias de los últimos años los gobiernos mendocinos habían rifado resortes que son propios del Ejecutivo en favor de ese gremio docente.

Todo, dicen en el Ejecutivo, para evitarse tener que pulsear con dirigentes ásperos, como es el caso de Raquel Blas, quien desde hace años no se priva de insultar o de romperles documentos en la cabeza de los funcionarios.

El cogobierno
El resultado de ese accionar, según el mandatario, es que había gremios que se habían convertido en una especie de cogobierno, algo que no está previsto en ninguna norma legal.

Y ahí es donde se suele poner como ejemplo la forma en que el SUTE ha logrado, mediante un insistente lobby en las paritarias, cooptar con gente afín dos entes importantes, como la Junta Calificadora de Méritos y la Junta de Disciplina, con lo cual desde hace varios años no hay, por ejemplo, ningún docente que sea sancionado.

En ese marco hay que ubicar la disputa por el creciente número de licencias por enfermedad de docentes, un asunto que los sucesivos gobernadores no querían enfrentar pese a que en privado calificaban la situación de abuso insostenible.

Ahí es donde Cornejo intenta sacar patente de valiente, como diciendo: "Tengo resto para copar la parada porque a mí me eligió la población para defender los bienes del Estado y no para dilapidarlos".

El gobernador ha dicho: "El SUTE defiende a un sector. Y está muy bien que lo hagan. Pero yo, en cambio, tengo la obligación de defender a todos los mendocinos. Si dilapido fondos para favorecer a un parcialidad dejo de ayudar a otras. Si no ajusto gastos innecesarios, después el pato lo van a pagar la salud pública o las comisarías".

Verdades en mitades
El argumento oficial es: "Si tengo que pagar dos o tres maestros para suplantar al docente titular con reiteradas licencias médicas, pues entonces voy a terminar afectando la compra de remedios en los hospitales o la adquisición de móviles para la policía".

Ese argumento es, para los gremios o los partidos de izquierda, una mentira reaccionaria.

No así para los contribuyentes que sostienen el aparato estatal con sus impuestos.

Cornejo ha dicho que sabe que esto le ha significado el mote de antitrabajador o de patrón de estancia. Pero, sostiene, eso es parte de una gran confusión conceptual que existe sobre el dispendio de los fondos públicos.

Uno y otro
El presidente Macri ha puesto todas las expectativas de recuperación del país en el segundo semestre.

Y además, está teniendo que reconocer que algunos de sus amigos empresarios devenidos funcionarios no están a la altura de lo esperado.

Basta ver los resultados de haber dejado en manos de gente sin perspectiva política el aumento brutal de las tarifas de gas.

Cornejo, en cambio, con sus altos y sus bajos, porque de ambas cosas hay en su gobierno, parece consolidarse junto con un equipo con más juego político.

De lo que debe cuidarse Cornejo, además de los facciosos que quieren llevar agua para sus molinos en desmedro del conjunto, es de su propia sombra.

Los políticos, cuando se saben medianamente virtuosos, tienden a creer que son talentosos de manera magnánima. Y ahí es donde las sombras suelen mostrar las mentiras de sus proporciones.
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