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sábado 21 de mayo de 2016

Crecen el consumo de té y el uso de accesorios para hacerlo

No sólo se lo bebe como infusión, sino que también se lo incluye en la coctelería, los helados y la comida.

Cada vez más mendocinos incorporan al té en sus vidas. Lo toman en diferentes momentos del día y no sólo en el desayuno o en la mediatarde, sino también –como se suele hacer con el mate o el café– para acompañar acontecimientos o aprovechar pausas en medio de una actividad.

Además su consumo se instaló en la gastronomía, la coctelería y la heladería como agregado de recetas.
Muchos lo eligen para remplazar gaseosas o jugos artificiales, más atentos en cuidar salud y apostando a la inmensa lista de beneficios que proporciona en el organismo.

Asimismo, hay quienes simplemente encontraron en el ritual de prepararlo la mejor forma de participar de una experiencia distinta, mística, ancestral y agradable.

Hebras del mundo

Quienes mejor saben de esta vivencia a nivel local son los miembros de la comunidad árabe de Mendoza, que tienen una larga tradición en este tema.

Osman Amores, del Centro Islámico, cuenta que entre los suyos toman té en hebras de distintas variedades, durante varios momentos del día. "Lo consumimos en unos pocillos de vidrio pequeños", señala.

"Se presenta en una bandeja muy linda y lo tomamos en familia alrededor de una mesa. Se sirve en pequeñas cantidades y varias veces. En cada familia, tenemos un encargado de prepararlo y se acompaña con algún postre típico. El té marroquí, que se hace con té verde y hojas de menta, es el más común; pero consumimos hebras de todo el mundo", explica.

Para Amores, el furor contemporáneo del té está asociado a la popularidad que tomaron las novelas turcas en nuestra cultura.

"Nosotros hicimos hace muy poco una feria de artesanías y vendimos muchos conjuntos de accesorios de té porque la gente quiere copiar esos rituales, sentirse parte de esa experiencia", opina y aclara que los árabes son muy conocedores y saben mucho sobre el té.

Más exigentes

La apertura de más casas de té han ido modificando los paladares. Actualmente, los amantes locales de esta bebida ya no se conforman con el surtido de sabores y aromas que las marcas ofrecen en las góndolas de los supermercados.

Así es como se vuelcan a los orígenes apostando a prepararlo en hebras, cuidando la temperatura y el tiempo para disfrutar de sus matices.

Varias casas atentas a esta tendencia comenzaron a sumarse y se dedican exclusivamente a ofrecer la milenaria bebida. Al mismo tiempo que adquieren popularidad, van quitándoles clientes a las cafeterías.
Tomaron ventaja respecto de estas últimas, primero por la novedad de la oferta y más tarde, por agregarle a la venta el valor de brindar una experiencia de consumo.

Vivir su preparación

En palabras de Silvina Fortuny, sommelier de té y precursora en Mendoza en ofrecer el servicio, la gente que elige visitar sus locales en Chacras o Godoy Cruz, lo hace no solo para tomar un té en hebras de calidad y único, sino también para vivir los pasos de su preparación y manipular los distintos accesorios que están involucrados en el proceso, antes de su degustación.

"De varios de mis viajes surgió la idea y la inquietud de llevar adelante esta empresa en un momento en que estaba buscando algo nuevo. Lo intenté y funcionó. En su momento, era un desafío porque se trataba de un nicho nuevo en el mercado. Empecé ofreciendo una gran variedad de té. Llegamos a tener 50 variedades entre hebras puras y blends", dice Fortuny.

La empresaria confiesa que es una apasionada del té y por eso, fue alumna de la Escuela Argentina de Té en Rosario, la única en Sudamérica de esta especie.

Asegura que fue un placer al principio ver a la gente reaccionar ante la novedad. "Llegaban con caras de sorpresa o de admiración. Primero tuve más llegada en las mujeres, pero ahora nos visitan por igual los hombres", detalla.

Otro aspecto que destaca es que el té no solo aparece como una tendencia gourmet, sino que asociado a una vida saludable.

"La gente empieza a tener un estilo de vida diferente donde se apuesta a mejorar la calidad de vida y una de las cosas que se trata de dejar es el café que se remplaza por el té que tiene muchísimas propiedades para la salud", afirma.

Este es uno de los motivos por los cuales los hogares paulatinamente se orientan al consumo de té en hebras.

"Vendemos el té en latas y ya hay muchas personas que lo consumen para prepararlo en su casa. También tienen mucha salida los accesorios. Tenemos té en hebras importado de China, India y Japón, de donde provienen los mejores té del mundo", describe Fortuny.

Genera relaciones

Si bien las tiendas exclusivas de artículos relacionados con el té todavía no adquieren un espacio físico propio en Mendoza, como ocurre en otras ciudades grandes, suelen ocupar un lugar dentro de otros locales o en las mismas casas de té. Pero no falta mucho para que la propuesta aparezca. Ya varios fanáticos ofrecen por intermedio de las redes sociales o vía mail té en hebras y productos asociados.
Gabriela León, por ejemplo, encontró una veta en la venta de accesorios y té orgánico nacional por Facebook o en ferias artesanales.

El té forma parte de su filosofía de vida. "Me atrae desde su historia y por las relaciones de comunicación que permite entre la gente. Mi idea es poder, en un tiempo, poner mi propio té shop", dice mientras estudia la carrera de sommelier de té.

"Tiene una conexión con la idea de calidad de vida "

Diego Marlachetti: Maestro de té y director de la Escuela Argentina de Té respondió las siguientes preguntas.

1 ¿Qué lugar ocupa el consumo de té en la Argentina en relación a otros infusiones?
Ocupa el tercer lugar; la yerba, el primero; el café, el segundo. El café está muy desarrollado en el canal de restaurantes, bares y ca-feterías, y la oferta de consumo fuera del hogar. El té tiene una dimensión de consumo muy amplia a nivel hogareño.

En nuestro país, el 90% de los hogares adquiere un paquete de yerba al mes; en tanto que en el 70% de las casas, se adquiere una caja de té. El desafío para el té es penetrar en el canal de consumo externo.

2 ¿A qué otros conceptos está ligado el té y en qué campos puede incursionar?

El té tiene una conexión con el fenómeno de la calidad de vida. En la actualidad tendemos a tener vidas más largas y las queremos aprovechar al máximo posible, de ahí que buscamos realizar mejores estilos, con dietas más funcionales, más variedad de ejercicio físico y control del estrés. Dentro de ese plan, el té aparece como una alternativa que científicamente avala este objetivo. Además, se ha expandido dentro del segmento de la gastronomía.

3 ¿Cuáles son sus tendencias hoy en la Argentina?

El té se ha comprado de manera masiva en los supermercados. La mayor parte del stock se comercializa de ese modo. Pero en las últimas dos décadas, por la apertura de mercados asiáticos y la evolución de los consumidores, surgieron negocios específicos que se encargan de comercializar un producto diferencial: tés "gourmetizados", exclusivos, o grandes cosechas o colecciones privadas.

4 ¿Cuál es el promedio de consumo de té en comparación con otros países del continente?

En comparación con Latinoamérica, Argentina ocupa el segundo puesto en cuanto a cantidad de consumo per cápita, detrás de Chile.

El país vecino cuenta con una comida llamada la "once", a las 18 aproximadamente y que consiste en que, al llegar del trabajo, se disfruta de una taza de té negro con pan tostado. Ello se traduce en que mínimamente, cada chileno consume un té por día. En nuestro país, el consumo es de un té cada tres días, pero va en ascenso.

5 ¿Cuáles son los mayores productores de té y qué lugar ocupa la Argentina en este esquema?
En el mundo, los mayores productores son China e India, con más de 1.200 millones de kilos cada uno. Argentina tiene una producción de cerca de 100 millones de kilos al año.

China e India tienen un alto consumo interno, con lo cual tienen un perfil consumidor; mientras que nosotros tenemos un bajo consumo interno y tenemos un perfil exportador.

Se estima que el 90% de lo producido se exporta hacia Estados Unidos, Europa y Chile, que no produce té.

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