Mendoza - Alfredo Cornejo Alfredo Cornejo
lunes 29 de agosto de 2016

Cornejo y las improntas de la historia mendocina

Mendoza es una de las pocas del país que no permite reelección en la gobernación.

La provincia de Mendoza está entre las pocas del país que no permite la reelección de su Gobernador. Eso es para muchos actores principales de la política mendocina motivo para levantar polvareda con el asunto cada tanto, cada cuatro años seguro.

En general, al principio de los mandatos de gobernadores de la provincia más importante de Cuyo y la única de la Región que no permite reelección, les aflora –a ellos y a sus acólitos- eso de sentir que se quieren quedar ocho años cuando todavía no usaron el traje de Gobernador ni ocho días... en realidad es como una ilusión óptica que se mezcla con el vino de la luna de miel de comienzo de gestión. Después se les pasa.

Los intentos por modificar la Constitución mendocina –los que avanzaron tres casilleros y los que no avanzaron ni uno- han terminado cajoneados. Además de la exigente cláusula que obliga a una consulta popular con resultado "mitad más uno", nunca ningún líder provincial que se lo propuso pudo construir el consenso necesario para llevar una modificación adelante.

Santiago Felipe Llaver, un radical del Este mendocino, supo cultivar una impronta de hombre firme en sus convicciones aunque las mismas lo llevaran a polemizar con el propio poder central enfrentando incluso al presidente Raúl Alfonsín en una disputa por los nihuiles. Fue quien marcó el camino de "cómo" debe ser un Gobernador mendocino que, en definitiva, solo estará en ese cargo algo más de 1.200 días: impronta pura.

Lo sucedió José Octavio Bordón quien siguió construyendo ese camino de individualidades fuertes al frente del poder... Ellos dos, quienes gobernaron Mendoza entre el '83 y el '91 podrían haber logrado la epopeya reformista, pero no.

El justicialismo pudo mantenerse en el poder ocho años más después de Bordón, pero ninguno de sus sucesores pudo defender la parada de la impronta, quizá por su genuflexión frente al poder central al que el Pilo también había desafiado enfrentando fuerte al presidente Carlos Menem.

Roberto Iglesias recuperó el terreno de la impronta con fama de administrador a cara de perro, o de mula. Julio Cobos terminó siendo kirchnerista y eso no gustó en el radicalismo que, como muchas otras veces, terminó comiéndose su propia cola. Celso Jaque estuvo pobretón, pero así y todo le pasó la banda a otro justicialista. Con giros genuflexos hacia el gobierno nacional, Francisco Peréz desperdició su chance y el poder se cruzó de vereda.

Nadie vuelve en Mendoza, es casi seguro que si llegaste a ser Gobernador sólo lo serás una vez... Alfredo Cornejo lo entendió rápido. Pegó tres piñas primero y a la cara, una al gremio de los docentes, uno de los mejores de Mendoza en términos de la dureza con la que se paran para defender a sus trabajadores pero también hay que decir que la actividad docente está plagada de trabajadores que aceptan mansa y rápidamente las condiciones de la política: no pierden tiempo discutiendo ítem aula, van resfriados a trabajar para no perderlo y ¡chau! Eso también lo sabía Cornejo.

El Gobernador tiene encuestas que aseguran que una buena parte de los mendocinos, está ávida de móviles policiales en las calles y de acciones relacionadas con la materia de la seguridad ciudadana, o de la tan meneada inseguridad.

También allí estuvieron prometedores y poco cumplidores los gobernadores anteriores. Los sueldos a estatales están al día y el propio Gobernador sale de gira por el interior cada tanto llevando alguna que otra obra esperada por años en distintos departamentos. Cornejo no es de los mejores hablando en público, pero eso –en esto de las improntas- a los mendocinos pareciera importarles bastante poco...

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