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domingo 10 de septiembre de 2017

Cornejo vs. Palermo: las claves de una pelea política

El gobernador y el juez de la Suprema Corte abonan ideologías enfrentadas: la mano dura y el garantismo.

Años atrás mantenían la saludable distancia de quienes saben que abonan ideologías opuestas –garantismo vs. mano dura–, pero que se respetan en lo profesional. Eso cambió cuando uno de ellos se convirtió en juez de la Suprema Corte de Justicia de la provincia y años después el otro asumió como gobernador. Ahí, aquellas diferencias ideológicas se materializaron y se convirtieron en decisiones políticas. Entonces el enfrentamiento entre Alfredo Cornejo y Omar Palermo quedó al desnudo.

Si hubiese un Manual de Política 1 debería figurar en él que todo político que se precie de tal tiene que tener un enemigo, un antagonista villanesco a quien atribuirle todas sus penurias. Eso –dicen desde el entorno de Palermo– es lo que el gobernador hizo al ubicar al juez de la Corte en ese lugar.

Su "garantismo", aseguran del otro lado, lo pone automáticamente en ese sitio. Y van por más: dicen que es "el jefe de la oposición".

Ya sea por sus diferencias de pensamiento, o tal vez porque nadie de la oposición actualmente está a la altura de las circunstancias como para enfrentar a Cornejo en una contienda intelectual, es que hoy se dé esta disputa entre ambos que se asemeja a la guerra fría: es esencialmente ideológica y política.

Si hay algo que los iguala es que ambos provienen de familias de clase media del interior de la provincia –Cornejo nació San Carlos y Palermo en San Martín– , forjaron sus armas y carreras en la universidad pública y eligieron perfeccionarse para ser aún más competitivos.

El día de los abrazos y los elogios
El 19 de diciembre del 2012 Omar Palermo asumió como juez de la Suprema Corte, tras ser propuesto por el ex gobernador Francisco Pérez.

Ese día en la primera fila estaba el entonces presidente de la UCR e intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo. "Ese día lo llamó, lo felicitó y hasta se encargó de decirle que había preguntado por él y le habían dicho que era honesto", recordó un ladero de Palermo que estuvo presente aquel día.

Pese a que lo propuso Pérez, nadie podría haber cuestionado en ese momento –y tampoco ahora– que Palermo era de los más calificados para ese cargo.

La primera estocada
Pasaron poco más de 3 años, Cornejo ni siquiera había entibiado el sillón de su oficina de gobernador cuando, a 13 días de haber asumido, horas antes de la Nochebuena de 2015 le llegó lo que su entorno calificó de "estocada al corazón de su política de seguridad": la Corte Suprema aceptaba un hábeas corpus colectivo presentado, entre otros, por la organización de Derechos Humanos Xumec que pedía limitar las prisiones preventivas.

En el fallo, escrito por Palermo, se disponía que los fiscales debían informar cada detención en el término de 24 horas a un juez de garantías y éste, en el mismo plazo, resolver si esa persona debía continuar detenida o ser liberada y daba un plazo no mayor de 10 días para definir las prisiones preventivas.

En el Gobierno leyeron que significaba liberar a más de 800 presos procesados. "Se pudo decidir durante el gobierno de Paco Pérez y extrañamente eso no sucedió y nos cayó a nosotros que recién asumíamos. Fue una medida política y materialmente imposible de aplicar", recordaron.

Tanta furia le generó el fallo a Cornejo que inmiscuyó a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Se frenó con un recurso extraordinario federal que interpuso el ex procurador Rodolfo González .

Con ese fallo, Palermo se ganó el mote con el que lo califican en Casa de Gobierno: es un "sacapresos".

"Puede que no haya sido el momento ideal para aceptar el hábeas corpus, pero era algo que urgía hacer. Y la prueba está en que no sólo lo confirmó la Corte Suprema de la Nación sino que hasta la OEA lo citó como un fallo ejemplar", admiten y contrarrestan los palermistas, que, nobleza obliga, aceptan también que el Gobierno supo capitalizar el fallo, se victimizó y le sacó un rédito político.

La Corte nacional confirmó el fallo en agosto pasado, rechazando el recurso de González, y la OEA lo citó la semana pasada en el informe sobre medidas dirigidas a reducir el uso de la prisión preventiva en las Américas.

La espina de Salgado
Todo hace suponer que la disputa entre Cornejo y Palermo se reaviva cada fin de año, curiosamente coincidente o cercano a la agenda electoral, y que el supremo –que mantiene un perfil bajo en los medios– habla a través de sus sentencias.

En el Gobierno no podrán olvidar aunque se lo propongan que en noviembre del 2016 fue la sala penal de la Suprema Corte quien le revocó la prisión preventiva al ex intendente de Santa Rosa Sergio Salgado, acusado de graves hechos de corrupción durante su gobierno. Rechazó la asociación ilícita y aseguró que no podría obstaculizara la investigación porque ya no era intendente.

Cornejo no disimuló su enojo: "A la Corte hay que interpretarla por sus sentencias. Y ésta realmente me sorprende porque lo libera a 20 días de las elecciones de Santa Rosa", remarcó.

"Dejarle que la renuncia se diera por la prisión preventiva era arrancarle la posibilidad al pueblo de Santa Rosa de echar a su intendente por corrupto. Lo que pasa es que pretenden que el Poder Judicial sea una escribanía de lo que pide el Ejecutivo", esgrimieron quienes defendieron el fallo en el que, otra vez, estuvo la mano de Palermo.

La idea de sumar al Poder Judicial
Hace 15 días, cuando Diario UNO entrevistó al gobernador, Cornejo marcó como un logro de su gestión involucrar al Poder Judicial en su política de seguridad, aunque admitió que ese proceso no fue fácil y se adjudicó el haber equilibrado el debate con el garantismo: "El punto es que cuidar las garantías del debido proceso no lleve a que los acusados de delitos tengan todas las garantías y las víctimas no tengan ninguna. Se desbalanceó el debate, pasó en Mendoza durante mucho tiempo y yo he tratado de enderezar eso. No puede haber nadie juzgado sin las garantías del debido proceso, pero tampoco puede haber un Estado que le da más garantías al victimario que a la víctima", remarcó.

Y por si hiciera falta aclaró: "Dentro del Poder Judicial hay fiscales muy buenos y los hay muy chantas, los hay politiqueros y otros muy comprometidos. Y otros que buscan excusas ideológicas para desprenderse del problema de la inseguridad y no hacerse cargo", dijo, y el tiro por elevación pareció dirigirse a la Suprema Corte.

En ese plan de sumar al Poder Judicial, el gobernador mandó a la Legislatura varias reformas al Código Procesal Penal, y reformó las prisiones preventivas, dando un protocolo de cómo deben actuar los fiscales y jueces al solicitarlas.

A lo que Cornejo define como "sumar" al Poder Judicial, en el edificio de enfrente a Casa de Gobierno, justo en el 4 piso de la Corte, allegados a Palermo lo interpretan como una arremetida y aseguran: "Lo obsesiona un disciplinamiento del Poder Judicial, lo que es una vieja estrategia radical: le salió bien a Iglesias, lo consiguió Cobos y él pretende hacer lo mismo".

En este supuesto disciplinamiento los judiciales recuerdan los casos de los fiscales Fabricio Sidoti (suspendido por 4 meses por el caso Ayelén Arroyo), Daniel Carniello (sobreviviente a dos Jury) y el de la jueza viajera Anabel Orozco, sin dudas el más discutible de los tres ejemplos.

En este último, la misma Corte decidió citar al Jury después de las elecciones "porque hay legisladores del Jury que son candidatos, ¿con qué independencia votarían?", se preguntaron con la hipótesis de que su sanción podría repercutir en las urnas.

La disputa y Justicia
Legítima Omar Palermo es uno de los fundadores y actualmente vocal titular de la Asociación Civil Justicia Legítima, ese grupo que, dicen los propios, nació como un sector que defendía la independencia judicial y que, retrucarán los que la defenestran, luego se kirchnerizó.

A ese colectivo, el gobernador le endilgó la semana pasada el "vergonzoso" fallo de la 8ª Cámara del Crimen que ordenó liberar a los detenidos por la causa de la Tupac Amaru. La fiscal a la que le bocharon la carátula de "asociación ilícita, Gabriela Chaves, aseguró que lo apelará y justamente irá a parar a manos de la sala penal de la Corte, integrada por Omar Palermo, José Valerio –el último en sumarse y propuesto por Cornejo– y Mario Adaro, ex ministro de Celso Jaque.

Cuando eso suceda, tal vez asistiremos a otro capítulo de esta ajetreada contienda, que promete una segunda temporada con la reforma del Consejo de la Magistratura que busca cambiar cómo se eligen los jueces (ver aparte).

La batalla es por el poder, y da la sensación de que tanto en Casa de Gobierno como en tribunales piensan que con tener uno no alcanza.


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