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jueves 25 de agosto de 2016

Con sólo 16 años capacita en concientización vial

Martina Triviño, junto con su padre y otros compañeros, ya les brindaron charlas a más de 2.000 adolescentes.

Pablo y Martina Triviño, padre e hija, desarrollaron el primer simulador de conducción virtual de Argentina, con el que buscan concientizar a los alumnos de la secundaria que están cerca de poder sacar por primera vez el carnet de conducir.

Lo más loable es que fue Martina la que tuvo la idea original en 2013, con sólo 13 años. Se le ocurrió hacer algo a raíz de las muertes viales que como un mantra se repiten día a día sobre todo entre jóvenes. A tres años de la creación, ella y sus compañeros de equipo concientizaron a más de 2.000 alumnos de secundaria.

El equipo de Simuladores de Conducción Virtuales, como llamaron al proyecto, participó en la exposición La Brújula y visitó cuatro colegios en los que dieron una charla entre pares, de adolescentes a adolescentes.

"Todo surgió porque me cansé de ver en la tele que chicos de mi edad se mataban en accidentes viales", dijo Martina, de 16 años.

Historia
En 2013, Martina empezó a insistirle a su padre en que juntos fabricaran un dispositivo capaz de simular un auto y que sirviera no sólo para practicar, sino para crear conciencia a partir de indicaciones e instrucciones.

Pablo, de 39 años, fue de aquellos jóvenes que tuvieron que irse a vivir a España en 2001, por la crisis. Allá consiguió un software en ruso, que trajo en 2003 –cuando volvió– sin saber que su hija lo necesitaría 10 años después para concretar una obsesión.

Se pusieron manos a la obra. Mientras Martina tejía relaciones con referentes en el tema (investigaba, hablaba con padres de víctimas), Pablo se encargaba de conseguir los materiales necesarios para crear el simulador.

Contactaron a un ingeniero en sistemas para traducir el software y calibrar el programa. El artefacto se controla desde dos computadoras: una que manipula el volante y los pedales y otra que hace lo mismo con el software.

Una vez que terminaron, Martina creó una página en internet a través de la cual personas de Tecnópolis se enteraron y la contactaron para que fueran a presentar el proyecto a Buenos Aires.

Pablo, que siempre estuvo al lado de su hija para apuntalarla en su iniciativa, no tenía dinero para costear el viaje y no pudieron ir. Pero un año después, en 2015, participaron en La Brújula, la feria de ciencia y tecnología que se realizó en el Espacio Cultural Julio Le Parc.

Allí concientizaron a más de 1.800 chicos que se subieron al simulador y que escucharon atentamente a Martina y sus colaboradores, como Agustín Martínez, de 21 años, que se encarga del aspecto técnico.

Desde aquella presentación,se inició un proceso de difusión y el proyecto comenzó a ser conocido por intendentes de distintos departamentos de Mendoza como San Carlos, Santa Rosa, Guaymallén, Las Heras, Godoy Cruz, Capital, San Martín y Tunuyán, que invitaron al equipo a participar en múltiples actividades.

El martes, su proyecto fue declarado de interés público en la Cámara de Senadores a partir de una idea del legislador Ernesto Mancinelli.

Hasta ahora, además, visitaron 4 colegios donde les enseñaron el concepto de responsabilidad vial.

Entre coetáneos
El sistema de posta o educación circular, como lo bautizó Martina, su creadora, se basa en dividir la charla en cuatro bloques.

Martina junto con otros adolescentes (Lucila Pizarro, Florencia Gaspari, Romina Monterrosa, Anabella Espinelli, Diego Altava) y los técnicos van con los simuladores a las escuelas y durante una hora les hablan de par a par a estudiantes de 4º y 5º año.

Primero, les hablan de las señales viales. Segundo, de los accidentes viales (les colocan videos impactantes para interpelar desde los más crudo). Tercero, abordan el alcoholismo y la drogadicción. Y cuarto, hacen que cada alumno se siente en el simulador.

"La tecnología les gusta y a veces piensan que es un videojuego, sin darse cuenta de que están concientizándose" (Martina Triviño, ideóloga de los simuladores de conducir).

-130 mil pesos cada uno es lo que hace dos años le costó a Pablo, padre de Martina, armar cada uno de los simuladores de conducción virtual con el que han participado en distintos eventos para concientizar a estudiantes de 4º y 5º de secundaria sobre la importancia de la responsabilidad la volante.
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