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sábado 30 de septiembre de 2017

Con 74 años, Antonio luce orgulloso su nuevo tractor

Tiene tres hijos: dos mujeres y un varón; y cinco nietos, entre ellos Gino, quien heredó de su abuelo el amor por la finca.

"La finca te da y te quita", dice. Antonio Di Silvestre tiene 74 años y se emociona. No puede repasar su vida sin lágrimas. Ha vivido muchas cosas, de las buenas y de las otras.

Recuerda haber nacido en Rodríguez Peña, por más que su tierra sea Nueva California (San Martín, al Este de Mendoza) desde 1952. "Ahora ahí tengo 12 hectáreas, por un lado; 10 en otro, otras 12 más allá...". Todas están cultivadas de variedades variopintas, desde uvas Malbec hasta Criolla.

Fue uno de 5 hermanos, es padre de dos mujeres y un varón, y tiene cinco nietos. Gino es uno de los cinco nietos. Tiene los ojos claros y no se despega de su abuelo. "Claro, heredó el amor por la finca. Y si no fijesé, ya se subió al tractor", dice Antonio. El John Deere de 77 caballos, muy verde, está ahí, impecable, resplandeciente. Su valor ronda los $700.000. Si no lo hubiera conseguido así, con un crédito a 7 años, los primeros dos de gracia y a tasa fija, no lo hubieran podido comprar.

Pero Antonio dice con orgullo que ya tienen dos tractores, gastados, pero los tienen; un camión y una camioneta y "también mis tres hijos tienen cada uno su vehículo".

El presente es muy distinto al pasado, cuando vendía empanadas para pagar alquiler en la ciudad para que una de sus hijas pudiera estudiar Enología en Don Bosco. Años después esa hija le regaló un viaje a España.

También recuerda aquella manga de piedra del '74 que destrozó los cultivos de Nueva California. "El año anterior habíamos cosechado 2.000 quintales y ese año apenas juntamos 520 tachos. Ese y los tres años siguientes, hasta que se recuperaron las plantas, fueron muy duros", afirma.

–Y... ¿por qué no se fue de la finca esa vez, por qué se quedó?

–Yo me había casado en el '71 (su esposa es María Dolores Pérez, tiene 74 años, llegó desde España a los 5 y Antonio dice: "Ella me tiene mucha paciencia") y ya teníamos la casa, y estábamos aquerenciados. La finca tiene eso, te da y te quita".

Javier Di Silvestre, el hijo varón de Antonio, se mete en la charla y auxilia a su padre cuando la emoción recurrente le quiebra la voz. "Es un tractor magnífico este. Tiene mucha fuerza, no se rompe y no necesita mantenimiento. Solo hay que trabajar y trabajar", acota.

Antonio dice que ya la familia está asentada. Que los malos tiempos pasaron. Que ha podido viajar a España varias veces "donde tenemos mucha familia. Que "si viene bien esta cosecha, nos iremos otra vez". Que suelen pasar bastante tiempo allá, casi dos meses, pero que nunca ha pensado en quedarse.
Antonio no solo trabajó para sí. También presidió la cooperativa vitivinícola California durante 12 años y durante 14 la que provee de agua potable a ese lugar del extremo norte sanmartiniano. "Fuimos los primeros. Logramos la perforación y el agua para todos", relata.

Ahora está grande, pero asegura que sigue trabajando "todo lo que puedo, a pesar que mi familia ya no quiere que trabaje más". Pero Antonio no sabe vivir de otra forma.
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