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lunes 31 de julio de 2017

Chopi, el "niño de cristal" que se superó con estudio y trabajo

Fue operado muchas veces, se sintió discriminado, aceptó su cuerpo pero lo más importante es que nunca bajó los brazos. Pudo salir adelante con coraje, esfuerzo y voluntad.

Rodolfo Tapia (33), más conocido como "Chopi", nació con una enfermedad genética que le impidió el crecimiento, le afectó los huesos pero no lo frustró para superarse y concretar su sueño de estudiar y trabajar.

Estudió en la escuela IRIS y el secundario lo finalizó a los 25 años en un CENS. En su niñez y adolescencia se sometió a muchas operaciones que le mejoraron la calidad de vida, una preocupación que mantuvo en vilo a su mamá Norma, que fue junto a sus hermanos fue su sostén de vida.

Para Chopi nada fue fácil, es que la discriminación, no aceptar su cuerpo y vestirse con ropa de niños fueron algunas de las frustraciones que con el tiempo logró entender y superar.

"Acepté que nací y me voy a morir así", dijo el joven de 33 años que trabaja como secretario del delegado de la Dirección General de Escuelas, Marcelo Cunqueiro.

Lo que nunca aceptó Rodolfo fue quedarse quieto. Además de completar sus estudios, hizo cursos de fotografía, computación y de bibliotecario para darle solidez a su formación.

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"Gracias a una familia amiga entré a trabajar como secretario en la escuela Nicolás Papernó, donde estuve 5 años hasta que Marcelo me llevó a trabajar como su secretario en la Dirección de Escuelas", recordó.

Lo cierto es que sus compañeros de trabajo lo consideran un "rotweiller" que controla cada una de las cosas que entrega y que asume su posición con mucho esmero y dedicación.

"El trabajo me ayudó muchísimo porque nunca quise quedarme encerrado, siempre traté de capacitarme para independizarme y tener mi propio dinero", dijo mientras esbozaba una sonrisa cómplice.

Es que a Chopi le encantan las salidas y compartir asados con amigos. "Lleva una vida social muy activa", agregó su mamá Norma. Además empezó a estudiar teatro, una pasión que descubrió luego de un fallido intento por jugar básquet.

"Fui a entrenar a la escuela Normal pero el frío me mata, así que abandoné y ahora estudio teatro. Estamos preparando una obra", expresó contento.

Para el joven, su condición de "petiso" le jugó muchas malas pasadas, algunas cargadas pero esto no le impidió seguir adelante. "Mi mamá fue mi gran sostén, sin ella no sé qué hubiera sido de mí", comentó al borde del llanto, y agregó que "tuve miedos, no lo puedo negar, pero la fuerza de voluntad pudo más".

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"Vivir solo es imposible aunque me gustaría formar pareja, tener hijos como cualquiera pero si me tengo que quedar solo no lo voy a lamentar", señaló con la mirada firme.

Su vida pasa por el trabajo, los amigos, la mamá, hermanos, dos sobrinos y la pasión por la fotografía y el teatro.

"Me costó todo mucho pero le digo a la gente que no pierda la fe y la paciencia, con esfuerzo se logra todo en la vida, no hay que bajar nunca los brazos y seguir para adelante". Esas sabias palabras las aprendió de su mamá, que desde chico se ocupó de él y nunca se rindió ante la adversidad.

Hincha de River, aunque todos sus hermanos son de Boca, Rodolfo es muy querido en el barrio. En una breve caminata por las calles, ya que se cansa rápidamente, los vecinos salen a saludarlo y abrazarlo. "Se hace querer fácilmente", dijo su mamá y agregó: "por suerte tiene una vida social activa y le encanta ir a bailar".

En su ánimo, el progreso continuo parece ser uno de los principales objetivos de su vida al igual que los controles médicos a los que se tiene que someter. "Por suerte estoy bien, caminar mucho no puedo porque me empiezan a doler las caderas. Al trabajo me lleva mi mamá porque es imposible subirme a un colectivo y ahora arreglé con una amiga del barrio y me pasa buscar con su auto", mencionó.

En cuanto a su futuro dijo que "me quiero comprar un auto pero todo está muy caro" y "no sé cómo va a ser el futuro pero la voy a seguir peleando, y ese es el mejor consejo que lo puedo dar a todos, hay que estudiar y trabajar para progresar".

Y finalmente se despidió, subió tres escalones, abrió la puerta de su casa y saludó. "Ya nos vamos a volver a ver nos dijo con una amplia sonrisa en la cara.

Fuente: Diario Uno San Rafael
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