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viernes 07 de octubre de 2016

Cambios en la Justicia: Gullé complicado con los cambios en las fiscalías

El procurador tiene más problemas de los que esperaba para pasar a las fiscalías especializadas por delitos.

El ambicioso proyecto del procurador de Mendoza Alejandro Gullé de abrir cuanto antes las fiscalías especializadas por delitos ya es un verdadero dolor de cabeza para el jefe de los fiscales y el Ministerio Público.

La empantanada y aún sin inaugurar fiscalía especializada en violencia de género, que fuera una de sus principales metas al asumir, es hoy una espina clavada en la gestión.

La impronta del procurador Gullé para dar un fuerte golpe de timón se estrelló con la cruda realidad.

Los tres femicidios posteriores al 21 de septiembre le licuaron la luna de miel que gozaba, con una alta exposición mediática.

Todo lo bueno, mucho o poco que se podía estar haciendo quedó opacado por la sangrienta coyuntura.
No es que los casos de violencia de género y abuso sexual no se investigaran, sino que lo viene haciendo cada unidad fiscal departamental.

La idea de Gullé es concentrar esos casos de violencia contra la mujer en una fiscalía especializada con cuatro fiscales capacitados en la temática.

De esta forma primaría un criterio común y un protocolo para tomar las decisiones inmediatas, que son las más difíciles y arriesgadas.

Pero fue justamente lo que faltó en la semana negra de los femicidios.

Uno de los tres casos, el de Ayelén Arroyo –el 14 de setiembre denunció en la fiscalía de Luján los intentos de abuso sexual de su padre, quien el 26 la degolló, exclusión de hogar y restricción de acercamiento mediante impuesta por la fiscalía–, fue un golpe letal para Gullé y todo el Ministerio Público

El Gobierno de Mendoza no dudó en reclamar la cabeza del fiscal actuante, Fabricio Sidoti, anunciando un pedido de jury en su contra.

La actuación de Sidoti dejó además al desnudo que la Procuración no alcanzó a bajar un criterio común para los casos calientes de violencia de género y abusos sexuales que se cuentan por cientos en las fiscalías.

Sidoti no detuvo ni alcanzó a imputar al progenitor de Ayelén, y declaró en los medios que lo que él hizo es lo que se hace en todas las fiscalías.

El Gobierno indignado no le pasó factura a Gullé, quien es su principal hombre en la Justicia local, pero sí le apuntó directo a Sidoti.

La Procuración, responsable de la conducción de los fiscales, quedó cargando sin remedio el homicidio de Ayelén, que según la opinión del Poder Ejecutivo se habría evitado si el fiscal hubiera ordenado la detención del padre de la víctima.

La repercusión pública apuntó los reflectores al Gobierno, a la Justicia, al procurador, a los fiscales y reinstaló con furia el debate sobre la violencia de género y el rol limitado del Poder Judicial, que ya reconoce que no puede proteger a las mujeres que denuncia.

Homicidios ya está sobrepasada
A pesar de todo lo que sucedió, la fiscalía especializada en violencia de género continúa estancada sin poder abrirse. Gullé apura por estas horas su pronta apertura.

Es que la mutación al nuevo sistema de fiscalías especializadas es muy engorrosa si no se cierran las unidades fiscales operativas.

Gullé habilitó dos fiscalías especializadas por delitos: la de Homicidios y la de Robos y Automotores.

Pero la primera, que debe esclarecer asesinatos del Gran Mendoza y el Este provincial, ya está sobrepasada.

El procurador no sólo le dio esa misión sino que también le ordenó investigar las muertes de todo tipo: es decir las intencionales (con dolo), las accidentales (culposas), los suicidios y las muertes sin asistencia médica.

Además Gullé le sumó los paraderos, esto es los casos de desaparición de personas y las lesiones dolosas.

Y tienen en sus manos las viejas causas sin cerrar de delitos complejos que se siguen investigando.

El combo completo debe ser tramitado, investigado y esclarecido por dos fiscales: Santiago Garay y
Claudia Ríos, quienes, dicen en los pasillos, ya están extenuados porque no dan abasto con tanta demanda.

En la misma fiscalía se comenta por un lado que unir bajo la misma oficina asesinatos y paraderos ha sido un acierto porque les ha permitido resolver más crímenes.

Pero en cuanto al resto, hasta los abogados penalistas consideran que es un exceso que debería ser derivado a otros fiscales.

El dilema para Gullé pasa por una reingeniería interna titánica que necesita tiempo. Abrir la fiscalía de género y delitos sexuales le implica ocupar a cuatro fiscales que dejarán sus tareas habituales. Esto recarga a los otros y complica la distribución de personal a cargo. Hay quejas incluso por la reasignación de los policías que las fiscalías tienen para investigar. En algunas dicen que los dejaron sin policías y ahora tienen poca cobertura.

El golpe de timón que quiere dar Gullé va a ser lento, limitado en recursos y castigado por la coyuntura.
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