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domingo 28 de agosto de 2016

"Busco hablar con el cliente y a partir de eso, prepararle un trago ideal para él"

La maipucina en su bar Gingger, que creó con una socia de nuestra provincia y con el que busca dejar su sello en la noche mendocina.

Bien podríamos entrevistarla porque es una de las mendocinas más lindas o porque es una de las que más seguidores tiene en la redes sociales, pero no. A Sabrina Rodríguez la entrevistamos porque con apenas 26 años se ha destacado como una de las barwoman más importantes de la región.

Nacida y criada en Maipú, esta morocha amante de los tatuajes formó parte de una de las primeras barras de coctails de autor que hubo en Mendoza.

La mendocina fue elegida por la firma Campari como una de las 25 bartenders del país que tuvo que crear una nueva versión del clásico Negroni y luego fue seleccionada como capitana de equipo para integrar el Movimiento Aperitivo Argentino.

Recientemente, se lanzó con una socia de la provincia en la aventura de tener su propio bar, Gingger.

El lugar está ubicado en plena calle Arístides Villanueva, de Ciudad, y el concepto es ofrecer tragos de autor y ser un espacio donde el público pueda entablar un vínculo con el barman y así obtener coctails elaborados a su medida.

Por estos días, está instalada en Buenos Aires por un mes para un proyecto súper secreto, pero que cuando se devele volverá a ponerla en boca de todos.

En diálogo con UNO, la joven ofreció la receta para lograr que el mendocino –público famoso por no ser muy osado en sus elecciones a la hora de salir, comer o probar experiencias nuevas – se aleje por un rato del vino y la cerveza para aventurarse a tragos personalizados y únicos.

Asimismo, adelantó los sabores etílicos que serán furor este verano y contó cuál es el trago que más se vende en su barra.

–¿Cómo iniciaste tu carrera en este rubro?
–Empecé en 2009, estudié gastronomía, mientras trabajaba en un restorán. Tuve la posibilidad de estudiar coctelería en Buenos Aires con Inés de Los Santos, que es una de las bartender más copadas que hay en Argentina. También tuve la chance de hacer pasantías en uno de los mejores bar de Buenos Aires. En 2013, abrió un restorán en la Arístides donde trabajé tres años. Fue el lugar donde pudimos marcar la diferencia.

–¿Se puede decir que hay coctelería en Mendoza?
–Está cambiando un montón. Eso es lo que buscamos hacer donde trabajo. La idea era que la gente interactuara directamente con nosotros en la barra y así pudiéramos sacarle la ficha al cliente al respecto de lo que quería tomar. Empezamos a crear otro tipo de coctelería, más que nada de autor, pero a partir de los clásicos. De esa manera, nacen las reversiones con un toque propio.

–Abriste tu propio bar, ¿cuál es el concepto que buscaste?
–Era el sueño tener un lugar propio. De hecho, mi proyecto de tesis fue ese. La idea surgió con mi socia, Johana, porque ambas queríamos jugarnos a tener algo en lo que pudiéramos dejar nuestro sello. El objetivo fue crear un bar donde se puedan beber tragos de autor. A lo que hacemos le llamo coctelería 2.0 porque es la clásica, pero a la vez reversionada. Siempre busco hablar con el cliente y a partir de eso, prepararle un trago ideal para él. Además, hacemos tragos con vino, que por estos días son furor. Al mismo tiempo, se puede ir a desayunar y tomar la merienda. Es importante el maridaje de las bebidas con tapas.

–¿Se anima el mendocino a probar algo nuevo?
–Sí. Hace dos meses que abrimos y verdaderamente estamos sorprendidas. Julio y agosto suelen ser meses difíciles, pero en nuestro caso hubo un gran interés por ver qué se podía tomar, evidentemente faltan más propuestas de este tipo. La gente se copa con la idea de poder hablar con el barman, porque se convierte en una experiencia personalizada y única.

–La tuya es una profesión dominada por los hombres, ¿te costó insertarte por ser mujer?
–No, al contrario, siento que en Mendoza se dio un vuelvo gracias a Johana y yo. Cuando yo estudié y durante los primeros años, todos mis colegas eran hombres, pero ahora veo que hay otras chicas que se están animando. Hay muchas que me siguen, creo. Sí, es verdad que tenés que aprender a controlar el tema del alcohol y la desinhibición de los clientes varones. Siento que además a las mujeres les copa que las atienda una mujer, además también mi estilo, la ropa que uso, ha hecho que llame la atención y contribuya a que más mujeres se interesen por esto. No hablamos solamente de un buen trago sino de una imagen que va acompañada de un buen servicio.

–El barman también tiene algo de psicólogo, muchos van a confesarse a la barra...
–Sí, totalmente. Siento que nuestros clientes además de serlo son nuestros amigos y se convierte en una energía que fluye y está bueno. Esa es la esencia de un buen bar.

–¿Cómo fue el trabajo que hiciste para Campari?
–Fueron dos proyectos. El primero se llamó "Los cuentos del conde", para el cual eligieron a 25 bartenders de todo el país que tuvo que ver con lo cinematográfico. La idea era generar nuevas recetas a base de Negroni, que es el último clásico de la coctelería. Es una bebida que tiene una historia importante y el conde Camilo Negroni fue el creador con su bartender de este trago. Vino a Mendoza la productora de Juan José Campanella a rodarla. La idea era mostrar nuevas versiones del trago e inventé uno que se llamó Negroni Andino, que fue el trago estrella de la provincia. A partir de eso, salió un libro con la receta de cada uno de los elegidos. Después eligieron a siete de los 25 para mostrar el personaje detrás del barman. Estuvimos rodando en una bodega de Maipú y en la montaña.

–También fuiste capitana de un equipo que armó la marca...
–Claro. Fue para el Movimiento Argentino de Aperitivo, que se realizó durante el verano. Para eso, trabajamos con clericó y se realizó un concurso para elegir a los mejores y armar un equipo. Yo era la capitana de Mendoza. Armamos una receta a base de clericó, Campari y vinculado al verano. Nosotros elegimos grabar un video de nuestro trago. Cuando abrí el bar, tuve la suerte de firmar con Campari, pero además el grupo Cepas Argentinas nos ayudó un montón, que nos permite tener marcas como Jack Daniels y Bombay Sapphire.

–¿Se ha facilitado tu trabajo con la apertura de las importaciones?
–Sí. Nos ha ayudado un montón el cambio de gobierno. Era bastante difícil conseguir ciertas bebidas de corte o licores. La opción era pedirlos afuera y rogar que llegaran o viajar a Chile a comprar. Me pasaba todo el tiempo que colegas de afuera me recomendaban ingredientes o bebidas o tendencias, pero en Mendoza no los podía conseguir. ¡Una locura! Ahora, en cambio, las barras están más cargadas, tenemos variedad, que es lo que necesitamos para poder trabajar y sorprender al público.

–Justamente por el problema de las importaciones, los barman volvieron a hacer tragos con bebidas como Cynar. ¿Qué otros tragos se vienen para el verano?
–El Gin Tonic, el Apperol Spritz, el Cynar Tonic y todos los aperitivos, como el vermú, son lo que va. El gin va a ser la estrella este verano. Esos sabores han llegado al público y han causado sensación. No son tragos dulces sino más bien amargos y eso ayuda a la hora de maridar con una tapa o un montadito al estilo español. La gente bebe esos tragos y se anima a picar algo también. Todo lo cítrico va muy bien con lo salado. Además, la idea es también usar estas bebidas y combinarlas con vinos mendocinos, porque salen muy bien. Nosotros, por ejemplo, tenemos un trago que se llama Bernabé, que es uno de los que más sale, que es un gin tonic a base de pepino, jengibre y macerado con gin y tiene tónica. Es un trago que llama la atención y es muy fresco, ideal para el calor.

Perfil
También empresaria Sabrina Rodríguez
Con sello de autor. Vive en Maipú y es licenciada en Gastronomía de la Universidad del Aconcagua. Se destacó como parte de la barra que abrió un restorán en la Arístides, el cual se convirtió en uno de los primeros en Mendoza en ofrecer coctails de autor. La joven fue elegida por Campari como una de las 25 bartenders del país que creó una nueva versión del Negroni clásico y así nació el Negroni Andino. Recientemente, abrió su propio bar, donde el cliente puede dialogar con el barman y obtener un trago a su medida.
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