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domingo 19 de junio de 2016

Aumentó la cantidad de embarazadas que entregaron su bebé en adopción

En sólo dos meses, 10 gestantes llegaron al Registro Único de Adopción para manifestar esta decisión. A los 45 días del nacimiento, podrán firmar el consentimiento legal ante un juez

"En los últimos dos meses, 10 embarazadas que estaban en conflicto con su maternidad se acercaron a este registro para dar en adopción a esos bebés. Esto es un avance que generó el nuevo Código Civil, que de a poco va logrando que la adopción no sea vista como un tema tabú", analiza, priorizando los derechos de esos niños, la nueva coordinadora del Registro Único de Adopción (RUA), Verónica Gutiérrez Goyochea.

La abogada asumió ese cargo en marzo pasado, pero en estos tres meses ya detectó el notorio incremento en la decisión de varias gestantes que desde el embarazo se decidieron a renunciar a su maternidad y confirmaron esa decisión a los 45 días de nacido el bebé, como lo establece el nuevo Código. Esto acelera ampliamente el proceso de adopción, ya que antes esas gestantes tenían 6 meses para tomar una decisión.

Desde hace casi un año de vigencia del Código, no sólo se acortaron los tiempos del juez para establecer el estado de adoptabilidad de un niño, sino que también se abre esta posibilidad de que desde el momento de la gestación comience el trámite que terminará en adopción. Todo esto tal vez explique el impacto en el RUA, que pasó de tener 12 niños en condiciones de ser adoptados en el 2014 (de los cuales la minoría eran bebés) a 53 en la actualidad (a los que se deberían sumar los 10 bebés que ya fueron vinculados con sus posibles padres adoptivos).

El cambio se concentra en el artículo 607 inciso B (ver aparte), en el que el nuevo Código fija que toda embarazada que quiera dar en adopción al bebé que gesta debe dejarlo por escrito ante un juez después de los 45 días de haber parido.

"Se exige que sea después de los 45 días por el puerperio, para asegurarse de que la decisión de dar en adopción no se vea influenciada por un cambio hormonal o emocional. En esos días el recién nacido puede estar con los que pretenden adoptarlo, con una familia cuidadora o como última opción, en la Casa Cuna. Afortunadamente, en Mendoza vamos camino a un consenso entre los jueces para que pase ese período con los que quieren adoptarlos, que es la mejor opción", analiza Eleonora Lamm, subdirectora de Derechos Humanos de la Corte de la Provincia, quien también trabajó en la redacción del nuevo Código.

Un acompañamiento que ayuda
La decisión de una embarazada de renunciar a ser madre del bebé que gesta puede tener raíz en un sinnúmero de causas: desde carecer del deseo de maternidad hasta que ese bebé sea fruto de un abuso sexual. Como fuere, desde que ella informa sobre su decisión, en el Estado provincial se activa un acompañamiento que comienza con profesionales del RUA.

"Nuestro trabajo es darle, a través de un psicólogo y una asistente social las herramientas para que su consentimiento, si se confirma, sea plenamente informado. Esto es que sepa que si decidió dar a su hijo por vulnerabilidad económica, el Estado tiene la obligación de ayudarla para que no lo dé. También trabajamos en conjunto con el Órgano Administrativo Local (OAL) para agotar la posibilidad de que el niño crezca en su red familiar. Todo apunta a que su decisión sea libre y válida, y el juez la entienda así", puntualizó Gutiérrez Goyochea tras haber analizado varios casos de gestantes en el RUA.

A este equipo de profesionales, desde la Dirección de Derechos Humanos de la Corte, pretenden sumar un profesional de la Dirección de Género y Diversidad del Gobierno, para que sea él quien asesore a esa gestante sobre su derecho a elegir si quiere ser madre.

El riesgo de que se arrepienta
Ante a una gestante decidida a dar en adopción al bebé, cuando ese niño nace, la ley habilita –aunque parezca despiadado mirado desde la óptica de los posibles padres adoptivos–, que el recién nacido pase esos 45 días con ellos, aunque también podría hacerlo con una familia temporaria o en la Casa Cuna. Si en ese período la gestante se arrepiente, luego de varios trámites legales, puede que el pequeño regrese con ella.

"Esto ha sido un importante debate en el ámbito legal, pero como la mirada está puesta en qué es lo mejor para el recién nacido, la posibilidad de que la gestante se arrepienta es un riesgo que deben asumir los posibles padres adoptivos. En esto es en lo que debemos trabajar, en las expectativas de los adoptantes", analizó Marianela Ripa, secretaria de la Subdirección de Niñez, Adolescencia y Familia de la Dirección de Derechos Humanos de la Corte.

Si bien en la mayoría de los casos, la decisión de la gestante se mantiene y en general, el bebé se queda con quienes pretenden adoptarlo, se dio el caso en el que una pareja de jóvenes que llegó de otra provincia diciendo que darían al recién nacido en adopción y finalmente, no se dio así. Tras el nacimiento, cuando desde el Estado mendocino contactaron a sus familias, ambas con domicilio en Córdoba, ellas adujeron que desconocían el embarazo y se hicieron cargo del bebé.

Esperanza versus realidad
Si bien las expectativas de adopción varían en cada caso, de las 606 parejas o familias que hoy están inscriptas en el RUA, es una constante histórica que la mayoría de ellos pretende adoptar a un bebé o un niño pequeño, algo que explica las eternas esperas de esos futuros padres.

"El 90% de los adoptantes quieren chicos con edades que vayan desde el recién nacido a los 5 años y la edad de los chicos que están en condiciones de ser adoptados es inversamente proporcional a eso, la mayoría tienen más de 5 años", aseguró Marianela Ripa, desde la experiencia que le da haber trabajado años con la DINAF y el RUA.

Además de las expectativas de edad de los chicos, también existe una distancia entre la apertura de algunos padres adoptantes para con la posible discapacidad de un niño y la realidad que viven los chicos en condiciones de ser adoptados. "Siguiendo la convención de las personas con discapacidad, nosotros debemos informarles a los pretensos padres las discapacidades concretas que tienen los chicos para que ellos evalúen su disponibilidad. La idea es que la discapacidad no sea una barrera. En esto tenemos que avanzar porque más de la mitad de los chicos tiene alguna discapacidad y muy pocos padres están dispuestos a adoptarlos ", confió la titular del RUA.

Ser padres adoptivos también supone sobreponerse al dolor para reinventarse
Si toda historia de adopción envuelve una muestra de entrega incondicional de esos padres en pos de la felicidad de un niño, la de Marianela Bustos Noguerol (36) y Fernando Iglesias (41) es sin dudas un ícono de eso.

Ellos se inscribieron como padres adoptivos en el Registro Único de Adopción (RUA) en 2008. Por eso en octubre del 2015, cuando los llamaron para decirles que podrían ser padres de una beba recién nacida, cuya madre había manifestado que quería darla en adopción, ni dudaron en correr el riesgo de que esa mujer se arrepintiera, porque aún no se cumplía el plazo límite de los 45 días para que ella confirmara su decisión.

"Yo me tuve que internar con Catalina porque había pasado 5 días solita en el hospital y el doctor lo recomendó para que generáramos el vínculo", recuerda Marianela, antes de mostrar la foto de la pequeña, que adorna un mueble.

Después del alta hospitalaria, la pequeña vivió con sus padres adoptivos hasta que a sus 42 días de vida, su madre biológica se presentó en el RUA diciendo que se había arrepentido y quería recuperar a su hija. La mujer pasó todos los test psicológicos, mientras ellos se debatían en si apelar la decisión judicial, ya que ambos son abogados.

Sin embargo, entendieron que dilatar esa decisión iba a prolongar la agonía y sobre todo, le haría mal a la pequeña.

"Cuando la llevamos, yo quise conocer a la madre biológica y ella quiso conocernos, porque nos quería agradecer que la hubiésemos cuidado todo ese tiempo. Yo me quedé tranquila porque como mujer me di cuenta de que ella quería a la beba y quise mantener el contacto", dice con la voz entrecortada Marianela.

Sin esconder el dolor que le generó haberse despegado de esa beba, Fernando destaca que en aquel momento fallaron los controles previos que debió hacer el RUA. "Yo sé que no tienen todos los medios para hacer un seguimiento ideal, pero en esos casi 40 días nadie le aportó un psicólogo o un asistente para darle la contención necesaria y detectar así que ella no estaba decidida. En esto el sistema falló y a nosotros nos tocó poner el cuerpo por ese error", remarca.

Después de esa dolorosa experiencia, decidieron hacer terapia y varios meses más tarde, Fernando pudo vencer el dolor de volver a ver a Catalina. Apenas unas horas más tarde, en febrero pasado, sonó el teléfono y del otro lado una jueza les informaba que habían sido seleccionados para ser los papás de Augusto, un bebé de casi 2 meses que estaba en la Casa Cuna, cuya madre biológica ya había confirmado su decisión de darlo en adopción.

Desde ese momento, se convirtieron en los papás de un enorme bebé que no deja de sonreír, incluso, ante esta desconocida periodista.

Hoy cuando su hijo está a punto de cumplir los 6 meses, ellos se preparan para convertirse en los padrinos de Catalina –a pedido de sus padres biológicos– y una vez más, reúnen los requisitos que conocen de memoria para volver a inscribirse como padres adoptivos en el RUA. "Augusto va a necesitar un hermano y queremos dárselo", concluye Fernando.
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