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sábado 09 de julio de 2016

Apasionados de la fotografía se movilizan por el ambiente

En Mendoza existen varias personas y grupos dedicados a tomar imágenes de animales y paisajes. Con su práctica ayudan a conocer de cerca especies autóctonas y aportan a la investigación científica.

El mundo fotográfico es amplio y brinda muchas posibilidades. Una de sus variantes se encarga de tomar imágenes de paisajes y animales. La fotografía de naturaleza no tiene demasiada prensa, pero es una herramienta de suma importancia para generar conciencia en la conservación del ambiente.

En Mendoza existen varias personas y grupos de aficionados que comparten esta pasión. Con su práctica ayudan a conocer de cerca especies autóctonas y aportan a la investigación científica. Muchos de estos fotógrafos tienen una profesión relacionada al ambiente y los que no, curiosidad desde chicos por el comportamiento de los animales.

Los protagonistas

El fotógrafo de naturaleza pasa frío, se raspa las rodillas y los codos arrastrándose para conseguir la mejor imagen. Se pincha, se aguanta la nieve, la lluvia, el calor. "Ese es el verdadero fotógrafo de naturaleza. En donde las inclemencias del tiempo no le importan, sino lograr la mejor foto", cuenta Ricardo Calí, miembro de Aves de Argentina.

"Lo mío es pura pasión. Hace más de 30 años que hago esto. Estudié fotografía en Buenos Aires. Empecé como todos, haciendo casamientos, sociales, bautismos. No encontraba mi lugar. Participé en concursos, hasta que descubrí el mundo de las aves y nunca más pude abandonarlo. A través de ellas llegué al resto de la naturaleza", describe.

Según cuenta este hombre en la naturaleza está todo ligado y a medida que un fotógrafo avanza y va conociendo más de cerca sus diferentes aspectos, quiere aprender más. "En mi caso quiero saber hasta cuál es la hierba que estoy pisando cuando voy a la montaña. Todo eso te lleva a transformarte en un naturalista. No tengo formación pero soy un autodidacta. Hay que amar la naturaleza", recalca.

Una relación íntima
Valentín González Feltrup confiesa su interés por la conservación del ambiente desde un doble aspecto: como abogado ambientalista y como fotógrafo. "Entiendo que ambas facetas son dos formas de ver y entender la naturaleza y se complementan mutuamente. La fotografía y el derecho ambiental son las dos cosas que me apasionan", dice.

"Creo que es importante la sensibilidad que tiene el fotógrafo. Uno busca captar un momento, una mirada, un vínculo con el animal. Creo que esos momentos son las más lindos y emocionantes. Aquellos en donde se genera entre el fotógrafo y el animal retratado una cierta intimidad que termina plasmada en la fotografía y que luego se transmite al espectador", explica.

El joven fotógrafo también describe que hay muchos casos en los que después de sacar la foto buscada se queda mirando y contemplando la conducta del animal. "Recuerdo una ocasión en la que un cóndor me sobrevoló un buen rato a escasos metros, hasta que finalmente bajé la cámara y me quedé mirándolo. Esos son los mejores momentos que te brinda la fotografía de naturaleza. Cuando el fotógrafo se vuelve uno más con el paisaje", relata.

Feltrup tiene una concepción muy particular de esta práctica. Explica que lo que los fotógrafos de naturaleza hacen con la máquina es análogo a lo que realizaban aquellos primeros hombres en los orígenes de la humanidad y encuentra en el arte rupestre una buena expresión de su pensamiento.

"Nuestros antepasados dejaban plasmado en una cueva, en la roca, figuras de animales como una muestra de admiración y respeto hacia esos seres vivientes. Creo que lo que hacemos con una cámara es similar a lo que hacían aquellos primeros humanos y sentimos el mismo respeto y pasión por la naturaleza que ellos", opina.

Sus fotos han sido publicadas en la revista de la Fundación Vida Silvestre, además de otros ejemplares de observación de aves en Chile y el Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca, en Río Negro.

Para trabajo de campo

Paula Taraborelli nació en Tres Arroyos, al sur de Buenos Aires. Estudió en Mar del Plata Biología, pero se vino a vivir a Mendoza traída por una beca del Conicet. Desde el 2011 comenzó a tomar cursos de fotografía para complementar el trabajo de campo que hacía en sus investigaciones. "La verdad es que después de viajar a Perú y conocer la esquila de vicuñas nació en mí el deseo por saber de fotografía. De ese modo empecé a formarme. Me dedico a investigar el comportamiento de ciertos animales y mientras los observo aprovecho para tomarles fotos", cuenta la bióloga.

Sus imágenes han sido publicadas en libros de textos nacionales y de España. Hace una semana le dieron desde una editorial el visto bueno para publicar un libro de cuentos infantiles basados en especies de animales de Mendoza, después de un estudio que realizó sobre el desierto. Estará acompañado por las imágenes que tomó en cada una de sus salidas.

Desde pequeño

Otro de los tantos mendocinos amantes de esta actividad es Pablo Moreno. Trabaja en el comercio pero confiesa que desde chico le gustaron las aves y que con la fotografía encontró un medio para desarrollar esta pasión . "Es algo que uno trae desde chiquito. Empecé atraído por los pájaros y cuando fui madurando quería poder atraparlos en imágenes", expresa el aficionado.

"Tengo un grupo de gente amiga con la que salimos a observar aves y retratarlas. Recorremos distintos puntos de la topografía de Mendoza y vamos acumulando un gran caudal de archivos que se ha ido publicando en varias revistas de investigación. En una oportunidad pudimos descubrir una especie de la que no se tenía conocimiento en la zona", cuenta emocionado.

Moreno describe que los grupos son muy heterogéneos y que este amor por la naturaleza es lo que los une. Su labor ayuda a tomar mayor conciencia sobre la conservación de la fauna local.

Hay también quienes hacen de esta práctica una aventura para sus vidas. Victoria Gaitán dice que le apasiona viajar y retratar de cada lugar nuevo que conoce la cultura de la gente pero también la naturaleza y las especies desconocidas y exóticas del mundo. "He llegado a experimentar una especie de éxtasis visual en determinados sitios", dice.

Cada fotógrafo tiene su técnica, su estilo, pero finalmente todos coinciden en que la paciencia y el respeto por la naturaleza y los animales es la ética que los une en la misma pasión.


Opinión: Captar, disfrutar y observar sin intervenir*

El gusto de muchos fotógrafos por la fotografía de naturaleza no es algo nuevo pero no deja de ser una actividad atrapante. Más aún, con la masividad de herramientas como aplicaciones de filtros de retoque digital accesibles a través del uso de teléfonos móviles para tomar fotos, lo que ha acercado a cada vez más aficionados a este tipo de tomas.

Detenernos en el comportamiento de los animales o contemplar la inmensidad de un paisaje puede llevarnos pocos minutos o un tiempo más largo y –en ese intento– se pueden realizar cientos de tomas o ninguna. Pero lo atractivo, muchas veces, pasa más por la observación que por la foto en sí.

En este sentido, Mendoza se destaca con sus paisajes de montaña y viñedos, que ofrecen a la lente un abanico de inmejorables posibilidades. Lo fundamental en este tipo de prácticas es captar, disfrutar y observar sin intervenir ni dañar el ambiente que se busca mostrar.

*Director de Fotografía de UNO. Walter Moreno

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