Mendoza - Alfredo Cornejo Alfredo Cornejo
domingo 08 de enero de 2017

A fortalecer el símbolo del Ejército Libertador

Tierra sanmartiniana. Mendoza tiene, ante el bicentenario de la partida de las huestes del Gran Capitán, una oportunidad histórica.

Quiso el destino que al actual gobernador le tocara en suerte celebrar el más mendocino de todos los bicentenarios que se vienen cumpliendo, en este tiempo, por el país.

Alfredo Cornejo, efectivamente, tendrá la enorme satisfacción de poner en marcha el Ejército Libertador compuesto, simbólicamente, por 70 efectivos del Ejército Argentino y otros tantos de su par chileno.

La ceremonia se cumplirá, con la presencia del presidente Mauricio Macri, el 24 de este mes, pues si bien el general San Martín dispuso que las columnas fueran arrancando en días sucesivos, en esa fecha le tocó a la correspondiente al hoy denominado Campo Histórico El Plumerillo.

El pueblo de Las Heras, se estima, despedirá, hoy como ayer, a los efectivos con una lluvia de flores.

Para Mendoza no puede ser una conmemoración más. Un acto protocolar de rutina.

Representa la gran oportunidad de poner en valor, definitivamente, la gesta sanmartiniana. De convertirla en la moneda más fuerte de la historia provincial. En su principal seña de identidad. Por encima, incluso, del sol y del buen vino.

Aprovechando, de paso, que el Gran Capitán eran un excelente catador.

Un santo bebedor, además de Santo de la Espada.

El departamento de Las Heras ha comprendido, cabalmente, el enorme peso alegórico del momento.
También su par de San Martín.

Y Mendoza está en eso.

Debería ser un camino que se engrandezca, paulatinamente, de aquí en más. Sin un solo retroceso.
Ni desatenciones. De las que hemos hecho gala, lamentablemente, en el pasado.

Gestas más humildes
Cornejo podrá fantasear a sus anchas, por un momento, imaginando cómo sería cruzar el coloso andino para liberar a los pueblos del continente.

Pasado el fugaz ensueño, le tocará volver a la pedestre realidad provincial, hecha más de privaciones y ajustes de caja que de gestas heroicas.

Tiene una alta escuela donde inspirarse. Al general San Martín, como gobernador de Cuyo, tampoco le sobraba un centavo. El problema es que hoy no hay una dama mendocina a quien requisarle las joyas, según cuenta la leyenda.

¿Cuál es el camino, entonces? Volverse estricto en el manejo de los recursos públicos. Y mostrar autoridad para que las decisiones se cumplan.

Es un magnífico aliciente que Mendoza tenga un presupuesto temprano, que esté pagando con puntualidad los sueldos y que esté saldando la deuda con los proveedores; y, sobre todo, algo inaudito respecto de gobiernos anteriores: las paritarias en curso, cuando años atrás enero se consideraba, administrativa y políticamente, un hueco en el calendario, un mes perdido.

El mérito, en función de la sensatez general, es compartido entre el Gobierno, los gremios –aun con las protestas del caso– y con los jefes comunales, tan necesitados como la Provincia de ordenar sus finanzas.

Sobre todo para afrontar con la mayor holgura y el margen de maniobra posible el año electoral que comienza a despuntar.

Y quienes más urgidos están de consolidar posiciones son, justamente, los intendentes peronistas. Que se juegan la gran patriada, bajo la flamante conducción partidaria Félix-Righi, de frenar la sangría. De parar, de una buena vez, la caída libre.

Por el sinceramiento político
La política, ya que vamos a entrar, nuevamente, en un resbaladizo año electoral, necesitaría darse un baño de sinceridad.

Decir cualquier cosa para meter púas de coyuntura sin tener las espaldas cubiertas por una conducta histórica sirve de poco y nada.

Cuando la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti –objetora más inclemente que Adolfo Bermejo– le reclama, con justificada razón, al gobernador que saque pecho ante la Nación por los 25.000 millones de pesos que supuestamente le llegarán como asistencia a Buenos Aires, pero lo hace utilizando la etiqueta #AlMenosQuejateCornejo, dicho así el reclamo no sirve.

No sirve porque pasa olímpicamente por alto los 12 años de humillaciones, arrodillamientos y operetas aplaudidoras que debieron padecer cada uno de los gobernadores, sin distinción en los 12 años de la gestión anterior (ahora, en tardía venganza, la senadora acusa por su parte a los cornejistas de ser "globeros" en "la fiesta de Macri").

No sirve porque desde el mismo sector no se les pidió que se quejaran, de igual modo, a Jaque y a Pérez. Tampoco a Cobos, que durante un raro lapso fue algo así como un "amigo imaginario".

No sirven aquí, en suma, las camisetas preelectorales y el esloganismo de barricada. Mendoza necesita –igual que Buenos Aires– presentar un bloque monolítico para la ciclópea tarea de cambiar las reglas de juego.

Lograr, por ejemplo, una nueva ley de coparticipación, más equitativa y aggiornada es tan arduo como escalar la pared sur del Aconcagua.

Todos unidos triunfaremos, canta la marchita.

Nunca tan cierto.
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