Diario UNO
Martes, 05 de noviembre de 2013

Un filme muestra parte de la vida de la travesti “Paloma”, señalada por perseguir a trabajadores sexuales

Fue incluida en un documental que recrea la diversidad del mundo transgénero. Se la acusa de perseguir a trabajadoras sexuales junto con un grupo al que llama “hijas”. Su testimonio.

  • Testimonio. La travesti hoy señalada por controlar parte de la zona roja.

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  • Toma. Como la directora Carina Sama aclaró, el de “Paloma” es un testimonio entre otros, para describir el mundo trans.

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Por Cecilia Osorio
osorio.cecilia@diariouno.net.ar

Paloma León ya no es un nombre de fantasía conocido sólo por quienes ejercen la prostitución en las inmediaciones del parque O’Higgins y hacia el este del zanjón Cacique Guaymallén. Se hizo público después de que en varias de las crónicas que se escribieron por hechos de violencia contra algunas de las trabajadoras sexuales de esa zona, las entrevistadas usaran el “Rufián Paloma” o simplemente “La Paloma”, para referirse a quien, según ellas, comanda las agresiones para aleccionar a los que no aceptan su control territorial.

Su voz y con ella, parte de su historia, están expuestas en un documental corto sobre el travestismo y la disforia de género que en breve será estrenado en Mendoza.

En el relato, Paloma cuenta por qué llama a quienes dependen de ella “hijas” y también explica cuáles son los códigos compartidos con estas travestis, por los que hoy muchos la cuestionan.

Madam Baterflai, título de la cinta de la realizadora mendocina Carina Sama radicada en Buenos Aires, no es sobre la vida de Paloma, hoy presa en Contraventores. Se terminó de filmar a comienzos de 2013 y la incluyó como uno de los cinco testimonios que toma la película para mostrar “la diversidad, dentro de la diversidad”.

Esto es, el mundo transgénero en el que hay ilegalidad y prostitución, pero que no está estrictamente ligado a esos conceptos y experiencias. Marcela Casanova (vedette), Mariana Arancibia (actriz protagonista de La pasión de Verónica Videla y peluquera), Carolina de la Cruz (la primera en realizarse la asignación de sexo en esta provincia) y Joseph completan el mosaico construido en esta propuesta filmográfica.

Su miedo, que Dios no exista
Paloma figura en su documento como “Daniel Ariel Araya” y, como ella misma explica en el documental, de esos nombres devino el apodo con el que sería identificada definitivamente. “Daniel significa paloma de Dios y Ariel, león de Dios. Por eso me llamo Paloma León”, dice al presentarse esta mendocina, que tiene su casa del otro lado del zanjón Cacique Guaymallén, cerca de donde se disputa el control de la prostitución, y en la que convive con varias de sus seguidoras, a las que reconoce como “compañeras”.

Participó en la película mucho antes de ser imputada en la Fiscalía de Ciudad, por robo agravado con el uso de armas, a raíz de la reciente denuncia de una travesti que terminó marcada a cadenazos. Fue, según la víctima, “un aviso para que desistiera de frecuentar ese espacio público (de Ciudad)”.

Estando presa en esa dependencia se produjo otro episodio –una chica fue golpeada, apuñalada y prendida fuego con querosén–, y aunque allegadas a esta víctima acusaron a un grupo llamado “las ecuatorianas”, asegurando que son regenteadas también por Paloma, los investigadores prefieren, por el momento, no acusarla de este hecho, dado que cuando ocurrió, la travesti en cuestión estaba detenida.

En las escenas Paloma León aparece vestida indistintamente de hombre y de mujer, y esta última postura es la que adopta, sobre todo, en la noche. La cárcel por la que transita hoy no es para ella un territorio ajeno: antes cumplió una condena de 18 años, por robo simple y homicidio, delitos de los que sigue declarándose inocente.

Estando presa en Boulogne Sur Mer por esa causa, una psicóloga le preguntó si le tenía miedo a algo y esa experiencia es la que retoma esta travesti para hablar de sus límites: “Todavía sí tengo miedo de una cosa: de descubrir que Dios no existe, porque el motor que me ha movido podría llegar mucho más lejos. Podría haber hecho una Justicia por mí y por mis hijas mucho más pesada, aquí y en cualquier lugar. Esa moralidad sagrada nos detiene muchas veces para recordarnos que no somos animales, que podemos hacer justicia por nuestras manos. Solo a eso le tengo miedo”.

A sus “hijas”: “No me tienen que dejar caer”
De su infancia, Paloma León (nombre ficticio) aporta en el filme un recuerdo al que se refiere apostada en el terreno mismo de la casa de San Martín en la que se crió. Cuenta que allí no tenían ventanas con vidrios y por eso admite que de la Ciudad la deslumbraron los coches, la gente arreglada, bonita y con ropas de colores, y los “perfumes que no habíamos sentido nunca en la vida”: “Éramos como salvajes, pero no éramos malos”.

En la escena, está junto con Gabriel, su compañero de vida y quien comparte con ella el mandato de defenderse cuando algunos en la zona en la que trabajan “se hacen los loquitos”. “Si le decís a la Policía, vienen, dan dos o tres vueltas y se van”, manifiesta él, mientras ella acaricia a un gato, otro de sus aliados del día a día.

“Tenés diez años útiles para vivir de la prostitución. Las zonas se dividen: están las travestis mayores, las nuevas, las moqueras y las copadas. Mis hijas y yo tenemos la zona de León. La defendemos porque de eso vivimos”, reconoce y aclara, sin miedo a la exposición pública de su relato, que sus “hijas” son “compañeras de trabajo”.

“Todas aportamos una cantidad de dinero para gastos comunes como vehículos, la luz de la casa, la radio, los animales... Va a seguir siendo siempre así. Lo que me diferencia a mi de un 840 (proxeneta, en la jerga de la prostitución) es que lo recaudado en esta casa es para la producción de mis hijas: se pagan las operaciones, hasta alquileres, remedios y abogados”, manifiesta Paloma y con gesto elocuente advierte algo, que es ley entre sus protegidas: “No me tienen que dejar caer”.

Garantías para quienes declaren
Habrá garantías para quienes aporten datos sobre la persecución de travestis.

Así lo aseguró el ministro de Seguridad, Carlos Aranda, quien se reunió ayer al mediodía con el subdirector general de Policía, Sergio Careli, y el director de Investigaciones, Alejandro Delgado, para tratar las causas que involucran a varias trabajadoras sexuales. Puntualmente dijeron: “Daremos garantías a todos aquellos que se animen a realizar denuncias efectivas que aporten datos”.

La abogada Carolina Jacky, quien aportó testimonios a la investigación, también se reunió con Aranda y le expresó la necesidad de que se trabaje en la “inclusión de aquellos jóvenes que terminan sin otra opción en ese contexto de marginalidad”.

Una travesti vinculada a varias de las denunciantes aclaró que no se trata de “una guerra de travestis, sino de una mafia liderada por un grupo contra quienes pretenden trabajar en libertad”. La misma fuente confesó: “Detrás de esta problemática hay una más grave, que incluye delitos federales como trata, lavado de dinero, armas y narcotráfico”.

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