Editorial - lluvias lluvias
martes 24 de mayo de 2016

Las calles de Mendoza, en terapia intensiva

Hay comunas donde basta con ver la mínima capa de asfalto que se utilizó para entender por qué un par de jornadas lluviosas alcanzan para multiplicar los peligrosos pozos.

En numerosas ocasiones hemos planteado la necesidad imperiosa de tener una política clara en materia de construcción y mantenimiento de calles, rutas y autopistas.

Está a la vista que el estado en que se encuentra la red vial en toda Mendoza es desastroso. Más llamativo aún es que pareciera no preocupar lo suficiente a quienes tienen la responsabilidad de garantizar que no se deterioren estas vías de tránsito.

La infrecuente cantidad de lluvias contribuyó a poner en evidencia no sólo el mal estado de las calles, sino también la pésima calidad del material utilizado.

Hay comunas donde basta ver la mínima capa de asfalto que se utilizó para entender por qué un par de jornadas lluviosas alcanzan para multiplicar los peligrosos pozos.

Y es que ahí se encuentra uno de los mayores cuestionamientos: no se trata sólo de que los autos quedan destrozados, con el consiguiente gasto mecánico, sino de las situaciones de riesgo que devienen al esquivar un pozo. Un acto instintivo que puede terminar en tragedia.

Las principales comunas del Gran Mendoza anuncian ambiciosos planes de arreglos de calles.

Seamos realistas, ¿de qué servirá si el asfalto utilizado es de mala calidad y se limita a una cobertura de apenas cinco centímetros de alto?

Servirá para que el intendente en cuestión se jacte de que asfaltó cientos de arterias. Sin embargo, al poco tiempo, si no es reelegido, su sucesor tendrá que licitar de nuevo el arreglo de lo hecho hace apenas unos años, no décadas.

Si no se sincera este modus operandi, no pretendamos que alguna vez tengamos calles y rutas sanas y seguras.

Vale preguntarse entonces quién auditará el reasfaltado que se hará a las apuradas, sin la demarcación correcta y con ondulaciones antes de que las transite el primer vehículo pesado. O quién controlará que las licitaciones de los municipios no sean un negociado de turno.

Declarar la emergencia vial, como se reclama desde varios sectores, no puede ignorar aspectos tan obvios como convenientemente ignorados por el negocio que implican.

Hacer las cosas como corresponde sería terminar con la política cortoplacista de tapar pozos.
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