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lunes 27 de junio de 2016

Vuelve y comparte todos sus secretos

El plástico argentino Helmut Ditsch inicia hoy una cátedra destinada a público en general, en la Universidad Nacional de San Martín. Antes, habló con Escenario

El artista plástico argentino Helmut Ditsch volvió a la Argentina para iniciar hoy una cátedra abierta al público en general en la Universidad Nacional de San Martín, en Buenos Aires. El gesto resulta enorme si se tiene en cuenta que el creador de 53 años es reverenciado en el mundo entero y en marzo pasado vendió su obra Cosmigonón, que refleja el Perito Moreno, en 1,5 millones de dólares, convirtiéndola en la obra más cara de la historia del arte argentino.

Para quien no conoce a este amante de la naturaleza, que pasó los veranos de su juventud en Mendoza y visita con frecuencia la finca que tiene en San Martín, lo más sencillo es decir que sus obras se inspiran en puntos extremos de la naturaleza y son elaboradas sobre lienzos de dimensiones monumentales.

Ya convertido en un hombre récord del arte mundial y desde la intimidad de su casa europea, le contó a Escenario cómo será la cátedra que ofrecerá desde hoy en su país natal.

–¿Cómo será esta cátedra?
–Lo esencial de esta cátedra es que es abierta no sólo para los estudiantes de la universidad o para artistas plásticos, sino para todos aquellos que quieran realizar sus sueños. Si bien está enfocada en la experiencia de mi carrera en las artes plásticas, como hubo tantas otras cuestiones que hicieron a mi camino, intenté hacerla más amplio. Creo que hay temas necesarios, como la motivación, la ubicación de cada uno. La cátedra está enfocada a los artistas independientes y a fomentar la autogestión. También reconocer y definir qué es el arte, algo que hoy en día está muy en el aire. Pienso que en la actualidad la palabra arte es como un chicle que se estira y en el que metés cualquier cosa o cualquier cosismo tomó lugar dentro del arte y nadie se anima a definir, decir o denunciar, nada sobre eso, sino que se acepta como una moda. En el arte en realidad nunca hubo modas. Eso hay que decirlo. Las modas siempre fueron efectos de copia de una vanguardia. La vanguardia siempre va sola y nunca es una moda y siempre va adelante. Además, la cátedra tiene también un planteo filosófico y de cosmovisión sobre mi forma de ver las cosas. Va a tener una parte práctica también, pero aún no sabemos cómo la universidad armará la cátedra con semejante interés de parte del público. Pusimos un horario en la mañana y se agotó enseguida, por lo que abrimos las puertas a que vengan todos los que quieran. Esto representa un desafío porque para la parte práctica habrá que armar espacios con bancos y atriles. Ya veremos cómo se hace, pero todo es posible.

–Además, vas a dar una conferencia sobre la evolución de tu obra. ¿Cómo ha sido para vos esa evolución en estos 25 años de carrera?
–Ha sido un reflejo de mi vida, así de simple. Mi obra se fue haciendo a medida que yo me fui haciendo como hombre y fui reflejando en el lienzo todos mis conocimientos y experiencias. A medida que fui siendo más maduro, mi obra también fue más maduro. A medida que me animaba a pensar en cosas grandes, pintaba en lienzos más grandes. De hecho, una obra sólo puede ser tan grande como te la imaginás. Esa es la fórmula. Si tu pensamiento es menor, no podés llegar a hacer algo mayor. A esto se suma la necesidad de superarme y eso es algo que viene de la experiencia en la montaña, en la que Mendoza me marcó muchísimo. También de superarme en el sentido místico, porque es avanzar, dar un paso más y eso me ayudó muchísimo a dimensionar mi obra.

–¿Te intimida el rol de docente?
–No soy docente. Tengo talento pedagógico, pero soy colega de todos. Quienes vengan a la cátedra están buscando algo de mí y yo estoy buscando algo de ellos. Es un intercambio de energías que para mí es muy valioso. Eso es lo que va a recibir la gente. El trato maestro-alumno no va a existir. Vamos a hablar de par a par y mostraré mis secretos.

–En marzo estuviste recorriendo Mendoza, ¿cómo la encontraste?
–¡Como siempre! Mendoza es como una novia, fue un lugar como de enamoramiento para mí, más allá de las situaciones sociales o políticas que pueda estar atravesando. Por supuesto que la provincia que conocí de niño cambió, pero eso pasa en todas las ciudades del mundo. Lo que no cambió es que sigue siendo tan hermosa como siempre, la cordillera sigue siendo maravillosa. Vi de nuevo el Aconcagua, la montaña que subí hace 30 años. Justo se habían cumplido 30 años de mi primer ascenso a la cumbre. De ahí me fui al Cristo Redentor y recorrí muchos lugares que han sido importantes para mí. Fue un reencuentro con momentos muy emotivos de mi vida. ¡Fue fantástico el viaje!

–¿Ver de nuevo el Aconcagua te inspiró para volver a pintarlo?
–El Aconcagua me inspiró a querer subirlo otra vez, pero soy consciente de que ya no tengo 20 años y ya la viví. Además, fui muy feliz. Mi vuelta al Aconcagua será pintándolo. En cuanto a los grandes formatos, sí, pienso volver. Eso ya está previsto para este año. Pienso hacer obras de dos metros por 12 metros, es decir que estamos hablando de obras supergrandes. Estoy cargándome de energía para eso.

–¿Tenés materias pendientes?
–Sí. Me falta la naturaleza máter, que es el ser humano. Es la materia pendiente pintar la naturaleza humana. Mis paisajes son el reflejo de situaciones espirituales, o sea, tienen que ver con mundos interiores. Pinté situaciones del alma, pero siento la necesidad de pintar también el cuerpo humano en muy poco tiempo. Quisiera hacer retratos, ese es mi próximo desafío.

–Tu obra "Cosmigonón" se vendió en 1,5 millones de dólares y es la obra mejor valuada del arte argentino. ¿Por qué creés que accedieron a pagar esa suma por ella?
–Tiene que ver con una madurez de la obra y del tiempo, porque no es que se vendió sólo eso. Después de esa venta, hubo una serie de ventas récord que no anuncié, pero que fueron un gol detrás del otro para mí. Empecé a entender que esto no es una casualidad sino que ha pasado el tiempo suficiente para que esto suceda, mi obra ha madurado lo suficiente. Necesitó de 15 años de barrica, digamos, para que se estacione y decante, para que la gente la reconozca como sucede ahora. Mi obra tiene un nivel muy alto de reconocimiento, cuando uno ve mi obra en una muestra la reconoce. Primero, me sorprendí y me puse feliz, pero después vi que, casi como un efecto dominó, era algo que tenía que pasar.
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