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jueves 24 de marzo de 2016

"Vientos de agosto", un filme brasileño con el Amazonas como marco

La ópera prima de ficción del brasileño Gabriel Mascaro cuenta la historia de una joven pareja que ve sacudida su relación.

La ópera prima de ficción del brasileño Gabriel Mascaro, "Vientos de agosto" cuenta la historia de una joven pareja que ve sacudida su relación en una apacible y humilde villa por la aparición de dos cadáveres que son devueltos por el mar en una zona de selva amazónica.

Jeison, un conformista y timorato pescador veinteañero, ve tambalear su existencia cuando recoge un cráneo y luego un cuerpo, en dos de sus excursiones por el Atlántico y se encuentra, cara a cara, con lo que puede llegar a ser su futura muerte: en soledad y en medio de la inmensidad oceánica.

Shirley, su pareja, es una frustrada tatuadora de ciudad, que se ve obligada a regresar a uns desolada villa del norte brasileño en el estado de Alagoas, entre Recife y Salvador de Bahia, para cuidar de su anciana y decrépita abuela.

Entre ambos se desarrolla una relación que por momentos sólo pareciera estar cimentada en los encuentros sexuales, dejando en un puñado de diálogos la impresión de que, ante un futuro poco promisorio entre plantaciones de cocos, las pulsiones físicas regulan a los seres de esa región.

Pero la aparición de los muertos devueltos por las crecidas del mes de agosto hace vibrar su monótona rutina para abrir interrogantes tanto en Jeison como en Shirley, quien no entiende el por qué del interés de su novio en cuidar de los cadáveres.

Primero, encuentran un cráneo y ambos recorren el poblado para averiguar de quién se trata, llegando a un pescador que recuerda a un viejo lugareño, desaparecido en una salida de pesca.

Luego, ya con un cuerpo con orificios al parecer de bala, es el joven pescador que se encarga de cuidarlo para que la policía lo retire y se lo entregue a unos hipotéticos familiares.

Jeison llama en dos oportunidades a la comisaria para que lo pasen a buscar, pero su pedido es desoído por las autoridades; luego, aparece otra escena en la que le limpia el rostro y la boca con una esponja con detergente; más tarde, reúne a los vecinos para rezar a su alrededor; por último, se sienta a su lado, borracho, escuchando una canción melódica en inglés.

"Nadie los reclamó. ¿Te gustaría terminar así?", dice el joven, al ser interpelado por su interés en los cuerpos, dando a entender que tranquilamente uno de los abandonados muertos podría ser él mismo.

Su padre, en vez de apoyarlo, se encarga constantemente de zaherirlo, recordándole sobre la muerte de su madre -no desarrollada en el guión- y absoviéndolo para que realice todas las tareas hogareñas y para la manutención del hogar.

En tanto, Shirley, que trabaja llevando y trayendo cocos con un tractor, revisa sus libros de tatuajes, inventa una maquina tatuador y, como para no perder la práctica, utiliza a los cerdos de su granja como conejillos de india para sus dibujos e impresiones.

Pese a que la propuesta parecer interesante e inteligente, "Vientos de agosto" no termina de encontrar un giro dramático, más allá de algunas imágenes elocuentes, pero que, a pesar de serlo, llegan un poco tarde y bastante distanciadas entre sí, en una película que llega a regañadientes a los 75 minutos.

Al promediar la película, aparece un cameo del director, quien en determinado momento es protagonista excluyente con un micrófono para grabar los "vientos de agosto", haciendo referencia a su trayectoria como documentalista.

Pero, a pesar de que ese recurso parecería intervenir en la trama, Mascaro no se cruza con los personajes ni lleva adelante acción alguna para generar un quiebre o un momento de tensión.

Por su puesto que el marco elegido por el realizador es impactante: mar, selva, lluvias y tormentas, todo eso con una sola cámara y un equipo que denota un muy bajo presupuesto, con escenarios naturales y sin recurrir a un estudio de filmación.

Con "Vientos de agosto", Mascaro no pudo despegarse de su rol de documentalista, creando una obra en la que la fotografía y la naturaleza guían la trama, dejando los recursos de guión en un segundo plano y perdiendo la oportunidad de narrar una historia que, al comienzo, estaba bien planteada.

Sin embargo, de su faceta documental, el director apoya su realización en planos impactantes y un sonido ambiente que sumerge al espectador en una vida completamente alejada de la urbe, donde la superviviencia ante la ausencia del Estado está a la orden del día.
Fuente: Télam

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