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jueves 05 de enero de 2017

Una guerra capaz de redimir a Mel Gibson

"Hasta el último hombre" significa el regreso del director luego de 10 años, cuando sus comentarios antisemitas le valieron que Hollywood le diera la espalda.

Mucho se ha hablado de Mel Gibson en los días previos del estreno de su nuevo filme, Hasta el último hombre, su primera película como director en 10 años, desde Apocalypto. Aquella cinta salió en 2006, apenas unas semanas después de que Gibson, borracho, hiciera los comentarios antisemitas que han puesto en jaque su carrera desde entonces.

Pero Hasta el último hombre, la más reciente contribución al canon de grandes producciones sobre la Segunda Guerra Mundial, no necesita ninguna historia redentora de fondo. Cualquier cosa que piensen de Gibson y cualquiera sea su postura sobre la relevancia de sus defectos personales para su arte, su habilidad como cineasta es indiscutible. Este filme, traumático y visceralmente violento, y a la vez conmovedor, debe ser juzgado por sus propios méritos.

Puede que Hasta el último hombre, protagonizada por Andrew Garfield como el personaje de la vida real Desmond Doss, no sea una película perfecta, pero logra un equilibrio inusual. Es una cinta violenta cuyo héroe –y base moral– patrocina la no violencia. Es una película de guerra que también atraerá al público religioso. Es un filme que por momentos puede sentirse implacablemente cursi y un segundo después dolorosamente real.

La historia detrás del personaje
Doss, un adventista del Séptimo Día, fue el primer objetor de conciencia en ser reconocido con la Medalla de Honor del Congreso estadounidense. Como médico del ejército, se negó a tocar un arma bajo la creencia de que debía salvar vidas, no cobrarlas.

Tras una breve introducción que lo muestra como un niño en las montañas de Blue Ridge, en Virginia, la cinta lo presenta como un adulto joven. Cuando la guerra estalla en Japón, el joven se siente obligado a alistarse pese a las objeciones de su amoroso, pero abusivo, padre (excelentemente interpretado por Hugo Weaving), un veterano de la Primera Guerra Mundial que quedó arruinado por la experiencia. Doss también va en contra de los deseos de su prometida, Dorothy (Teresa Palmer), quien le implora que se quede (las escenas de los encuentros de la pareja son encantadoras, pero extremadamente retro y algo cursis).

Doss llega a un campo de entrenamiento deseoso de servir, pero cuando dice que no tocará un rifle sus superiores se horrorizan. "El soldado Doss no cree en la violencia", se burla un sargento. "¡No esperen que les salve la vida en el campo de batalla!". El sargento es interpretado por Vince Vaughn, cuya actuación al principio parece demasiado cómica, pero pronto se vuelve efectiva.

Doss es presionado a dejar el ejército y sobrevive únicamente por intervención divina. Entonces llega a Japón, a Okinawa, y específicamente a la brutal batalla en la cresta de Hacksaw Ridge, donde horrores inconmensurables aguardan.

Es aquí donde Gibson trabaja con mayor seguridad. Lo repentina que la muerte llega al combate, la inmensa aleatoriedad de todo aquello: el director no endulza nada. Mientras los hombres se aproximan por primera vez a su enemigo, pasan junto a camaradas caídos. Algunos cuerpos están despedazados. Algunos tienen larvas reptando por sus cuerpos. Es durante esta batalla que Doss se convierte en un héroe, al encontrar la manera de salvar a incontables hombres perseverando cuando la mayoría han sido obligados a retirarse.

Es guiado por su fe. En un momento, le pregunta a Dios a viva voz qué se espera de él. Garfield sabe cómo hacer que una escena como esa se sienta sincera, una tarea que no es fácil.

La caída de una estrella
Según Mel Gibson, el filme "muestra lo que significa para un hombre de convicción y de fe encontrarse en una situación infernal y, en medio de esa pesadilla, este hombre es capaz de profundizar su espiritualidad y de alcanzar algo más grande", expresó el también actor que, a pesar de que en algún momento fue uno de los intérpretes más cotizados de Hollywood, se convirtió en un paria luego de sus sonados dichos antisemitas.

A partir de ese momento, apenas consiguió un puñado de papeles en películas rebuscadas o con mala recaudación, en las antípodas de la adulación que disfrutó gracias a Mad Max y Arma mortal en la década de 1970 y 1980.

El actor, que se crió en Australia, se había consagrado como estrella internacional por el filme Corazón valiente (1995), con el que ganó dos premios Oscar a mejor película y director.

Este ferviente católico de 61 años confía en que los cinéfilos le den una nueva oportunidad con la película que está de estreno en las salas mendocinas.

-Julio de 2006. Mel Gibson fue detenido por conducir borracho en una autopista de Malibú, momento en el que cual hizo comentarios antisemitas.
-Redención. Luego de ese incidente, la industria cinematográfica le dio la espalda al director de La pasión de Cristo y Apocalypto, pero ahora la crítica estadounidense ha sido bastante favorable con Hasta el último hombre.

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Fuente: Associated Press

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