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sábado 14 de mayo de 2016

Una experiencia con el más allá en "Tiempo muerto"

Con coproducción colombiana, Postiglione rodó la película en Colombia con un amplio elenco de actores locales.

“Tiempo muerto”, de Víctor Postiglione, se mete en el mundo de la metafísica, la necesidad de los vivos por hacer contacto con sus seres queridos fallecidos y un embrollo de traiciones y amores secretos, que, con un concepto circular, intenta romper la noción de tiempo y espacio.

Con protagónicos de Guillermo Pfening y Luis Luque, la trama muestra la desesperación de Franco (Pfening) por recuperar a su esposa Silvia (la colombiana María Nela Sinisterra), quien muere en un supuesto accidente de tránsito que no se llega a desentrañar.

Este fallecimiento estaría vinculado a la contratación por parte de la joven de un “tiempo muerto”, una especie de ritual esotérico que trae al mundo por instantes a los muertos, de forma física, para poder tener un último contacto.

El encuentro que Silvia quería tener era, en teoría, con su padre, mientras que Franco desea reencontrarse con su esposa, y si bien no sabe muy bien para qué, el desasosiego lo lleva a desear que su regreso sea permanente.

Con coproducción colombiana, Postiglione rodó la película en Colombia con un amplio elenco de actores locales, lo cual, en su opinión, le dio un clima más propicio porque “su cultura iba a enriquecer mucho a la historia y al proyecto”, debido a sus “raíces chamánicas”.

Además, “Tiempo muerto” tiene un tinte personal para el realizador, debido a que todo surgió a partir de un sueño en el que se reencontraba con su fallecido padre, a quien le decía cosas que en vida no pudo y que le quedaron en el tintero en esa relación padre e hijo.

“Entonces comencé a imaginar lo increíble que sería que alguien me vendiera esos momentos como si fuera un servicio -indicó el director en un reportaje con Télam-. Partiendo de la base de mi sueño, comencé a recorrer el universo creativo que rodea este mito que inventé y empecé a desarrollar los personajes”.

A pesar de esa invención y de decir que cree “hasta en los aliens”, Postiglione sostuvo que no sabe “jugar ni al juego de la copa” y que prefiere “quedarse con el concepto” del esoterismo porque no cree “en una ciencia exacta”, pero le “gusta leer acerca de todo tipo de prácticas”.

“Traté de informarme un poco sobre demonología, astrología, ritos paganos, y mezclar eso con el fenómeno de lo cuántico (de doblar el tiempo y el espacio). Mi idea era transitar un elemento fantástico dentro del universo de lo real. Elegí crear mis propias reglas y para eso necesité estudiar más en detalle el universo de lo esotérico”, señaló.

En cuestión de cámaras, el filme presenta varios recursos, como el travelling, la cámara en mano y la fija, a la vez que muestra una fotografía en la que las vestimentas oscuras de los personajes contrastan con algunas paredes demasiado pintarrajeadas y muebles desordenados, sobre todo en lo que es la casa del protagonista.

La luz, a su vez, está orientada para dar sensación de encierro, iluminando por lo general los objetos que rodean a los personajes, dejando a estos, por momentos, en las penumbras y con caras poco reconocibles.

“La iluminación, a cargo de Hugo Colace, fue planteada desde el principio como un recurso para enrarecer y exponer el lado oculto de los personajes. El protagonista es quien sufre esa tragedia tan grande y pierde la luz interior, sumiéndose al final en una intensa oscuridad”, explicó el director.

A su vez, Postiglione indicó que como referencias principales, tanto para la música como la imagen, tuvo a la serie francesa “Les Revenants”, “el vértigo de Alfred Hitchcock en la estructura”, las películas de Terry Gilliam, “como '12 monos'”, a la vez que, explicó, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges lo han “influido desde hace mucho tiempo” en su vida.
Fuente: Télam

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