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jueves 14 de abril de 2016

Un western argentino en donde nadie está a salvo

Si bien el filme está ambientado en esos años, se centra en la historia de un hombre que huye de sus camaradas y de su conciencia

Oscar Martínez asumió un gran riesgo al aceptar el personaje del comisario Velarde. Cuando el director Sebastián Borensztein le acercó el guión encontró que este personaje estaba en sus antípodas. Pero Sebastián –quien también es su cuñado, ya que Oscar está casado con Marina Borensztein– logró convencerlo y esto supuso afrontar una increíble transformación física que incluyó dientes postizos, prótesis en las encías y todo lo necesario para verse más corpulento.

Así se sumó a Kóblic, película en la cual personifica a este comisario que maneja todo en el pueblo de Colonia Elena y que ve con recelo la llegada de un capitán de la Armada, Tomás Kóblic (Ricardo Darín), que está huyendo de sus camaradas.

La cinta llega hoy a las salas mendocinas y en ella actúan tamb ién Ricardo Darín y la española Inma Cuesta.

–Desde el aspecto hasta la personalidad, el comisario Velarde se adivina siniestro. ¿Cómo se construye un personaje desde ese lugar?
–No está pensado desde esa categorización, porque uno lo último que uno debe hacer es tener un juicio sobre el personaje, uno no puede criticarlo, tiene que ser el personaje y nadie se autoconcibe como un siniestro, como un mal bicho. Este hombre lo es y por lo tanto seguramente no piensa de si mismo como pensamos los demás.

–Además tiene un acento muy particular. ¿Esa fue indicación del director o un aporte tuyo?
–El acento lo hice porque es un hombre de la provincia de Buenos Aires, o por lo menos que hace muchísimos años vive en la provincia y se acostumbró a hablar con las aspiraciones. La idea surgió de mí, él me dio a optar, podía no hacerlo, pero me pareció que como la película es muy rural, le iba bien y me ayudaba a cierta construcción del carácter, cierta manera cansina de hablar, irónica, insidiosa...

–Sebastián Borensztein ha definido la película como un western: ¿existe duelo actoral con Kóblic, el personaje de Darín?
–Sí, de algún modo hay un enfrentamiento al estilo del western. Hay un vengador o un "justiciero", que va a buscar al otro y éste sale sabiendo que va a matar o morir.

–Hay elementos claves del western: el comisario, el ambiente rural...
–Si bien Sebastián lo concibió como un western, también tiene elementos del policial, de suspenso, de misterio y de acción, pero básicamente él lo concibió como una suerte de western argentino.

–Colonia Elena, el pueblo donde transcurre la acción, ¿actúa como si fuera una pequeña Argentina en esos años de la dictadura?
–Yo creo que de algún modo es así, porque en este pequeño pueblo, casi un caserío, este hombre, Velarde, es dueño de la vida y de la muerte de cualquiera y están todos aterrorizados. Creo que eso está bien en la película, que tiene una atmósfera opresiva triste, peligrosa y que de alguna manera da una idea de lo que es vivir en un país donde el pueblo está sojuzgado a un régimen autoritario.

–¿Cómo influyó en ustedes el hecho de que la película esté ambientada en la época de la dictadura?
–Mi personaje podría existir en otra época, sobre todo en lugares de tipo feudal, donde la autoridad es muy marcada, muy piramidal, donde el poder está muy concentrado. Creo que lo más duro en ese sentido se lo llevó Ricardo con el tema de replicar los vuelos de la muerte. Él y todos los que estuvieron en esa escena cuentan que fue muy duro pensar que eso de verdad ocurrió. Igual acá no hay buenos, más allá de esa pequeña historia donde el personaje de Ricardo parece un justiciero, es un hombre que ha participado en las Fuerzas Armadas, no renunció o tuvo un acto de rebeldía. Tuvo un límite razonable y humano frente a una situación horrorosa que no puede llevar a cabo, pero es un hombre de la Fuerzas. A partir de eso te vas enterando quién es Kóblic, de dónde viene, a qué obedece su fuga. No es una película estrictamente sobre los vuelos de la muerte ni sobre la dictadura. Es un punto de partida, pero después cuenta una historia de orden personal, que me parece que es por donde el espectador se puede enganchar.

KÓBLIC


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