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domingo 19 de junio de 2016

Un monstruo que desteñía

El cine que no viste

La película Tiburón (1975) supuso un punto de inflexión no sólo en la carrera de su joven director, Steven Spielberg, sino de la historia del cine en general. Con una fuerte campaña publicitaria y fuera de la temporada habitual de estrenos en Estados Unidos (que solía ser en la Navidad), Tiburón es reconocido como el primer blockbuster (éxito de taquilla),un fenómeno similar al best seller en la literatura y meta que a partir de ese momento muchos estudios querrían alcanzar.

Los productores David Brown y Richard Zanuck compraron por 150.000 dólares los derechos del por entonces exitoso libro homónimo de Peter Benchley. No tenían director, pero sí un "niño mimado", un desconocido llamado Steven Spielberg que había dirigido un inquietante filme sobre un camionero perseguido por un siniestro conductor en solitarias rutas (Reto a la muerte, 1971). Le habían ofrecido otra película, pero el realizador había leído varios guiones y les dijo que quería dirigir Tiburón (Jaws en su versión en inglés). Y se pusieron manos a la obra.

Lo primero que necesitaban era el aterrador tiburón blanco que atacaría a los felices bañistas de las paradisíacas playas norteamericanas. El primer diseñador fue descartado y fueron a buscar a Bob Mattey,creador del calamar gigante de 20.000 leguas de viajes submarino, que ya estaba jubilado. Bob hizo tres escualos con complejos circuitos eléctricos que costaron 2 millones de dólares. Los llamaron Bruce, en honor al abogado de Spielberg. Los tres fueron probados con éxito en los tanques de agua de los estudios Universal. Pero Spielberg no quería filmar en tanques, sino en el mar mismo.

Así que día tras día partían mar adentro con el trío Bruce y de las 12 horas de filmación, entre la ida y la vuelta sólo 4 eran aprovechables para el rodaje. Pero lo peor es que los tiburones fallaban en el agua salada: comenzaron a desteñirse, se hundían y uno de ellos era notablemente bizco y no podía cerrar las mandíbulas. Mattey tuvo, sobre la marcha, que concentrarse en sólo uno de ellos y reacondicionarlo para que funcionara.

Es decir que Spielberg tenía que hacer una película sobre un tiburón asesino, sin tiburón. El cuenta que entonces pensó que haría ante esto uno de sus maestros, Alfred Hitchcock. Y a partir de allí construyó el filme donde la amenazadora presencia del escualo está siempre presente, pero casi nunca se ve.

El corazón del asesino
La música recayó nada menos que en John Williams, el compositor que ha sido 50 veces nominado al Oscar y que por entonces ya tenía una estatuilla por Mejor música adaptada por El violinista en el tejado. Cuando Spielberg escuchó la música, pensó que le estaba haciendo una broma. Y dicen, que un tanto ofendido, Williams le replicó que había tratado de emular el sonido del corazón del tiburón, lento al principio y acelerándose a medida que se acerca a su presa. La música se convirtió en la criatura asesina misma, porque al escuchar sus acordes el público ya sabía que el depredador estaba cerca.

Todo hacía presagiar un fracaso: del presupuesto de 4 millones de dólares se pasó a 9 y de los 55 días de rodaje previstos pasaron a 159. Los protagonistas Richard Dreyfuss, Roy Schneider y Robert Shaw se detestaban, ya sea porque Shaw se aparecía borracho a filmar o porque Dreyfuss decía en voz alta que la película sería un fracaso (de lo cual estaba convencido).

El estudio Universal creía lo contrario, porque el montaje se hacía casi en paralelo con la filmación y lo que veían les gustaba.

Una vez terminada la película lo que sucedió fue una sorpresa para todos. A los pocos días y en el mes de julio (no habitual para los estrenos cinematográficos)Tiburón ya había recaudado 470 millones y había provocado una enorme psicosis en las zonas costeras de Estados Unidos. En pleno verano, los bañistas no querían poner un pie en las cálidas playas. Todos tenían grabada en la memoria esa música aterradora, tan parecida a los latidos del corazón de un tiburón...
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