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domingo 12 de junio de 2016

Un Flash Gordon carísimo incubó a Star Wars

En un lugar de la Galaxia nunca hubo un centímetro de cinta fácil que grabar, para empezar porque la aventura comenzó como fruto de una frustración, lo que Lucas quería rodar era inasequible.

Si lo que te piden es imposible, crea tu propio imperio. Algo así debió pasar por la cabeza de George Lucas. El creador de las más famosa de las sagas de todos los tiempos tenía otro proyecto en la cabeza antes de ponerse a crear personajes imposibles: hacer una película sobre Flash Gordon.

Y es que Lucas adoraba al héroe, pero cuando fue a pedir precio sobre los derechos (hoy por cierto en manos de la FOX) para realizar su soñada película la cantidad le pareció desorbitada, y decidió crear sus propios personajes.

Tampoco fue barato su experimento, entre ellos porque hubo de trasladar a todo el equipo a Túnez para rodar. Allí la temperatura era absolutamente extrema. Tanto, que la tarta para celebrar el cumpleaños de Alec Guinness la disfrutó más el sol que ningún otro, comenzó a derretirse sin pausa en cuanto salió de la nevera.

Mientras el equipo estaba en Túnez e Inglaterra, el grupo americano se encargó de los efectos especiales. Había encargado hasta 365 retoques para las imágenes grabadas. Cuando regresaron, solo había tres escenas con efectos especiales, de las cuales no valía ninguna. No fue ninguna cosa menor el enfado de Lucas, tanto que se saldó con un ingreso hospitalario. Salió de allí directo a poner orden en el trabajo pendiente.

Para futuros experimentos prefirió no irse tan lejos. La escena en la que R2-D2 huye de un animal acuático del planeta Dagobah se rodó en la piscina de la casa del propio Lucas.
Fuente: abc.es

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