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domingo 31 de julio de 2016

Un debut nada auspicioso marcó su rumbo

La anécdota de Vanina Corazza

Hace dos décadas, cuando tenía 16 años, nos pidieron en la escuela secundaria que recreáramos algunas escenas de obras de teatro emblemáticas. Hubo que formar grupos y ensayar bastante.
Como muchos de mis compañeros sabían que yo tenía decidido ser actriz cuando fuera grande, me invitaron a uno de los grupos para que interpretara el papel de La Poncia,en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca).

Teníamos que hacer solamente unos pequeños fragmentos de cada obra para un acto escolar especial.
La cosa es que nuestra representación iniciaba con un monólogo de mi personaje, La Poncia, y me acompañaba una amiga, que se llamaba Amalia, a quien le tocaba interpretar a otro de los personajes de la obra.

Cuando se abrió el telón, vi las luces y a la gente... me paralicé. Empecé a sentir cómo se me iba poniendo más y más caliente la cara. Sentía frío, calor, todo junto. Debo de haber tenido la cara como un tomate.

Me olvidé de todo lo que tenía que decir. Atiné a reproducir, balbuceando, algunas palabras que me iban saltando a la cabeza, pero la verdad es que mi intervención no tuvo ni pies ni cabeza.

Ni bien terminó la obra, hubo profesores y amigos que nos felicitaron y todo, pero yo me fui a mi casa llorando.

Imaginate que le había pedido hasta a un noviecito mío que fuera a verme actuar, porque era mi gran debut.

Fue una experiencia horrible. Estaba totalmente deshecha porque, a esa altura, yo ya tenía absolutamente decidido ser actriz y no pensaba cambiar de opinión.

Me acuerdo que fue muy traumático, pero lo bueno es que ese hecho tan feo, del que ahora me río, no me condicionó.

De igual manera estudié actuación y ahora me dedico a esta profesión con una enorme pasión, disfrutando de cada escena.
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