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domingo 07 de agosto de 2016

"Un actor es un observador nato"

Rodrigo de la Serna habla de la película Inseparables, que protagoniza con Oscar Martínez y se estrena este jueves. Viene mañana a presentarla

Este jueves se estrenará en nuestro país la película Inseparables –del director Marcos Carnevale–, protagonizada por dos grandes actores argentinos: Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna. Ambos comparten su amor por el teatro, han tenido exitosos trabajos en televisión y también han hecho carrera en el séptimo arte. Todo esto que tienen en común –más el hecho de que ya han trabajado juntos– seguramente los ayudó a afrontar con fluidez y naturalidad la historia de Felipe (Martínez), un aristócrata porteño que ha quedado cuadripléjico y que contrata como asistente personal a Tito (de la Serna), un joven con antecedentes penales, que vive una realidad muy diferente en lo económico, social y cultural a su ocasional jefe. Pero entre ellos se hace posible un camino de aprendizaje que los ayudará a ambos y los unirá para siempre.

Antes de pisar suelo mendocino (viene mañana junto con Martínez y Carnevale a difundir el filme), uno de los protagonistas, Rodrigo de la Serna, habló con Escenario de este, su último trabajo para la pantalla grande y de su presente laboral.

–Al ser una remake de una película francesa, ¿para componer tu trabajo la viste antes?
–Cuando me hicieron la propuesta me fui a la película directamente. La vi y advertí inmediatamente que se trataba de un material muy potente, preciso, un guión muy bien confeccionado, bastante novedoso en su estructura. Tiene muchas escenas cortas y veloces, son un camino muy vertiginoso hacia la médula del relato. La estructura de comedia es perfecta: estos dos mundos desparejos que se encuentran y se entreveran y cómo irrumpe mi personaje en ese mundo tan ajeno, es algo hilarante y gracioso. La otra parte es ese vínculo que, a mi criterio, no tiene casi precedentes, un vínculo tan perfectamente construido y cristalizado, esta relación un poco ideal que tienen, un poco padre -hijo, alumno-maestro cada uno del otro.

–Un vínculo entre hombres muy diferentes...
– Y eso nace a partir de que los dos rompen un poco esos prejuicios entre mundos que se presentan aparentemente irreconciliables: la aristocracia y una clase muchísimo más baja. Pero nace un amor entre estos dos hombres, que es un poco como de padre a hijo, pero que también va mucho más allá de eso, incluso por esta cosa de clases que se resquebraja. Es un vínculo muy noble, muy loable, muy amoroso. Cuando vi todo eso y que encima lo tenía que hacer con Oscar Martínez y Marcos Carnevale, dije: " ya está, esto ya está". Inmediatamente acepté.

–"Inseparables" es muy fiel al guión original...
–No nos fijamos en una adaptación, fue como tomar una partitura y nos entregamos al hacer de Marcos, porque es parte de lo lindo que tiene la película: su guión. Además con Oscar tenemos un conocimiento mutuo muy profundo. Hicimos Amadeus, donde él hacia de Salieri y yo de Mozart. A seis funciones semanales durante un año y medio, o no lo querés ver más al otro o te llevás bien. En este caso pudimos cultivar una relación muy hermosa, con alguien a quien admiro profundamente.
–En "Amadeus" también hay un contrapunto de personajes, como en "Inseparables", pero en esta última no hay envidia...
–Sí, es así, en ambos casos los dos son maestro y alumno del otro. Cada uno tiene algo que el otro no tiene y es cuando lo comparten que logran tender ese puente entre ambos mundos. En la película particularmente ayudan a esto todos los gags que hay. Es un filme muy gracioso, lleno de comedia y de dramatismo también.

–En "Inseparables" hay escenas con una intensidad dramática diferente a la francesa, ¿esto surgió espontáneamente?
–Somos distintos, somos sociedades distintas, idiosincrasias distintas y modos de actuación distintos con respecto a los franceses. Nosotros somos más melodramáticos y me parece que también somos una sociedad más expresiva. La película está muy traída para nuestra idiosincrasia, por ejemplo cuando Tito y Oscar entran al Colón con la silla de ruedas y Tito dice: "hay chori, hay chori" (risas). ¡Eso en Francia no lo van a entender!

–En una entrevista te escuché decir que no tenés un método determinado para actuar, una receta. ¿Qué hiciste entonces para construir el personaje de Tito?
–Entregarme a ese guión que era perfecto, preciso, con mis experiencias como hombre y como observador, porque un actor es un observador nato. Con la experiencia que uno tiene a nivel personal y profesional, con un guión de estas características, un compañero también tan perfecto y una dirección tan amorosa como fue la de Marcos Carnevale, es más sencillo. Con Oscar, con nuestras vivencias compartidas, fue sentarse con el guión a la mesa, actuar las escenas y nos decíamos que ya había que filmar. Estábamos preparados desde hace tiempo, fue de verdad medio mágico lo que sucedió. Fue un rodaje muy veloz, porque todo salía rápido y fácilmente, esto con mucho trabajo previo, obviamente, no es que fue fácil. Todas las películas tienen sus complicaciones y sus bemoles, pero fue un rodaje muy amoroso, muy llano, muy placentero y esto hace que cuando no hay obstáculos, uno termine más rápido el trabajo.

–Hablando de compañeros no puedo dejar de preguntarte por el actor mendocino Ernesto "Flaco" Suárez, con quien trabajaste en "Camino a La Paz".
–¡Es un amor! Ese viaje a Bolivia que nos hicimos...Nos conocemos en profundidad. Un gran compañero y un referente ineludible del teatro nacional. Yo aprendí mucho a su lado y creo que fue un aprendizaje mutuo. Ya lo iré a visitar, a comernos un asado y tomarnos unos vinitos. Lo quiero mucho.
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