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domingo 04 de septiembre de 2016

"Trotski sabía que lo iban a matar y bromeaba sobre ello"

Antonio Chavarrías estrena «El elegido», la película sobre la intrahistoria del asesinato del líder comunista a manos de Ramón Mercader.

Cuando Antonio Chavarrías conoció al nieto de Trotski, Esteban Volkov, su película era tan solo una idea sin guión. Seis años estuvo el director catalán pensando cómo llevar al cine el asesinato en México DF del histórico líder comunista ruso, en 1940, a manos de Ramón Mercader. El resultado, una apasionante trama de espías, traiciones y suspenso: "El elegido".

«La historia tenía tanta fuerza que, casi sin tocarla, era ya un guion», asegura Chavarrías. Pero el realizador quiso profundizar hasta el detalle consultando las actas del juicio, de los interrogatorios de la Policía y de los servicios trotkistas. Se entrevistó también con el hijo del jefe del Servicio Secreto de México encargado de investigar el crimen y con otros importantes miembros del espionaje mexicano de la época. Por su parte, Volkov, el único testigo vivo del magnicidio, le contó los aspectos más humanos de la convivencia familiar, de cómo había sido el asalto del pintor David Alfaro Siqueiros en mayo de 1940, en el que él fue el único herido, y de cómo fue el asesinato. «Recordaba por donde entró en la casa pocos minutos después de que Mercader le clavara el piolet en la cabeza a su abuelo, al que vio desangrarse y gritar: 'Apartad al niño, no tiene que ver estas cosas'», explica el director y productor acerca de su encuentro con el nieto de Trotski, de 89 años, para quien el joven espía catalán no fue más que «un instrumento de la Policía Secreta de la URSS, un pobre diablo por el que no sentía odio, solo desprecio y compasión».

El líder de la revolución rusa y creador del Ejército Rojo estaba en el punto de mira de Stalin desde que, en 1927, fuera expulsado del partido comunista y desterrado después de la Unión Soviética. Tras peregrinar por medio mundo, recaló con su mujer en México DF a comienzos de 1937. Su casa del barrio de Coyoacán, donde transcurre parte de esta película rodada durante dos meses entre México y España, se convirtió en una fortaleza custodiada por un diminuto ejército de simpatizantes. «Trotski se tenía por un condenado a muerte. Sabía perfectamente que le iban a matar y cada día hacía algún comentario de broma sobre ello: ?¡'Hoy nos han dado permiso para vivir un día más. Gracias Stalin'», comenta Chavarrías.

Jacques Monard

Mercader, haciéndose pasar por un adinerado belga llamado Jacques Monard, fue el encargado de introducirse poco a poco en el círculo más íntimo de Trotski a través de una larga relación sentimental con una de sus asistentes, Sylvia Ageloff (Hannah Murray, de «Juego de Tronos»). Más de dos años mantuvo el agente español aquella farsa para poder dar el golpe de gracia el 20 de agosto de 1940. «Creo que Ramón era una persona tremendamente atormentada, porque todo lo que estaba viviendo estaba construido de mentiras, pero estaba convencido de que era algo casi divino que le hubieran elegido a él para una misión tan importante y estaba decidido a llevarla a cabo», cuenta Alfonso Herrera. Para el actor mexicano encargado de dar vida a este joven comunista catalán reclutado por los servicios secretos de Stalin en 1937, «lo más difícil fue dar vida a un soldado en el campo de batalla que arriesga su vida continuamente, por un lado, y a un lord totalmente refinado y de buena familia, por otro. Añade a eso que soy mexicano, que tengo que hablar con acento español, y que mi inglés no tiene que sonar a ninguna de las dos nacionalidades anteriores».

A Chavarrías, sin embargo, le preocupaba más Trotski, una figura «icónica y reconocible» para cuya interpretación el director escogió al actor inglés Henry Goodman, que logra un parecido asombroso con el personaje. «Realizó una auténtica transformación. Estudió su carácter y su forma de relacionarse con los demás, hasta el punto de hacer ostentación en los rodajes de los diferentes tonos que utilizó el líder ruso según el momento de su vida», recuerda el director, otro de cuyos objetivos fue profundizar en la relación «enfermiza» que Ramón Mercader mantenía con su madre.

«Para mí, Caridad Mercader es uno de los personajes más complejos a los que me he enfrentado en mi carrera», asegura Elvira Mínguez, encargada de dar vida a esta mujer procedente de una familia acomodada y madre de seis hijos que, tras sumergirse en el mundo de las drogas y los burdeles de Barcelona, y pasar una temporada en el manicomio, acaba convirtiéndose en una de las más frías y manipuladoras dirigentes comunistas de la época. Tanto, que es capaz de convencer y adiestrar a su hijo para que lleve a cabo el magnicidio por el que fue condenado a 20 años de prisión. «Tuve que ser honesta conmigo misma, plantarme delante del espejo y ver mi lado machista, ambicioso y manipulador para saber de lo que estaba hablando. Ver al monstruo no le apetece a nadie. No fue fácil enfrentarme a mi hijo de siete años y comenzar a analizar la manera en la que yo le manipulo inconscientemente. Ese análisis es el que me ha obligado a mí hacer esta mujer», confiesa la actriz.

Y en todo este mar de conspiraciones, traiciones, dogmas y batallas políticas basadas en hechos reales, un Antonio Chavarrías preocupado por no posicionarse ante los hechos: «Yo tengo mi opinión, pero intenté no juzgar a los personajes. El espectador tiene la suficiente madurez para saber si lo que hacen es correcto o no. Y aunque en la película hay diálogos ideológicos, debe ser el espectador el que haga su propia lectura», declara, convencido de que, aun así, «no hay nada heroico en esta historia, tan solo a un idealista equivocado, a un traidor traicionado».
Fuente: abc.es

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