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domingo 17 de septiembre de 2017

Todas las máscaras

Su rodaje en el cine, teatro y televisión lo han convertido en un actor para seguir y admirar muy de cerca.

Durante mucho tiempo, el rostro y la voz profunda de Daniel Aráoz se asociaban al difícil arte de hacer reír. Pero detrás de su máscara estridente y alegre, nunca dejó de existir un actor capaz de afrontar múltiples matices, desde la ternura hasta lo profundamente siniestro. Y, por fortuna, él ha logrado poner el cuerpo a muchos personajes, que hacen de la sonrisa, el desafío o la crueldad sus instrumentos.

Hoy es uno de los protagonistas de la película Una especie de familia, del director Diego Lerman, que ya se estrenó en el Festival de Toronto y es parte de la selección oficial del Festival de San Sebastián (España), como también del Festival Biarritz America Latine. La cinta, que enfrenta el tema de la adopción ilegal en Argentina, se estrenó el pasado jueves en nuestros cines, con muy elogiosas críticas.

"Mi personaje es complejo, es un médico, el doctor Costas. La película cuenta la historia de un viaje iniciático de una mujer que tiene muchos deseos de ser madre y viaja al Norte del país para buscar un bebé y lucha contra todo para cumplir su deseo. Es un filme centrado en esta mujer, con el que Diego Lerman nuevamente vuelve a traer figuras femeninas o antiheroínas al cine. Es un mundo muy femenino", contó Aráoz en el inicio de su charla con Escenario.

–Además pone en relieve un tema muy controversial, como es la adopción ilegal en la Argentina...
–Es un tema candente que hay que tratar de hablarlo de verdad y llevar luz a toda esa oscuridad y a todo ese dolor, porque siempre en la oscuridad hay mucho dolor. Se trata de llevar luz a estos temas que nos hacen más fuertes al pensar en el otro, sobre todo cuando hay niñas y niños involucrados. Uno necesita construir un proyecto de país, de mundo, que piense en ellos, si no para qué luchamos.

–Hablás de dolor y en esta circunstancia en particular es doloroso para la madre que entrega el bebé y para la mujer que tiene sus esperanzas puestas de ser madre en ese niño.
–Claro, en ambos casos hay un gran acto de amor y nosotros tenemos que estar cerca de todas esas mamás y esos papás para ayudarlos a dar amor a un niño. Creo que un poco es lo que plantea Diego Lerman con esta película, poner en el tapete este debate.


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–¿Qué rol tiene tu personaje en la relación de estas mujeres?
–En esta película la trama se lleva al lenguaje de road movie y el thriller, entonces la historia te tiene que mantener tenso en la butaca y a la misma vez hacerte reflexionar después mientras tomás un café. Costas es un villano y no sé si hay moral acá, porque la moral a veces no nos permite ver el dolor, sanarlo y curarlo, pero podría ser un villano con cierta complejidad. Cuando vean la película van a terminar de entender lo que estoy diciendo y de qué se trata.

–¿El rodaje internacional que está teniendo el filme ayuda a visibilizar cómo es esta problemática en Argentina?
–Las personas de otras partes del mundo no escuchan nuestras radios, ni leen nuestros diarios ni ven nuestra televisión, pero sí nos conocen a través de nuestro cine. El cine es un evento artístico creativo que nos muestra el mundo y por eso Lerman eligió esta trama para hablar de nosotros.

–¿Cómo fue convertirse en el doctor Costas?

–Yo no soy un actor que trabaja sobre la observación, sino que trabajo siempre con la energía del personaje. Diego Lerman tenía muy claro lo que quería del personaje y uno es un instrumento en esto. Todos tenemos un rol en esta película y es importante dejar lo mejor para construir algo sólido y que sirva para el otro, para que pueda reflexionar, pensar y emocionarse con este tema. Así que mi trabajo estuvo puesto básicamente ahí. Yo siento alivio cuando las escenas salen bien.

–¿Es un director que te pauta mucho o deja espacio para que el actor sugiera o improvise?
–Diego Lerman tiene una personalidad muy linda, es muy humilde, muy trabajador y tenía claro lo que quería, lo cual es un alivio para actuar también. Entonces trabajamos fuerte con lo que él quería.

–Has encarado personajes bastante oscuros, como en "El hombre de al lado" o Rodión, de la miniserie "La última hora". ¿Qué te deja este tipo de roles?

–Yo siempre digo que hay que llevar luz a la oscuridad y trato de hacerlo con mi oficio también. Me da alivio saber que hago algo por el otro. Este es un oficio muy difícil, así que me llena de alivio, que es una de las formas de la felicidad, estar en el camino trabajando en la construcción de estas cosas que muchas veces se niegan y son necesarias de transitar, de hablar, de construir.


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El humor de sus inicios
En 1988 Daniel Aráoz fue parte del staff de un programa televisivo que revolucionó el modo de hacer humor en la pantalla chica: La noticia rebelde (con Raúl Becerra, Adolfo Castelo, Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya). Luego se sumó a otro fenómeno humorístico televisivo, El mundo de Antonio Gasalla (1989). De allí en más la TV lo tuvo como parte del elenco de numerosos éxitos.

En el teatro con Antonio Gasalla

El año pasado volvió a reunirse con el capocómico en la obra Más respeto que soy tu madre 2. El teatro ha sido otra plataforma de reconocimiento para él.

Once películas son las que lo cuentan como actor. Sus inicios en la pantalla grande datan de 1988. Antes de Una especie de familia fue protagonista de Agosto final (2016), dirigido por Eduardo Sánchez.

Punto de inflexión en su carrera

El hombre de al lado (2009), de la dupla de directores Mariano Cohn y Gastón Duprat (los mismos de El ciudadano ilustre), le abrió las puertas a roles más dramáticos.

Protagonista de una miniserie
En 2016 fue Rodión, un asesino a sueldo en la miniserie de 12 capítulos La última hora, dirigida por Gastón Portal, que emitió la TV Pública. Actualmente puede verse en Netflix.

Demoledores, junto a su amigo Coco Silly
Está con funciones de esta obra en Buenos Aires, con textos de Roberto Fantanarrosa y Pedro Saborido.
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