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domingo 24 de julio de 2016

Tampoco la escena mendocina quiere volver a clases

Un recorrido por las salas teatrales invita a estirar las vacaciones de invierno con propuestas originales que emocionan y divierten a todos.

El teatro infantil goza de buena salud en Mendoza, y a no ser porque el bolsillo está débil en la familia, varias de las funciones ofrecidas deberían darse con entradas agotadas. Hablamos, claro, de producciones independientes que no forman parte de la agenda de espectáculos gratuitos que se dan en espacios verdes o alternativos de los distintos departamentos.

Aunque el poder de la tele o la popularidad de personajes animados llevados al escenario logran llenar butacas, hay joyitas propias de la escena local que vale la pena no perdérselas.

Burbujas a la carta y La Liga Maravillosa son ejemplos de trabajo a conciencia, talento y creatividad, con equipos artísticos de relevancia para las tablas además de nuevos rostros con futuro promisorio.

Estos son dos de los estrenos, de las novedades de la temporada, pero también se vuelven a disfrutar reposiciones como Los tesoros de Pipo y Lo que esconden los sombreros.

Una cocina de alto vuelo
Burbujas a la carta es la fusión perfecta entre la imaginación sensible de Gabi Carli (directora también de la obra titiritera Los tesoros de Pipo) y el manejo escénico de Tony Maslup (actor, titiritero y artista circense de amplia trayectoria). Ambos se unieron al maestro Claudio Brachetta en la dirección musical que en el espectáculo revela no solo su capacidad flexible a la hora de pensar en el destinatario de sus melodías sino también su cualidad actoral con pequeñas intervenciones que le dan elasticidad a la puesta.

Maslup es el cocinero Salvattore, quien abre su cocina para un viaje temporal y emocional que envuelve de asombros, deseos y recuerdos a grandes y chicos por igual. En los escenarios, pocas veces se invita a los pequeños a volar con su imaginación, y esta es una oportunidad única, con música en vivo a cargo de Brachetta y el hijo de Maslup, Leo Martínez (mejor conocido como Dj Leo).

La inventiva de servir la mesa con platos deliciosos que huelen a fantasías, amor de infancia y calor familiar, se degusta a base de burbujas de todos los tamaños y formas posibles que constantemente ofrece Salvattore a sus comensales. Ellas son la atracción y tienen el poder de hacer de cada función un acontecimiento nunca repetido. Para eso cuentan con la mano magistral de Salvattore, elaborando platos que deleitan con sabores y gustos diferentes según la ocasión. La puesta lumínica, sin embargo, no está a la altura de los acontecimientos.

Como si el volátil y burbujeante elemento fuese de carne y hueso, gracias a su capacidad titiritera Tony Maslup nos hace creer que maneja y domina a las burbujas a fuerza de pura imaginación, para despedirse haciéndonos sentir que todos podemos transportarnos en esos efímeros círculos.

Superhéroes de la vida real
La producción de teatro musical de la Academia de Valeria Lynch volvió a cautivar con su despliegue escenográfico, puestas de luces y sonido y un elenco de estrellas para introducirnos en una historia de comic que pretende compararse a cualquier realidad familiar. O por lo menos La Liga Maravillosa nos hace soñar con un hogar de superhéroes de carne y hueso que, a pesar de sus defectos y virtudes, conquista sus hazañas a fuerza de amor fraternal.

El juego como iniciativa primordial a la hora de desarrollar las capacidades de un niño, contenido en un entorno sano de afecto y comprensión es lo que propone la obra de Jorgelina Jenón, joven actriz, dramaturga y directora teatral que ya nos había cautivado la temporada 2015 con El guardián de los libros.

Bajo el mismo equipo creativo, con Nicolás Hemsy en la producción y la talentosa Claudia Racconto debutando en un rol de malvada, La Liga Maravillosa nos traslada a Ciudad Maravillosa, donde una dupla vegetal (Bon y Say) están dispuestas a convertir en grandes a todos los niños del lugar.

Splash (en la piel del versátil Darío Martínez), y Chica Burbuja ( Verónica Alsina), Flechazo (David Laguna), Doble Porción (en un casi irreconocible y revelador papel de Rodrigo Navarro Sardá) y Mujer Invisible son la súper mega ultra liga en acción para frenar el plan maléfico de Bon y Say.

Pese a una escenografía de paneles móviles que no colabora con la movilidad del elenco en
coreografías y escenas de desopilantes peleas (la boca del escenario no es lo suficientemente ancha para el dispositivo, la silla con rueditas de oficina conspira contra los súper poderes de Splash y algunos actores no logran manejar los carteles de burbujas del cómic), la puesta fluye con dinamismo, gags para descostillarse de la risa y escenas de dramatismo que reflexionan sobre la importancia de la niñez para vivirla a pleno, sin "quemar etapas".

Ahí está el "niño" Juan, interpretado por el reconocido Adrián Sorrentino que se corre de su zona de confort (el café concert) para probar variantes actorales (como lo hace en el drama Pelucas).

No obstante, en La Liga Maravillosa se luce más con sus participaciones vocales como cantante y coreográficas (la escena de tap es contundente). Su personaje está quizás un poco lavado y no encuentra la fuerza narrativa que debería tener.

El texto de Racconto, a diferencia de El guardián de los libros, hace foco en la identificación de los personajes como sustento de una puesta en la que todos salimos con el pecho hinchado de poderes tan súper y mega ultra esenciales que nos harán vivir aventuras reales de vuelta a casa.

Una aventura de náufragos
Los piratas del M.A.R lleva dos temporadas en la cartelera local, y con más de 50 funciones aún no logra aceitar una puesta integradora entre la misión de un texto por partes desconectado, actuaciones desparejas sobre todo en las escenas coreográficas-musicales y un dispositivo escenográfico que incluye pantalla sin aportar contenido ni sentido dramartúrgico.

La obra escrita, dirigida y protagonizada por Francisco Martín se queda en las buenas intenciones.

No conquista en su desarrollo argumental –que hace agua en varias partes- y apenas destaca algunos momentos de la aventura de marineros en busca de un tesoro perdido.

El Movimiento Artístico El Resorte, responsable de la puesta, afirma que "nos pusimos así porque somos muy saltarines". Y es verdad, no encuentran en Los piratas del M.A.R llegar a tierra firme, continúan buceando en clichés pasados de moda (la pelea de espadas de papel a esta altura debe asumir riesgos coreográficos, si no es poco creíble).

Esta historia de corsarios rescata el valor de la amistad y brilla con sus divertidas canciones donde reina la dulce voz de Luli Battistini (la Sirena, lástima que vaya a saber por qué fortuito destino narrativo pierde sin explicación su poder de encantamiento vocal como destreza y súper poder del personaje).

De todos modos, este grupo de entusiastas y jóvenes actores se lanza a una producción honesta cuyo navío tiene mucho más para darnos, seguramente.

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