espectaculos espectaculos
domingo 15 de mayo de 2016

Russell Crowe lo había mandado a freir espárragos

Tras doce días de rodaje con tigres bastante indisciplinados, el director quiso prohibir al actor que utilizase su día de descanso para practicar una de sus conocidas pasiones.

El rodaje de «Gladiador», en el año 2000, fue casi tan épico como el resultado en pantalla. No solo porque Russell Crowe tuvo que aprender a luchar con espada casi como un gladiador auténtico - de lo que se ocupó el maestro de lucha Nicholas Powell, que había trabajado previamente en «Braveheart»- sino porque tiene de realidad casi todo lo que hoy en día se resuelve con retoques digitales.

Miles de extras para las batallas, para llenar gradas del circo y unos protagonistas, los tigres, que pusieron al límite al actor principal.

Como los niños, los animales no son siempre todo lo disciplinados que un director quisiera. Los que participaron en las escenas en el coso con Russell Crowe decidieron hacer exactamente lo que les daba la gana. Así las cosas, todas las escenas que contaban con ellos tardaron en resolverse una eternidad, y solían acabar con el equipo derrengado, los domadores desesperados, el director crispado y el actor, Russell Crowe, con dolores en cada una de las esquinas de su cuerpo.

Este particular grupo de combatientes, a las órdenes de Paul Reynolds y Thierry Le Portier estaban criados en cautividad, y eran «mansos», «todo lo manso que un tigre puede», pero un montón de actores corriendo frente a ellos son «como juguetes para ellos» explicaba el domador «así que tuvimos que tener mucho cuidado»

Las secuencias principales con estos animales duraron 12 días de rodaje. Un contratiempo que obligó al equipo a hacer un día de descanso más de lo previsto. Quien no descansó fue el director de la cinta, Ridley Scott, que se dedicó a planificar el siguiente paso y a asegurarse de que los contratiempos fuesen mínimos.

Así pues tal y como ha narrado el protagonista, despertó en su hotel con una nota del director rogándole que no dedicase su descanso a la que es una de sus conocidas pasiones: el fútbol. No como espectador, sino jugando, que es algo que el actor neozelandés hace con frecuencia. «Por si te haces daño», añadía la indicación. Crowe recibió la nota con cierta indignación y sorpresa. «¿Puedo luchar con cuatro tigres, pero no puedo jugar un partido de fútbol? ¡vamos hombre!», escribía antes de despedirse con amor. Se fue a jugar un partido.

Fuente: abc.es

Dejanos tu comentario

Más Leídas