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domingo 13 de agosto de 2017

Ricardo Darín asume el poder

El gran actor protagoniza La cordillera, thriller político de Santiago Mitre que llega este jueves a los cines.

Ha sido un inventor de juguetes, un abogado sin licencia, un ladrón respetado, padre de una adolescente intersexual, sacerdote, piloto, un artista con cáncer terminal y hasta dueño de una ferretería. Si había un papel que le faltaba asumir a Ricardo Darín en la pantalla grande ese era como presidente de la Nación argentina. Y un día, a los 60 años y con más de 40 películas en su haber, el proyecto cayó en sus manos. Lo abrazó, lo desveló. No quiso dejarlo escapar.

A partir de este próximo jueves 17, llega a los cines de todo el país La cordillera, el drama político que lo tiene como protagonista y del que no se puede despegar fácilmente. Pese a que debe soltarlo al espectador para continuar con otros roles como el que le espera en España, en un thriller del oscarizado director iraní Asghar Farhadi en el que compartirá plató con los españoles Penélope Cruz, Javier Bardem e Inma Cuesta.

"La Cordillera" Teaser Trailer HD

Darín (Buenos Aires, 1957) se abre en una charla telefónica con Diario UNO no sólo a las bondades de La cordillera –tercer filme de Santiago Mitre– sino también al aprendizaje que le otorgó el haber sido atrapado en un relato complejo que se mete en la cocina de la política internacional para conjugarla con la parte íntima del protagonista. Aprendizaje a su vez el que le dejó rodar a tres mil metros de altura y compartir escenas con artistas de otras nacionalidades.

–Has abordado diferentes personajes en el cine. ¿Qué particularidad tuvo abordar el rol de un presidente argentino?
–En este caso Santiago (Mitre, el director) tuvo muy claro qué quería contar y cómo lo quería hacer. Fue respetar su opinión, su planteo y su proyecto. Siempre estuvo claro que se trataba de una historia de ficción y eso fue lo que hicimos. Razón por la cual la preparación del personaje se dio palmo a palmo acordada con él, en las lecturas previas, en los ensayos, en las discusiones de las escenas. Santiago fue muy abierto y permeable, me invitó a acompañarlo en esta reflexión permanente que uno hace cuando tiene entre manos un libro como éste que puede tener muchas significancias paralelas. La construcción del presidente Hernán Blanco fue esa. No nos propusimos hacer nada ni estereotipado ni que tuviera posibilidades de parecerse a nadie, tratamos de alejarlo de todos los personajes fácilmente reconocibles.

–La distancia del estereotipo se nota en el filme, más en un país de tanto vértigo político como el nuestro...
–Sí, los argentinos tenemos mucha atención puesta en todo lo que sea político, siempre, no sólo en este momento de elecciones que estamos viviendo.

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–Has manifestado tu deseo de asumir más roles de villanos que de héroes. ¿Pudiste canalizarlo en Hernán Blanco, un personaje que juega todo el tiempo con la ambigüedad?
–Sí (risas). Pero lo que en realidad puede desentrañar su verdadero rostro es el hecho de esperar el rebote en la audiencia, que es para quien está hecha la película. Es una de esas películas en las que cada uno como espectador va a poder interpretar lo que quiera. Hay decisiones tomadas por algunos personajes que algunos podrán cuestionarlas y otros tomarlas como lógicas o normales. Eso es lo que plantea Santiago: provocar al espectador para ponerlo en la cinta transportadora de la reflexión personal.

–Esa cocina del mundo político que muestra el filme, en el contexto de una cumbre de presidentes como hace poco tuvo lugar en Mendoza, ¿creés que es tal como la imagina el ciudadano común?
–Yo no sé si ocurre de esa forma. Pero lo que plantea la película es eso de que nosotros quizás no estemos nunca al tanto de cómo se cocinan las cosas en realidad. Eso es uno de los valores de esta historia. Nos deja espiar un poco por el ojo de la cerradura y vislumbrar cómo en realidad se tejen determinadas cuestiones en este tipo de reuniones de presidentes. Es que cuando uno analiza a un funcionario o mandatario, pocas veces lo hace desde el punto de vista humano. Siempre nuestra pulsión natural es juzgarlo por su trabajo dentro de la función pública. Nos olvidamos que detrás de ese personaje hay un ser humano que tiene sus propios problemas familiares, íntimos, personales. Eso me resultó una de las cosas más atractivas del libro: ver cómo un funcionario público de alto rango tiene que lidiar no sólo con el poder sino también y en paralelo, en el mismo espacio y tiempo, con un problema gordo personal, familiar. En la vida real no tenemos acceso a esa mirada, no lo visualizamos.

–¿Cómo fue rodar en las alturas?
–Fue duro (risas). Una cosa es planearlo y otra es estar ahí, a más de tres mil metros de altura, con un sol que te calcina y la falta de oxígeno. Fue duro, duro, duro. Yo lo pasé mal los primeros dos o tres días hasta que se me pasó el mal de altura. Pero otros del equipo la pasaron peor... tuvimos situaciones complejas. Igual, por suerte no pasó nada grave.

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Elenco internacional. El brasileño Leonardo Franco, la chilena Paulina García, Darín y el mexicano Daniel Giménez Cacho, en la cumbre de presidentes.
Elenco internacional. El brasileño Leonardo Franco, la chilena Paulina García, Darín y el mexicano Daniel Giménez Cacho, en la cumbre de presidentes.

–¿Y la experiencia de compartir escenas con un elenco internacional?
–¡Fue fantástico! Con Elena (Anaya) ya nos conocíamos. Pero tuve oportunidad de conocer a otros actores y fue hermoso desde todo punto de vista. Porque se cumplió aquel axioma que hemos escuchado tantas veces y que difícilmente se cumple que es esa cosa fraternal, esa hermandad latinoamericana de la que siempre hablamos pero pocas veces ponemos en funcionamiento. Era de esperar porque el guión lo pedía. Estoy muy impresionado con todo lo que me llevé como aprendizaje. Cuando tenés esa sensación de que estás aprendiendo algo y compartiendo con la gente es donde uno encuentra una dimensión distinta a su trabajo. Va más allá de la responsabilidad específica con el trabajo, hay algo que cubre la parte humana que te hace sentir muy pleno. Conocí en acción a Daniel Giménez Cacho, el mexicano que es un excelentísimo actor, conocí al chico americano (Christian) Slater.

–Hablás de aprendizaje como si el tiempo no pasara en tu carrera, siendo el actor más celebrado del cine iberoamericano...
–Es que cuando me refiero a aprender y a sacarle el jugo a cada experiencia es porque es la parte más interesante que nos ofrece este oficio. La oportunidad de incorporar conocimientos, de ver cómo se hace en otros lugares, de cotejar y darte cuenta de que más o menos todos pasamos por lo mismo. Eso es una parte exquisita de mi oficio como actor y yo he decidido no perdérmela. Es como viajar, conocer otras culturas, otras formas de hacer las cosas.

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–Y en este tren de aprendizajes, te irás a España para filmar bajo las órdenes del iraní Asghar Farhadi...
–Sí, ahí pego un salto... en estilo y formas y dinámica. Tengo mucha información y mucha expectativa sobre cómo trabaja Asghar, lo admiro mucho. Él no habla español, yo no hablo iraní, nos estamos manejando con un inglés que es más propio de la selva que de la ciudad (risas). Pero nos entendemos bien. Además, el placer de trabajar con dos amigos, a los que quiero mucho, que son Javier (Bardem) y Penélope (Cruz). Y también va a estar Inma Cuesta, mi gran amiga con quien hicimos Kóblic. Este nuevo proyecto es otro salto. Es un nuevo aprendizaje. Si estoy muy atento y la naturaleza me ayuda voy a tratar de asimilar toda esa experiencia.

–Además del cine, también estás con un éxito teatral, "Escenas de la vida conyugal", obra con la que se van a girar por España con Érica Rivas. ¿La televisión es tiempo pasado en tu carrera?
–No sé si ha quedado lejos. El tema es que algo ha ocurrido en la cuestión de contenidos. Yo fantaseo con hacer algo en televisión. Posiblemente una oportunidad sea el tan mentado tema de las series vía streaming. Quizás porque tienen más cuidado con los contenidos, no porque aquí no se haga bien sino por la cuestión del contenido. Lo mismo que con la tele me pasa con el cine: si me engancho con el cuento, me subo al proyecto. Y al estar más relajado con una dinámica diferente del teatro y el cine, a comparación de la dinámica feroz de la televisión, eso me permite cuidarme y elegir mejor. Pero nada más. No tengo nada contra la televisión.

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–Con tu larga y prolífica carrera, ¿pensabas que hoy ibas a encontrarte formando una productora junto a tu hijo (el actor "Chino" Darín)?
–La verdad es que no. Yo lo único que quería era trabajar menos y no me está saliendo, no me dejan (risas). Yo entendí lo que él me planteó en un momento y soy de apoyarlo y seguirlo porque soy de los que creen que para entender cómo va a ser el futuro tenemos que escuchar muy bien y atentos a los más jóvenes. Y mi hijo es un tipo muy inteligente, muy capaz y trabajador. Me pareció que en ésta lo tenía que bancar a muerte. No sé cómo nos irá, pero estamos muy contentos. Es una oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos si somos capaces de hacer cine como creemos que hay que hacerlo.
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