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jueves 12 de mayo de 2016

Ravel con la mano izquierda y el color de un gran director

Liszt, Ravel y Roussel en primera audición, constituyeron el repertorio que entregó la Orquesta Filarmónica de Mendoza bajo la conducción de Nicolás Rauss, como director invitado y Javier Villegas, como solista al piano.

Por Cristina Alfonso
(Especial para UNO)

Liszt, Ravel y Roussel en primera audición, constituyeron el repertorio que entregó la Orquesta Filarmónica de Mendoza bajo la conducción de Nicolás Rauss, como director invitado y Javier Villegas, como solista al piano. Fue una propuesta del Teatro Independencia, particular y con muy buena acogida.

Cuando el encargado de la batuta es el maestro suizo Nicolás Rauss, seguro que el repertorio es novedoso, particular y condimentado con oportunos comentarios.

La Orquesta Filarmónica de Mendoza presentó en el Teatro Independencia, a Javier Villegas, joven pianista sanjuanino que cuenta ya con una buena trayectoria, premios y viajes de estudios por Europa.

Compenetrado del carácter tenso y virtuoso del Concierto para la mano izquierda en re mayor, del francés Maurice Ravel (1875-1937), el pianista dio buena muestra de las particularidades técnicas y de la diversidad de toques que hay que lograr para poner de manifiesto, con una sola mano, el diseño de la línea melódica, rescatándola del acompañamiento ayudado por pedales.

Esta composición, encargada por el pianista austriaco Paul Wittgenstein -hermano del filósofo Ludwig Wittgenstein- quién perdió su brazo derecho durante la Primera Guerra Mundial, fue compuesta entre 1929 y 1931, paralelamente al Concierto para piano en sol. A diferencia de los conciertos clásicos, está basado en un único movimiento y pertenece al último período creativo, con reminiscencia jazzística.

A lo largo de la obra, de unos 20 minutos de duración, hubo riesgosos arpegios e impetuosos crescendos, glissando en la extensión del teclado, contrastes súbitos de matices, en fin, la obra tiene de todo, basta recordar la cadenza espectacular del final, en la que Villegas debió mover la mano de uno a otro extremo del teclado, con rápida sucesión de arpegios y, al mismo tiempo, resaltando una superposición melódica. Villegas es un pianista prometedor de tan sólo 25 años y que va por el camino correcto hacia la madurez artística.

Con entusiasmo juvenil agradeció los aplausos ofreciendo dos piezas fuera de programa: la enérgica Danza del gaucho matrero, que es la tercera de las Danzas Argentinas op. 2 (1937), compuesta por el argentino Alberto Ginastera (1916-1983) e Improvisación (Bat Batian) de los Preludios Vascos (1912-1918). Estos preludios, que pintan las melodías, el paisaje y el alma de aquellos pueblos, fueron compuestos por Aita Donostia (Padre Donostia, 1886-1956), escritor, musicólogo, compositor y organista español.

La primera obra del programa fue la Rapsodia Húngara n° 5 ("Héroïde-élégiaque") del compositor romántico austro-húngaro, Franz Liszt (1811-1886), en su versión orquestal adaptada por Franz Doppler y revisada por el propio compositor. La rapsodia tal como la conocemos hoy comenzó a desarrollarse justamente con Liszt en la segunda mitad del siglo XIX. A la estructura libre se le añadió melodías de inspiración folklórica y popular que reflejan los pensamientos e ideales nacionalistas de la época. Por lo general, la fuente inspirativa de estas obras virtuosas originales para piano, era el lugar de procedencia del autor.

Posteriormente, la transposición de estas piezas, a pequeños grupos instrumentales y a la orquesta, realizando versiones de sus propias rapsodias húngaras, fue el otro gran aporte de Liszt al género rapsodia.

Como cierre se escuchó la Sinfonía n° 3, en sol menor, op. 42 de Albert Roussel (1869-1937), en primera audición. Roussel, compositor francés de comienzos del S. XX, fue contemporáneo de Ravel y de Debussy.

La Sinfonía no. 3 fue compuesta en 1929-30, para celebrar el 50 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Boston. La première tuvo lugar el 24 de octubre de 1930, en Boston, con la propia orquesta y bajo la dirección de Sergei Koussevitzky (ruso, 1874-1951). Es una obra de unos 24 minutos de duración, de estilo neoclásico, escrita en lenguaje tonal y con estructura tradicional de cuatro movimientos: el primero, vivo con algunas disonancias, el segundo lento y apasionado con bellos pasajes de las cuerdas y maderas, el tercero es un scherzo bien animado con compases virtuosos para maderas y el último, alegre con espíritu.

El ensamble de las partes, los momentos protagónicos destacados de las cuerdas, el solo de viola, los vientos y la percusión, la resolución de las complejidades rítmicas, los solos del concertino brasileño (José F. Pereira Neto), fueron logros resaltados por la batuta decidida y serena de Rauss. No es para menos, puesto que es la suma de versatilidad y solvencia que posee el director, producto de abordar numerosos compositores y estilos. Como dijimos al comienzo, fue un concierto singular, con el color de un gran director.

FICHA TÉCNICA
Teatro Independencia
Temporada oficial 2016
Orquesta Filarmónica de Mendoza
Director Invitado: Nicolás Rauss
Solista: Javier Villegas (piano)
Viernes, 6 de mayo, 21.30 hs.

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