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sábado 27 de agosto de 2016

Radagast: ningún hombre es una isla

En su sitio web, este showman se define a sí mismo como un "payaso desfachatado, idealista y creador de mundos".

Hay un verso metafísico que dice que ningún hombre es una isla y significa que ningún hombre puede vivir y funcionar en soledad. Sin embargo, el humorista porteño Agustín Aristarán, Radagast, desafía tal proverbio y demuestra que él solo puede entretener y mucho.
A fuerza de una rutina original con la que no sólo hace reír, sino que además, combina instrumentos exóticos, clown, danza, canciones que él mismo interpreta, dramatizaciones y anécdotas, la de Radagast es una experiencia teatral única.
El suyo es un show desopilante que une el absurdo, lo contingente y el desparpajo. Si bien él es comediante, no cuenta chistes en el sentido clásico de la palabra y lo cierto es que su uso indiscriminado de diversos lenguajes, vuelve sus eventos artísticos inclasificables.
En su sitio web, este showman se define a sí mismo como un "payaso desfachatado, idealista y creador de mundos".
Tras recibir excelentes críticas en Buenos Aires y en el exterior, el joven llega a Mendoza en el marco de una gira nacional para presentarse esta noche, en el teatro Selectro.
La función será a las 21 y las entradas ya están a la venta en la boletería de esa sala.
Dialogamos con Radagast para conocer más de su peculiar visión del arte y adentrarnos en el mundo de este payaso 2.0, que usa las redes sociales para darse a conocer.

–¿Cómo definirías el espectáculo que traés a Mendoza?
–Es un espectáculo multidisciplinario que incluye comedia, stand up, magia, clown y en el que bailo, canto y hago música en vivo. Podés decir que es un show multidisciplinario o antidisciplinario, porque tiene todo a la vez. Todo está apuntado a que la gente se divierta, pero también que se sorprenda mientras ve lo que hago. Es un unipersonal porque hago todo solo arriba del escenario.

–¿Qué instrumento tocás?
–Son unas campanas con las que hago melodías, pero con las que también la gente se ríe. Canto yo también durante el show.

–¿A dónde has llevado este espectáculo?
–En Buenos Aires lo he presentado varias veces y ya lo he llevado por gran parte del país. Estuve en Colombia, donde la recepción fue muy buena, lo mismo que en Venezuela. En setiembre me voy de gira por Chile y España.

–¿Por qué creés que resonó tan bien con el público extranjero?
–Creo que tiene que ver con el hecho de combinar tantos elementos y no hacer solamente chistes. Es verdaderamente un espectáculo multidisciplinario. No te da tiempo a pensar o a aburrirte porque está todo unido y una cosa está unida a la otra. Por otro lado, no hablo de actualidad ni de política, entonces la gente del exterior no queda afuera o sin entender.

–¿Cómo empezaste en esto?
–Jugando. Cuando era chico, siempre jugaba a ser mago y a tratar de hacer reír a quien sea que estuviera de visita en mi casa. Empecé a trabajar como animador a los 12 años y no tuve tiempo de pensar a qué me quería dedicar: simplemente lo hice. Se fue dando solo, creo que toda mi vida hice esto.

–El humor en la Argentina, sobre todo el independiente, está atravesando un muy buen momento...
–El stand up le ha dado mucha prensa a la comedia. Si bien yo no me considero standapero, uso mucho los recursos del stand up para mi show. A mí como espectador, me gusta que el stand up me deje algo más y no quiero ver solo una persona monologando y eso es lo que busco con mis espectáculos.

–¿A qué atribuís que los comediantes se hayan convertido en personalidades?
–Las redes sociales permitieron que con mucha facilidad, la gente se pudiera conectar con comediantes que no conocían y conocer qué tipo de trabajo hacen, cuál es su estilo. Además, la gente empezó a consumir mucha comedia norteamericana, también gracias a las redes sociales y a los canales de televisión de afuera, y eso los empujó a ver cosas locales. Digamos que la gente también se empezó a convertir en un público un poco más exquisito, que buscaba y sabía qué tipo de humor quería ver.

–¿Quiénes son tus referentes?
–Alfredo Casero, sin duda. También los Monty Python, Buster Keaton y los hermanos Marx. Me gustan los tipos que han mezclado el texto con el cuerpo y el absurdo, que es lo que a mí más me copa del humor.

–¿Dirías que todos los públicos son iguales?
–No. En cada zona, cambian las personas, por ende, ningún show es igual a otro; pero en el fondo, todos nos reímos de lo mismo. Con más efusividad o menos efusividad, pero ahí está justamente la tarea del comediante: entender por qué lado va ese público y cómo podés ser más efectivo.

–¿Qué planes tenés para el resto del año?
–Me voy a Europa y a Chile. Después, haré dos shows grandes en el Paseo La Plaza, de Buenos Aires, y a fin de año despediré el año en el ND Ateneo. Además, estoy haciendo un programa para Telefé, que se verá por las redes sociales.
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