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martes 14 de junio de 2016

Proyectan una copia recuperada y restaurada de "Las cosas ciertas"

El cortometraje, que fue rodado en 1965 en un ingenio azucarero en Tucumán, refleja las difíciles vivencias de los trabajadores golondrina.

Una copia recuperada y restaurada, después de décadas de extravío, de la película "Las cosas ciertas", en la que el recordado cineasta Gerardo Vallejo expuso las condiciones de explotación que sufrían los trabajadores golondrina tucumanos, se verá por primera vez públicamente el jueves próximo con entrada libre y gratuita en el Espacio Tucumán de la ciudad de Buenos Aires.


El cortometraje, que fue rodado en 1965 en un ingenio azucarero en Tucumán, refleja las difíciles vivencias de los trabajadores golondrina, los mismos personajes que sirvieron al director como antecedente de su largometraje "El camino a la muerte del Viejo Reales", obra fundamental del documental político latinoamericano de la época.

La proyección del filme -que fue premiado en el Primer Festival de Cine Latinoamericano de Viña del Mar, en Chile- tendrá lugar este jueves a las 19 en Suipacha 140, como parte del ciclo "Viajes y territorios. De la colonia al Bicentenario".

"Las cosas ciertas", que tiene una duración de 25 minutos, fue recuperado por la Escuela de Cine de Tucumán, el Incaa y Cinecolor, por iniciativa de la Fundación Gerardo Vallejo.

En esta oportunidad, además de su proyección, dialogarán con el público Eva Piwowarsky, realizadora y viuda de Vallejo, y el ensayista y crítico Emilio Bernini.

El filme fue el corto de graduación de Vallejo en la Escuela Documental de Santa Fe y su narración está centrada en dos hijos del viejo Reales, Ángel y el Pibe, y en su largo viaje en tren hacia la provincia de Río Negro para la cosecha de la manzana.

En off, uno de ellos reflexiona sobre su vida de trabajador golondrina y la de su familia, y en un monólogo interior parece alcanzar cierta toma de conciencia respecto de su condición y de las dificultades del cambio social.

Vallejo construye su denuncia a través de un contrapunto entre la banda sonora y la banda de imagen; en el final, con el tren detenido en una estación del interior del país y la cámara subjetiva que capta a los niños vendiendo o mendigando en el andén, se escucha una canción de Palito Ortega.

Este recurso se enmarcó en la búsqueda de un nuevo lenguaje que permitiera la emergencia de una verdad más profunda que, a fines de los 60, ya no se concebía de ningún modo transparente y en cuyo rescate la intervención del realizador tuvo una función fundamental que cumplir desde la forma cinematográfica.
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