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lunes 05 de septiembre de 2016

"Prefiero proponer al espectador una película desde una zona desconocida"

Gaston Solnicki presenta este martes en la prestigiosa sección Orizonti del Festival de Venecia "Kekszakallu".

Gaston Solnicki presenta este martes en la prestigiosa sección Orizonti del Festival de Venecia "Kekszakallu", una película que dentro de su filmografía es un tránsito a la ficción luego de sus logrados documentales "Suddën" y "Papirosen", y en la que sostiene la tensión de hacer un cine que no responde a una estructura narrativa previa ni a un formato ya concebido sino que explora desde la libertad de los materiales y las memorias.

Inspirado en una versión libre de "El castillo de Barbazul" (de ahí el término Kekszakallu, que es Barbazul en húngaro), ópera de Bela Bartok estrenada en 1913 y que como "un volcán en erupción continua" preanuncia o dibuja algunas de las trágicas situaciones por las que atravesará Europa con dos guerras por venir, el filme nace del intento de explorar cierta angustia propia de los veraneantes en tiempo de ocio y se dispara en múltiples direcciones, construyendo un relato sobre la angustia de vivir y las dificultades de enfrentar el mundo desde una mirada que no desdeña el humor y que está atenta a posibles pasos de comedia.

Situado desde hace unos días en el Lido de Venecia, donde la película comienza un raíd que la llevará luego a Toronto y Nueva York, Solnicki dialogó con Télam sobre cómo fue construida y pensada "Kekszakallu" y sobre su concepción del cine.

- "Kekszakallu" es una película que sale del registro puramente documental de tus películas anteriores.
- Para mí esta película es una transición a la ficción, está hecha sin guión y en muchos aspectos el camino recorrido tiene mucho en común con mis trabajos anteriores, en el sentido de que no nació de una estructura previa ni narrativa ni financiera donde yo tenía claro de qué hablaba la película ni cuáles eran los personajes, nació más desde los materiales.

- ¿Y cómo fue el tránsito?
- Es un paso hacia la ficción en el sentido de salir de ese lugar de espiar y creer que algo tiene valor solo porque uno puede estar ahí donde quizás no debería y animarme a ver qué pasa si uno empieza a plantarse, tratar de no manipular tanto los materiales y al espectador, no estar tanto con la cámara en mano, que era la impronta de mis películas anteriores y del registro documental. Inclusive, si mis pelis anteriores ya trabajan desde el documental ciertos códigos formales, más propios de la ficción, en esta, profundicé eso.

- ¿Cómo arrancó el proyecto?
- El punto de partida fue mi deseo de buscar una relación entre "El castillo de Barbazul", la única ópera que escribió Bartok, y otro nivel más personal, que cuando pensé la película no era tan claro y cuando la filmé quizás tampoco. En todo caso empezó con equipos de bastante precisión y muy pesados junto a un grupo muy concentrado de gente que fuimos a Uruguay un verano detrás de una pista concreta.
Además de esta pista que tiene que ver con una sobrina mía que aparece en la película, yo pasé gran parte de mis veranos en Punta del Este y conozco la angustia que atraviesan los veraneantes en esa playa, que para mí es un lugar que tiene un montón de niveles y que como universo social y cultural tiene una representación masiva por las revistas de chimentos, los culos y las tapas de Gente y que para el que la conoce puede ser otra cosa.

- ¿Y entonces?
- Yo sentía que ahí había un universo riquísimo y nada visitado que podía ser explorado cinematográficamente, más en un momento en que asistimos permanentemente a repeticiones de modelos de películas con los mismos actores y mal dirigidas y uno se pregunta sino es más interesante probar y proponer al espectador una película desde una zona desconocida, como es el caso de esta y de muchas otras que se hacen en el cine argentino.

- ¿Cine experimental?
- No, no hablo de un cine experimental ni de un cine que le da la espalda al espectador y parte de un vínculo roto, sino de un equilibrio donde el hecho de que no se parta de una estructura narrativa fija no signifique que después no se pueda leer la película con cierta claridad. Volviendo al comienzo, digamos que la película está inspirada desde sus materiales cinematográficos en todo el trabajo de recopilación y recreación de las tradiciones orales folclóricas que hizo Bartok en Barbazul pero no tiene nada que ver con una representación de la ópera.

- Resulta difícil de pensar y sostener esta suerte de vacío que hay en la propuesta de hacer un cine con estas características.
- Fue muy difícil sostener no solo mis angustias e incertidumbres sino las de todo el equipo de filmación. El primer día de rodaje en Buenos Aires (luego de la experiencia en Punta del Este, y donde continúa el hilo narrativo del filme) tenía 40 grados de fiebre y no quería salir de la cama (risas). Pero más allá de eso lo interesante para mí fue mantener esa espontaneidad, esa artesanalidad de una película sin una concepción previa pero que logre llegar a un lugar donde el espectador puede recibir información y ordenarla.

- ¿Y cómo se termina de armar?
- Son películas que se escriben más en la edición, ni siquiera cuando la filmás. No es una ficción porque uno diga ahora pasa esto y ahora pasa lo otro, toma 1 toma 2, sino porque a las situaciones ficcionales que vas creando o vas tomando las ponés en función de un sentido narrativo, que se da a partir de la manera como unís y ordenás esos materiales, y a veces no tenés nada hasta que encontrás ese punto que hace lazo y empezás a armar.

- ¿Cómo fue filmada?
- Además de lo anterior, tiene la particularidad de que es una película con dos directores de fotografía y un lente, utilizado con toda su versatilidad de planos. Además, está mezclada de un modo muy poco convencional. La aproximación al sonido es extraña porque propone una cantidad de información enorme y está llena de contrastes. En general, las películas se mezclan de determinada manera profesional y estándar pero acá hay un rango dinámico muy amplio y muy poco habitual, ya que utiliza una frecuencia tomada de una ópera. En un momento está ahí abajo y luego sube, eso en la sala va a ayudar a una respuesta más física y emocional del espectador, va a ayudar a empujarlo más adentro.

- ¿Cómo analizás esta participación en Venecia?
- Me siento muy afortunado. Es muy difícil que estas películas hechas sin apoyo estatal, hechas de una manera distinta como la industria pretende que se hagan las películas -lo que genera que todas se parezcan entre sí- pueda llegar a Venecia, y eso ayuda porque ya le abre un camino importante en otros festivales, que es lo que le da visibilidad y después le puede garantizar la exhibición.
Fuente: Télam

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