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domingo 09 de octubre de 2016

Pasó de dibujar historietas a los 6 a recibir el premio a mejor director

El mendocino recibió el galardón de los premios Cóndor por su tercer largometraje Eva no duerme. Dirigió su primer corto a los 15 años sin tener televisión ni conocer nada de cine

"Crecí sin electricidad ni agua corriente, en un pueblo sin cine", dice, desde algún lugar de Europa, este mendocino que esta semana recibió la distinción como mejor director en los premios Cóndor por su último largometraje.

Pablo Agüero nació en Mendoza en 1977, pero la mayor parte de su infancia la pasó en el extremo sur de Río Negro, en el Bolsón. Ahora, ese niño de dedos partidos por el frío es mencionado por su Eva no duerme, su tercer largometraje, en donde actúan el mexicano Gael García Bernal, el español Imanol Arias, el francés Denis Lavant y el argentino Daniel Fanego, entre otros actores, y que ya había obtenido reconocimientos internacionales después de ser entrenada en noviembre del año pasado.
Empezó a dibujar historietas a los 6 años, cuando casi ni siquiera las había leído. "Había aprendido a leer a los 5 años, leyendo los carteles en la calle, y me puse inmediatamente a dibujar y a escribir, a inventar historias. Creo que era una forma de sobrevivir emocionalmente a circunstancias muy duras", cuenta el mendocino.

Y luego con el cine le pasó algo similar. Dirigió su primer cortometraje en un taller de la escuela secundaria, a los 15 años, sin conocer nada del cine y sin tener televisión. Ese cortometraje ganó los tres premios de un festival, lo que le permitió comprar su primera cámara, una VHS con la que hizo toda clase de experiencias. "Es decir que nunca fui cinéfilo, nunca hice un cine de referencias. Desde el principio, el cine ha sido para mí una extensión de la vida, sobre todo de la vida interior. Pero, por supuesto, luego hice lo posible por enriquecer mis conocimientos cinematográficos y mi cultura general. Me parece que ser un autor de cine es ser un estudiante eterno", remarca sobre su formación como realizador de cine.

Podría decirse que ahora no tiene una residencia fija. Va y viene por el mundo. "Sólo vivo del cine y para el cine", afirma. En alguno de los tantos reportajes que ha dado en los últimos meses, reconoció que eso ha significado pagar costos altos, como el de "no saber dónde dormir o no tener plata para pagar ni un café".

También ha aceptado que el irse a Europa (ahora está en Francia) fue parte de la búsqueda de seguir desarrollando su carrera con mayores posibilidades de lograr la supervivencia.

"He estado en casi una decena de residencias internacionales de escritura, que me hicieron moverme de un lado a otro. También ahora estoy desarrollando proyectos en Argentina, Francia y Japón", cuenta, y recuerda que entre sus domicilios más prolongados "estuve en una residencia llamada Groupe Ouest, en Finisterre, en dos pueblitos minúsculos llamados Brignogan y Plouneour Trez".

Pero lejos de esta vida actual y casi febril, hubo un niño. "Debo confesar que soy un poco reacio a hablar de mi vida personal, prefiero preservar la intimidad y en cambio compartir mi trabajo", sostiene. Pero acepta contar que "mi película Salamandra es bastante cercana a lo que fue la realidad de mi infancia. Nací en Mendoza, en plena dictadura, y me crié en la Patagonia, en los albores de la democracia. Crecí sin electricidad ni agua corriente, en un pueblo sin cine. Siento que esa experiencia determinó mi visión futura del arte cinematográfico".

Salamandra y Primera nieve, un largometraje filmado por Agüero en 2008 (con Dolores Fonzi y también con Daniel Fanego) y un cortometraje de 2006, tienen la misma base autobiográfica: un niño y su madre viviendo junto al cerro Piltriquitrón, entre los ríos Azul y Quemquemtreu, en la particular comarca de El Bolsón. Sin luz ni agua, calentándose a leña y con una situación económica y social compleja.

Más allá del silencio de Pablo, no es difícil presumir su infancia. Tampoco es difícil detectar que, más allá de ser nacido en Mendoza, la Patagonia lo ha marcado irremediablemente, tanto que algunos de los proyectos que está gestando están nuevamente ambientados en territorio mapuche.

"¿Pensás volver a vivir allí?", le preguntan. "Siempre estoy volviendo. Vivo una parte de mi tiempo en la Patagonia. Necesito ese contacto con lo salvaje y esencial para nutrirme. En el fondo, hay un punto en común entre estar en medio de la cordillera desierta o en pleno centro de una gran capital del mundo: la inmensidad te recuerda que sos ínfimo".

Más allá de los premios que ahora le llegan por Eva no duerme, Pablo Agüero ya había obtenido reconocimientos por varias de sus obras anteriores. Su video Más allá de las puertas, aquel que él recuerda haber hecho con 15 años y "sin conocer nada del cine y sin tener televisión tampoco", ganó el primer premio de la Bienal Patagónica de Cine Joven. Lejos del sol fue galardonado en el Bafici, y Primera Nieve, por el Jurado de Cortometrajes en Cannes 2006. Su proyecto Salamandra fue apoyado por varios eventos e instituciones cinematográficas.

El embalsamador en la piel de Imanol Arias
El español Imanol Arias encarna a Pedro Ara, el embalsamador, y estudió casi con obsesión su personaje. Quizás sea el más fuerte de la película.

"Pedro Ara es un aragonés que nace a principios del siglo XIX. Se doctora en la universidad de Zaragoza y luego se forma en la Alemania de la pre Primera Guerra Mundial recomponiendo cadáveres de grandes militares que llegaban destrozados para entregarlos a las familias. Allí empieza a perfeccionar una técnica que tiene más que ver con la reconstrucción y con la plastificación de los cadáveres", contó Pablo Agüero en un reportaje en España.

Ara es llamado por la Unión Soviética para embalsamar a Lenin y se niega porque no quiere embalsamar a nadie con poder ni con ideología, pero un alumno suyo lo hace. Luego se traslada a la Argentina, a la Universidad de Córdoba, donde ya existía "una moda de recomponer los cadáveres de las grandes familias para repatriarlos a España", relató.

"Ara era un hombre conservador, monárquico, ultrarreligioso, que detesta a las masas, que se siente perturbado y asqueado por los pobres que ve en Buenos Aires. Lo convoca un ex alumno suyo y ministro de Perón para concretar el proyecto de embalsamar a Eva, un proyecto que Perón en el fondo no quería que avanzara y que el propio Ara se negó a aceptar. Lo que sí aceptó fue conocer a Evita".

Según contó el actor, el médico conoció a Eva el día del renunciamiento y que incluso en algunas de las fotos de esa jornada se lo puede ver en el balcón junto al general y su comitiva: "Allí en el balcón, Ara se encuentra con una mujer que tiene 32 pulsaciones por minuto y una presión arterial de 4-2, que apenas puede hablar. Pero ve cómo ella escucha que el general dice algo que no estaba previsto.
Perón tenía que anunciar que ella iba en la dupla presidencial y no lo hace. Entonces observa cómo se levanta esa mujer con esta tensión imposible, adquiere 190 pulsaciones por minuto y con esa voz que antes era apenas audible consigue comunicarse y emocionar a dos millones de personas. Ahí él entiende que desde el punto de vista médico hay algo interesante en la labor de embalsamar a Eva y por eso se compromete a trabajar con ella ejerciendo la técnica de la parafinación, que es muy peculiar porque se realiza sin que el cadáver reciba ningún rasguño y conservando intactos todos sus órganos".
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