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jueves 08 de septiembre de 2016

Oscar Martínez, feliz como si presentara dos películas en Venecia

Desde el Festival de Venecia, donde presentó dos filmes, el actor habla de su gran momento con el estreno de El ciudadano ilustre.

Oscar Martínez acaba de llegar a Venecia para la exhibición de dos filmes que lo tienen como protagonista, El ciudadano ilustre, que recibió una ovación de pie en la Selección Oficial de la Mostra, donde compite por el León de Oro, e Inseparables, la lograda remake de la comedia francesa Amigos intocables que protagonizó con Rodrigo de la Serna y Alejandra Flechner, y que se exhibe en la sección Cinema nel Giardino.

El actor, que este año también protagonizó Koblic llegó a Venecia desde Madrid, donde se encuentra rodando la versión española de la mundialmente exitosa obra teatral Toc Toc sobre los trastornos obsesivos compulsivos, donde es el único argentino de un elenco dirigido por Vicente Villanueva y, como no podría ser de otro modo, oficia de psicoanalista.

Sobre esta extraña situación, inédita para el cine argentino, de estar presente en Venecia como protagonista de dos filmes, Martínez cuenta cómo se enteró: "Fue genial, porque me estaba duchando cuando recibí el llamado telefónico de Marcos Carnevale (director de Inseparables), donde me avisaba que íbamos a Venecia, pero lo extraño no fue eso sino que 10 minutos más tarde, todavía con la toalla en la mano, me llama Gastón Duprat (uno de los directores de El ciudadano ilustre) para contarme que habíamos quedado en la competencia oficial".

"Fue algo increíble, aun no caía de la alegría que me había causado el llamado de Marcos cuando recibí el de Gastón, fue sorprendente y no solamente no es muy común, es maravilloso", asegura.

En El ciudadano ilustre, cuarta película de la dupla conformada por Mariano Cohn y Gastón Duprat, con guión del actual director del Museo de Bellas Artes, Andrés Duprat, que esta semana se estrena en la Argentina, Martínez compone a un Premio Nobel de Literatura que –ante el vacío creativo y en una vida que no promete aventuras– decide dar pie a una invitación que le llega de Salas, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires donde nació y vivió hasta los 20 años y que abandonó para no volver más, aun cuando se transformó en el escenario de todas sus novelas.

En la terraza del hotel Excelsior, y donde desfilan distintos personajes del cine mundial, en una soleada y agradable mañana en el Lido de Venecia, Oscar Martínez se presta a un amable mano a mano con la agencia Télam en el que habla sobre el filme de Duprat-Cohn y de la consolidación del cine argentino.

–¿Cómo fue construir el personaje de un Premio Nobel?
–Fue un personaje que asumí con mucho interés y placer, me sentí muy cómodo, el mundo de la literatura no es un mundo que me resulte ajeno sino todo lo contrario, digamos que uno no puede dedicarse seria y profundamente a muchas actividades y menos las artísticas y mi destino estuvo marcado por lo teatral, pero la escritura (Martínez posee tres obras de teatro escritas por él) no es algo lejano sino muy próximo.

–Tampoco encaraste al típico Premio Nobel o al escritor de la buhardilla...
–No, y creo que eso fue un acierto de los directores, este escritor está en otro registro, igualmente tiene dos rasgos distintivos: uno es un carácter relativamente fóbico, un tipo que no disfruta en absoluto sino que padece su celebridad y, por otro, es un tipo que atraviesa un vacío creativo, es como que el Nobel fue un reconocimiento pero también una condena, como si viniera a anunciar el fin de su aventura creativa y es un poco por eso que decide volver al pueblo del que se fue 40 años atrás, y lo hace corriendo todos los riesgos.

–Un pueblo en el que tiene parte de sus afectos, pero al que nunca volvió...
–Es como que huyó de ese lugar pero igualmente es un lugar importante, por un lado porque todas sus historias, todas sus ficciones, transcurren allí y ese es en parte el malentendido con la gente del lugar, y por el otro porque además de ser el lugar de su infancia tiene allí a sus padres enterrados, a sus afectos, pero él en determinado momento, y esto no lo cuenta la película, decide salir de ahí, creo que para escapar del destino que propone.

–Un pueblo que da la impresión en la película que pudiera ser una cierta metáfora de la Argentina...
–Sí, sin duda, creo que ese pequeño pueblo se puede amplificar, puede haber un espejo deformante, la manera como ese intendente hace política, la ignorancia, el chauvinismo, la violencia, son todos elementos que los argentinos no desconocemos, sino todo lo contrario.

–También la película juega todo el tiempo entre los bordes de la realidad y la ficción que, como decías, puede ser uno de los puntos de todo el malentendido que se suscita...
–Sí, también todo podría ser una ficción, todo lo que sucede podría ser incluso algo que el escritor escribió y no sucedió nunca.

–El caso de las actuaciones es algo que el cine argentino viene sosteniendo con mucha eficacia y que quizás 10 o 15 años atrás no sucedía, mientras que en la actualidad cada vez más películas se sostienen también desde ahí y eso es fundamental para la industria y para el alcance masivo del cine con el público local.
–Sin dudas, el actor es el primer nexo, es una llave de oro, y creo que eso está muy consolidado, cada vez más. Es lo mismo que sucedía cuando tuvimos la época de oro del cine nacional, entre las décadas del '40 y el '50, en que había tremendos actores como Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Niní Marshall, que sostenían esa industria para contar nuestras historias.

Club UNO realizó este miércoles la primera función en Mendoza de El ciudadano ilustre, un beneficio para sus suscriptores.

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Fuente: Télam

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