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lunes 04 de septiembre de 2017

"Narcos", la serie de Netflix que a Colombia le duele exportar

Abundan los actores y directores iberoamericanos, pero no todos los compatriotas de Pablo Escobar (y de García Márquez) se enorgullecen de este éxito.

Colombia, un país con una riqueza forestal única, es uno de los mayores productores mundiales de café, esmeraldas y flores. En el panorama cultural, es mundialmente conocida por ser la tierra del escritor Gabriel García Márquez, el pintor Fernando Botero y la actriz Sofía Vergara, entre otros. Sin embargo, en los últimos años el colombiano que más metraje televisivo y cinematográfico ha acaparado es el narcotraficante Pablo Escobar. Aunque finalmente fue capturado y abatido por la policía, su historia fascina ahora a millones de espectadores alrededor del mundo gracias a series como «El patrón del mal» y «Narcos», que acaba de estrenar su tercera temporada, centrada ahora en sus sucesores, los líderes del cártel de Cali.

«Pablo decía: "No me gusta este tipo, lo voy a matar». En cambio, estos narcos decían: «No me gusta este tipo, lo voy a comprar». Esa es la principal diferencia entre Escobar y los que se hacían llamar los caballeros de Cali», cuenta a ABC Francisco Denis, que interpreta a uno de los cabecillas de la banda, Miguel Rodríguez Orejuela, durante la presentación de la serie en Bogotá. «A ellos nadie los conocía, pero calladitos y poco a poco tomaron todo el poder político y económico. Tenían a todos en su mano», añade Pepe Rapazote, que da vida a Chepe Santacruz, otro líder de Cali, encargado del negocio en Nueva York. Damián Alcázar (Gilberto Rodríguez Orejuela) y Alberto Ammann (Pacho Herrera) completan el retrato de la más alta jerarquía.

«La historia es diferente, porque Cali es muy distinto a Medellín, Pablo Escobar era el rey allí, y en Cali hay cuatro padrinos muy metidos en la sociedad que la controlaban. La historia es muy distinta y mucho más compleja. Eran más ricos, había más personajes y por tanto podían pasar cosas más impredecibles», plantea el chileno Pedro Pascal, que da vida al agente Javier Peña, encargado de darles captura. También narra esta historia, todo un reto para un personaje como el suyo, «que apenas habla». «Además, yo no tengo la voz sexy y sureña de Boyd Holbrook (agente Murphy) y no podía imitarlo», bromea.

«Cali es distinto a ningún otro cártel del mundo. Yo vivía allí en esa época y ahora creo que estábamos en una burbuja donde la economía crecía, parecía que estábamos protegidos... Y de repente todo explotó y vimos toda la corrupción, cómo habían caído los valores morales y las conexiones del narcotráfico con las autoridades», cuenta Andi Baiz, director de la serie. «En Colombia no hay censura y esto es parte de nuestra historia. Es importante tratar el asunto con autenticidad y honestidad y enseñar a las generaciones futuras lo que pasamos y los errores que cometimos para no repetirlos. El hecho de que se ruede en Colombia ha mostrado también la evolución del país estos días. Entiendo la resistencia a estas narcoseries, al estereotipo, porque fuera piensan en nosotros como la droga y el país de García Márquez, y es mucho más», reconoce orgulloso.

De hecho, personajes como el de Paula (Taliana Vargas), esposa de Jorge Salcedo (Matías Varela), antiguo jefe de seguridad de los capos y hoy testigo protegido de Estados Unidos, representan a esa parte de la sociedad que se resistió al dinero fácil y acabó «derrotando al narcotráfico con otros valores», cuenta la colombiana. «Siempre es una cuestión de clases. ¿Cómo decir que no a la riqueza y el dinero en un país que produce cocaína? Educando a los jóvenes y dándoles la oportunidad de hacer algo más», subraya su compañero, sueco de origen español.

«Yo creo que es necesario hablar del dolor y las muertes que ocurrieron hace poco más de veinte años. Aquí todos conocen a alguien que perdió a alguien. En general, las reacciones son muy diferentes, porque el conflicto está muy fresco», reconoce Rapazote. De camino a la presentación, taxistas locales como Freddie Orlando reconocen que estas figuras generan opiniones encontradas. «En Medellín ayudó a gente, y hay quienes lo apoyaban. Contaban que financiaba a clubes de fútbol locales e incluso hay un hotel en el que se alojaba donde colocó el primer helicóptero con el que llevó droga a Estados Unidos. Pero aquí en Bogotá, por ejemplo, estrelló un avión con más de un centenar de muertos», recuerda el colombiano, que reconoce la calidad de la serie de Netlfix, aunque confiesa que le gusta más otra ficción similar, «El patrón del mal».

«Es curioso, porque yo vine a Colombia de niño con mi familia de vacaciones y estuvimos en Bogotá y Cartagena de Indias y mantuvimos una vida muy normal, nunca pensé que estaba en peligro. Luego volví en 2011 para hacer una película y me lo pasé estupendamente. Ahora hemos grabado en Cali, Cartagena y Bogotá y mi experiencia ha sido un contraste total con la historia que contamos. En Los Ángeles, por ejemplo, no aparcaría mi coche lejos de madrugada», argumenta Pascal. Otro de los actores, el español Miguel Ángel Silvestre, se confiesa enamorado de Cartagena de Indias, una ciudad que parece sacada «de los cuentos de Lorca».

Libros y acentos

No obstante, para mostrar el país y toda esta historia de forma honesta, explica su director, tanto los actores como los guionistas han buscado infinidad de información sobre estos líderes y su forma de vida. Acceder a ellos directamente ha sido imposible, excepto en el caso de algunos agentes actuales de la DEA. «Algunas puertas se han abierto y otras no, la mayoría ha hablado con gente cercana a ellos. Hay un verdadero esfuerzo para que la serie sea tan auténtica como sea posible», reconoce Baiz, que anticipándose a las críticas recuerda que no estamos ante un documental. La mayoría del elenco leyó «En la boca del lobo» y «A la mesa del diablo», basado en la experiencia de Jorge Salcedo.

Para darle más autenticidad, actores españoles como Miguel Ángel Silvestre, que da vida a Franklin Jurado, encargado de lavar el dinero negro de la droga, tuvieron entrenadores de acentos. «Javier Cámara, otro español, fue el primerito que agarró el caleño», cuenta Rapazote. «Hemos hecho una gran familia, hasta tenemos un grupo de Whatsapp que se llama "Narcos never forget"», cuenta Rapazote. «De todas formas, estas historias se van a hacer, así que mejor que se hagan aquí. En Hollywood hubieran traído a unos gringos a hacer de narcos», bromea su compañero Denis.

Pero no todo es pura verosimilitud. «Los guiones están muy bien escritos, pero los hacen en Santa Mónica y a veces están traducidos con las herramientas de Google, así que nos toca reescribirlos y pedir un nuevo OK del director», cuenta José María Yazpik, que da vida a Amado Carrillo, líder del cártel de Juárez. En otras ocasiones, los cambios no han sido tan inocentes. «Yo hice la prueba para entrar en la serie con una escena eliminada en la que Gilberto decía al expresidente Samper, entonces embajador en España, que lo apoyaría en su campaña. Estoy seguro de que el político le dijo a Netflix que si incluían esa escena los demandaban», recuerda Denis.

Glamour o plomo
Licencias aparte, todos concluyen en que Narcos no cae en otro de los riesgos presentes al hablar de traficantes de droga multimillonarios y carismáticos: «No creo que idealice a los traficantes ni sea sensacionalista. El problema es que su historia es realmente fascinante y para mucha gente hay una gran seducción en ella. El marketing es muy peligroso en ese sentido. El retrato es muy comedido y tan auténtico como se puede. No creo que en este sentido sean irresponsables, se ve el lado más glamuroso pero también lo peligroso que es, la violencia que genera, y cómo todos acaban cayendo. A mí estas series no me animan a ponerme a producir coca», sentencia Pascal.

¿Qué pensarían de la serie estos líderes de Cali hoy? «Los Hermanos Orejuela están vivos, pero creo que ya les da igual. Pasaron mucho tiempo en la cárcel, no quieren saber nada de esto. Igual creen que Netflix debe pagarles derechos de imagen», concluyen entre risas.
Fuente: abc.es

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