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miércoles 20 de septiembre de 2017

Muschietti denuncia en "IT" el uso del miedo desde el poder

Rodada con un presupuesto de 35 millones de dólares en Hollywood, "It" se convirtió en el mejor debut de un filme de terror de la historia de Estados Unidos

El uso del miedo como herramienta de división y dominación, una estrategia cada vez más obscena que surge desde las más altas esferas del poder mundial, es uno de los principales subtextos políticos que el cineasta argentino Andrés Muschietti desarrolla en "IT", versión personal de la novela homónima de Stephen King que llega este jueves a las salas locales tras convertirse en éxito de taquilla en los Estados Unidos.

Rodada con un presupuesto de 35 millones de dólares en Hollywood, "It" se convirtió en el mejor debut de un filme de terror de la historia de Estados Unidos, alcanzando una recaudación de 117 millones de dólares en la primera semana, cifra que se extendió a 218 millones al viernes pasado.
En la película, el máximo exponente de la manipulación de la voluntad humana a través del temor es el payaso Pennywise, que como si se tratara de un psicópata paranormal viene provocando muertes en un pequeño y antiguo pueblo estadounidense desde su fundación, y ahora acosa a un grupo de adolescentes marginados, alimentándose justamente del miedo que les provoca con sus apariciones siniestras.

"Lo que tiene de relevante esta película es que es una especie de metáfora de lo que está ocurriendo hoy en día a nivel mundial, donde hay un monstruo poderoso que utiliza el miedo como herramienta para dividir y dominar, cada vez de forma más evidente. Nunca fue tan claro y obsceno como hasta ahora", afirmó Muschietti en charla con Télam, en clara referencia al terror profundo "que viene de los gobiernos, las corporaciones y los medios".

Para el cineasta argentino, que se hizo conocido en Hollywood gracias al éxito de "Mamá", su primer largometraje de terror sobrenatural, y ya empezó a preparar la segunda parte de "IT", "desde hace mucho tiempo vivimos en una cultura del miedo orquestado. El miedo calculado e interesado es algo que sucede desde hace siglos en nuestra sociedad".

"Los niños perdedores de la película son representaciones de las minorías sociales, son víctimas permanentes de la desigualdad y la opresión. Todos están oprimidos por el mismo monstruo que intenta dividirlos para comérselos. Pero encuentran la fuerza en la unión. Y eso es una parábola de lo que está sucediendo ahora y un mensaje de fortaleza y de unión frente al miedo", subrayó Muschietti.

El director recordó que, cuando escribió su aterradora novela sobre estos niños que deben vencer sus miedos y abandonar la inocencia de la infancia para pasar a la adultez, "Stephen King tampoco lo hizo por accidente. Era la época en que estaba Ronald Reagan en el poder. Sin embargo, si bien en aquel momento se hacía con sutileza, actualmente el ejercicio del miedo desde el poder es mucho más obsceno".

Para abordar la adaptación de la obra de King, Muschietti se olvidó de la miniserie televisiva homónima dirigida en 1990 por Tommy Lee Wallace, a la que considera "un producto televisivo con todas las limitaciones de una serie para todo público", y se volcó a recobrar las profundas emociones que había sentido a los 14 años, cuando leyó la novela y quedó totalmente identificado con los niños protagonistas.

"Lo más fuerte para mí fue la parte emocional, las relaciones entre los niños, la historia de amor y de amistad, porque era algo que me estaba pasando a mí. Es una época en que las cosas las vivís a flor de piel, los sentimientos, la adolescencia y el paso a la adultez. El fin de la infancia y el fin de la inocencia. Todo lo que viene después es un fuerza antagónica que se quiere comer lo que te queda de la infancia", recordó.

Y agregó: "Yo crecí con el libro. La serie no me pareció una adaptación muy fiel sino un producto televisivo muy lavado. Y el contraste con mi impresión del libro era muy grande. Por eso intenté volver a vivir esas impresiones emocionales que me había producido cuando era niño. Y fue muy claro que el guión preexistente no tenía ninguna relación con lo que yo había vivido, con lo cual me quedaban muchas cosas abiertas para explorar".

Muschietti señaló que "el libro es muy oscuro y yo quería explotar eso. Desde un principio dijimos que la película iba a tener calificación R (apta para mayores de 18 años), por la intensidad y la violencia que iban a ser tratados con mucha fidelidad. Algo que quería explorar era la naturaleza de este monstruo que se convierte en el peor de tus miedos. Y eso fue muy estimulante porque era un espacio de creación que me permitía hacer cualquier cosa".

Si bien reconoce que pudo trabajar con gran libertad creativa gracias a la confianza que depositaron en él los productores, Muschietti sostuvo que "es verdad que en Hollywood los estudios intervienen mucho en las decisiones. Cuando más presupuesto tiene una película más interferencia del estudio habrá y menos libertades tendrás como creador. Las necesidades de marketing a veces son opuestas a las ideas creativas".

"En este caso, sin embargo, como es una película de 35 millones de dólares, un presupuesto bastante bajo, pero además desde el principio nuestra idea fue ser lo más fieles posibles a un libro tan violento e intenso, ellos me dieron un grado de libertad enorme que agradezco mucho. Fue realmente una especie de salto de fe de ellos hacia mí, porque respetaron mis instintos y eso lo aprecio mucho", aclaró el cineasta, egresado de la Universidad del Cine de Buenos Aires.

Realizador de grandes cortometrajes como "Fierrochifle", "Nostalgia en la mesa 8" y "Mamá" (el origen del largometraje), Muschietti reconoció que creció "viendo películas de Steven Spielberg y otros directores hollywoodenses. Sin embargo, mi educación fue un poco esquizofrénica, porque crecí con muchas influencias literarias y luego estudié cine en la universidad, donde estaba todo muy intelectualizado y había cierta resistencia al cine de Hollywood".

"Me siento muy cómodo trabajando en Hollywood, obviamente me gustaría hacer películas más personales, pero en el sentido de que me gustaría volver a escribir mis propias historias. Para mí el cine tiene que tener entretenimiento. No hay nada peor que aburrir al público. Tenés que estimular desde distintos puntos, involucrar emocionalmente y hacer sentir cosas, pero creo que hay que aprender a hacerlo con sutileza", explicó.
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