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miércoles 30 de noviembre de 2016

"Mendoza es un lugar en el que me encantaría filmar"

Amateur es una película de suspenso en el sentido más clásico. Su director y guionista, Sebastián Perillo, acompañó la semana pasada la presentación de la cinta

Amateur es una película de suspenso en el sentido más clásico y sigue explícitamente la línea de cine en la que se destacaron Alfred Hitchcock y Brian De Palma. Asimismo, tiene la particularidad de haberse estrenado no bien comenzó el 31º Festival de Cine de Mar del Plata e inmediatamente haber desembarcado en salas comerciales de todo el país. En Mendoza, también se estrenó el jueves pasado y aún está en cartelera.

Su director y guionista, Sebastián Perillo, acompañó la semana pasada la presentación de la cinta junto con todo el elenco en la ciudad balnearia que durante diez días fue la meca del cine nacional e internacional.

En el prestigioso encuentro cinéfilo, el filme compitió como mejor largometraje dentro la sección competencia argentina, pero perdió con El aprendiz, de Tomás De Leone.

Sin embargo, sí se alzó con dos galardones no oficiales para Darío Ramos Maldonado, quien estuvo a cargo de la música.

En diálogo con Diario UNO, el realizador porteño de 40 años se explayó sobre cómo fue pasar de producir películas, como Camino a La Paz (en la que actúa el Flaco Suárez) o La araña vampiro, a dirigir la suya propia.

Asimismo, relató cómo convenció a la actriz protagónica, Jazmín Stuart, de atreverse a un papel en el que se destaca y quien vea la cinta no podrá olvidar. También actúan Esteban Lamothe, Alejandro Awada y Eleonora Wexler.

En cuanto a su próximo proyecto, Perillo deslizó que quiere filmarlo fuera de Buenos Aires y que Mendoza podría ser una de las opciones.

–¿Por qué elegiste un thriller psicológico para tu ópera prima?
–El género lo elegí pensando en qué películas me impulsaron a hacer cine. Hice una lista de cintas que me habían impactado y ahí aparecieron Psicosis y otras argentinas que solía ver a la siesta cuando era chico. En esta cinta, quise incorporar eso que me había convertido en cinéfilo, pero de forma explícita.

–¿Fue muy diferente la experiencia de dirigir a la producir?
–Fue rarísimo el cambio, pero lo disfruté. El productor tiene muchos problemas que resolver por lo que ser director fue como tomarme vacaciones de ser productor (risas). Usaba una frase muy graciosa en el rodaje que era "ahora me saco el traje de productor y me pongo el de director". No hubo problemas o desafíos mayores, pero al haber sido productor durante tanto tiempo, pude prever de antemano muchos elementos que luego simplificaron la forma de trabajo en el rodaje. Me puse muy estricto a la hora de pensar plano a plano todo lo que tenía que filmar la semana siguiente. Ocupaba todos los domingos previos a eso, porque un problema frecuente que tienen los directores es que no les alcanza el tiempo para filmar y no quería que me pasara. Produciendo películas estuve al lado de directores muy buenos que me enseñaron un montón de trucos y los aproveché.

–Uno de los personajes centrales vive una situación inesperada que marca la película a poco de iniciada. En la era de las redes sociales y el "spoiler", ¿temiste que se filtrara el final antes del estreno?
–Sí. Lo más importante fue charlarlo con algunos de los actores de la película, advirtiéndoles que no dijeran nada. Había uno de ellos que andaba contándole a todo el mundo, pero él mismo después me dijo algo muy coherente: "Es un tema inmanejable". Y es cierto, a los dos minutos de estrenada la película se iba a empezar a comentar. Me parece que cuanto menos uno sabe de la película, es mejor, pero tampoco es que te arruina la historia saber un poco más. Me fui acostumbrando durante el rodaje a que algunas cosas se iban a saber antes de tiempo. Es una película que tiene muchos giros inesperados y juega con la sorpresa del espectador.

–¿Cómo se hace para "jugar con la sorpresa del espectador" cuando las verdaderas sorpresas son más frecuentes en los noticieros que en la ficción?
–¡Sí! ¡Hoy, la vida es una gran sorpresa extraña y de giros inesperados! Para eso, trabajé con una ex compañera mía, que es guionista y se llama Lucila Ruiz. Quisimos duplicar o triplicar la cantidad de giros que tiene una película convencional. Lo hicimos siempre pensando en el espectador y en que queríamos que se mantuviera pegado a la butaca. Por lo que estuve testeando después de las funciones, me parece que la gente disfrutó de eso: de dejarse llevar. Es una historia a la cual hay que entregarse y entender que es un producto de entretenimiento, con sus escenas de sexo y de sangre, pero sin llegar a la sordidez. Es bueno que existan este tipo de películas, que una persona puede ver en una salida de pareja o de amigos y que salga conforme con lo que vio.

–Jazmín Stuart está muy expuesta en algunas escenas, pero ha sido muy alabada por su performance, ¿te costó convencerla de mostrar tanta piel ante cámara?
–Jazmín es una superdotada. Trabajé con ella hace muchos años en Fase 7, película que yo produje y ella protagonizó. Estaba muy seguro de que la protagonista tenía que ser ella. Era un papel muy riesgoso porque nunca hizo nada así. Le costó un poco entenderlo y además esta era mi primera película, es decir, yo podía hacer estragos. Al principio, se sintió bastante atemorizada por la propuesta, pero lo charlamos bastante, dibujé varias de las escenas y le mostré cómo las filmaría. Ahí se relajó y le dio al papel mucho más de lo que yo esperaba.

–¿Temiste ahuyentar al público al presentarles una película con escenas de sexo y asesinatos sangrientos?
–Lo pensé bastante antes de empezar el proyecto, pero creo que terminaron siendo elementos atractivos para el público. Sobre todo, el hecho de que haya personajes cuyas personalidades están corridas de su eje y con cierta carga de erotismo que no es tan explícito ni tan sórdido como para espantar. Intentamos lograr un equilibro para que el espectador se sintiera atraído por la película y no espantado. Las escenas fuertes o sangrientas están llevadas de manera que no sean repelentes. Queríamos llevar la película con cierto grado de elegancia. Lo mismo sucede con las escenas de sexo, que son jugadas, pero no llegan a ser grotescas.

–¿Ya sabés cuál será tu próximo proyecto? Y si es así, ¿hay chances de que lo filmes fuera de Buenos Aires?
–He filmado algunas cosas en el interior del país y Mendoza, particularmente, es una ciudad que me encanta y me parece, como a muchos argentinos, la más linda del país. Además, tengo amigos mendocinos, que hacen cine, como Cristian Pellegrini. Me encanta Mendoza y, justamente, estoy escribiendo la que va a ser mi segundo película y tiene que ver con salir de la ciudad y hacia otra provincia. Así como Amateur es muy hermética y de ciudad, esta segunda tiene que ver con llevar la historia hacia otros lugares. Mendoza es un lugar en el que me encantaría filmar y ojalá se dé. Es una posibilidad real, porque tienen paisajes y elementos que se pueden aprovechar mucho.

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