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domingo 09 de octubre de 2016

Lucrecia Martel, en Mendoza para lanzar un festival de cine

A propósito de su visita, el fin de semana próximo, dialogamos con la prestigiosa directora acerca de Zama, su nueva película basada en la novela del mendocino Antonio Di Benedetto que estrenará en 2017

M. Furlano y C. Baroffio
uno_escenario@diariouno.net.ar


El anuncio de un nuevo festival de cine, de carácter competitivo, para Mendoza es de antemano una gran noticia. Pero la UNCuyo, organismo responsable del Graba 01 que se hará el año que viene (ver aparte), fue por más. Mucho más.

Y para su lanzamiento oficial invitó nada menos que a Lucrecia Martel, la reconocida cineasta salteña que en la actualidad tiene una relación más cercana que antes con los mendocinos ya que a principios de 2017 llevará a la gran pantalla Zama, la novela cumbre de Antonio Di Benedetto.

Y justo este año, especial para el recordado y celebrado escritor/periodista de Mendoza, al cumplirse 30 años de su muerte (mañana) y 60 de la publicación de Zama.

El filme de Martel –al que le ha dedicado estos últimos seis años de su vida– será protagonizado por el actor hispano mexicano Daniel Giménez Cacho (La mala educación, Arráncame la vida, Nicotina). También actuarán Lola Dueñas, Matheus Nacthergaele, Juan Minujín, Nahuel Cano, Willy Lemos, Rafael Spregelburd, Daniel Veronese y Vando Villamil.

En un recreo de su agenda audiovisual –se encuentra en plena posproducción de Zama–, la directora de La ciénaga y La niña santa respondió con gran soltura y gratitud este cuestionario que vía mail le hizo Diario UNO.

–¿Cómo llegó "Zama" a tus manos y por qué decidiste embarcarte en su adaptación cinematográfica?
–Me lo regaló una amiga en el 2005. No lo leí hasta el 2010, cuando lo cargué en un barco junto con muchas expediciones fluviales del siglo XVIII y XIX, y zarpamos rumbo a Asunción, por el río Paraná. Lo leí en plena navegación de mosquitos, invasión de polillas, gritos nocturnos de monos, e innumerables contratiempos que con mi corta experiencia de capitán apenas pudimos sortear. Así que lo de embarcarse en la adaptación es una expresión ajustadísima. Era imposible sustraerse a la insania de hacer una película a partir de esa lectura, en esas condiciones.

–Las obras que indagan sobre la naturaleza humana parecen siempre hablarnos del ahora. Si bien "Zama" está ambientada en el siglo XVIII, ¿definirías tu película como de época?
–No. Y es muy fácil darse cuenta de eso cuando vean la película. En eso respeté mucho la novela. El pasado es una excusa para sustraernos al sentido común. El sentido común es una de las trampas más difíciles de sortear cuando uno intenta acercarse a algo complejo.

–El rodaje ha sido en diferentes lugares (Formosa, Corrientes), ¿qué cualidades y características buscabas en esos paisajes y qué relación establecen con el personaje principal?
–Quería situar la acción en el paisaje del Gran Chaco. Es una geografía difícil, con zonas en las que no llueve por meses y luego permanecen inundadas otros tantos meses. Un día estábamos en medio del barro en un pajonal y comenzaron a aparecer unos pececitos fáciles de agarrar. Se escondían entre los yuyos. Entonces la naturaleza conspira contra el sentido común. También el río Paraná y Paraguay eran importantes. No sé cuándo sucedió, que empezamos a ver los ríos como límites y no como nexos. Ese es uno de los problemas de Diego de Zama, con el que podemos identificarnos rápidamente.

–El lenguaje es un tema interesante en la obra, es arcaico y con aires del Siglo de Oro. ¿Qué indicaciones trabajaste con los actores con respecto a esto? ¿Este tipo de lenguaje se presenta como una dificultad?
–Di Benedetto ha hecho un guiño a todos los autores del mundo para que se larguen a la carrera de reinventar el pasado, el lenguaje, en fin. Hemos visto esa señal y fuimos en esa dirección. Decidimos que la gran invención del neutro en las telenovelas mexicanas, venezolanas, era un camino interesante. Entorno a eso trabajamos.

–¿Cómo se trabaja una obra literaria, con paradigmas narrativos propios, para ser llevada al lenguaje cinematográfico?
–El lenguaje que usa Di Benedetto, su forma de escritura logra en el lector una mutación de naturaleza. En mi caso, de lectora a guionista. Es difícil responder a esta pregunta. Hay una euforia que desata Zama, muy extraña, que permite abordar el sonido y la imagen como si estuvieras comiendo una fruta por primera vez. Un fruta deliciosa.

–¿Cómo llegaste a la elección de Daniel Giménez Cacho para que interpreta a Diego de Zama?
–Siempre quisimos trabajar con él. Si alguna vez estás en una fiesta, y ves a Giménez Cacho bailando, no podrías pensar en otra cosa el resto de la noche. Es un hombre encendido por el fuego sagrado. Nada es difícil con él.

–¿Cómo fueron estos años sin filmar?
–Hermosos.

–¿Hay otro u otros libros que sueñes con adaptar? ¿Existe la posibilidad de que sigas con la obra de Antonio Di Benedetto?
–No sé. Estas cosas no se programan. Uno está nadando siempre en un mar desconocido. A veces te roza un aguaviva.

–En tu rol de docente, parte de lo que vas a hacer en nuestra provincia, ¿qué es lo que más te gratifica en el contacto con los futuros realizadores de nuestro país?
–Conocer una persona, en la intimidad de estos intentos por hacer algo inútil, innecesario, como son las películas, es una experiencia que no puedo resistir. El mundo se ensancha. Sé muchas cosas de gente y lugares que jamás podría conocer, gracias a esos encuentros. Incluso a veces tengo sueños que siento que no me pertenecen.
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