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jueves 07 de abril de 2016

Llega a las salas argentinas el documental "Arreo"

Dos años y medio duró el rodaje del filme que sigue de cerca la rutina de Eliseo Parada, su esposa Juana, y sus hijos José Abel y Facundo.

El documental "Arreo", dirigido por el mendocino Néstor "Tato" Moreno y que se estrena hoy en las salas argentinas, indaga en la vida cotidiana de una familia de puesteros en Malargüe, en plena cordillera de Los Andes, a partir de imponentes imágenes y testimonios.

Movilizado por la idea de "mostrar el campo como lo que realmente es", Moreno decidió en su tercera película acercar al espectador a una actividad ancestral y en extinción, al relatar el proceso del arreo de chivos y corderos, rescatando la belleza de la vida rural de la altura.

Dos años y medio duró el rodaje del filme que sigue de cerca la rutina de Eliseo Parada, su esposa Juana, y sus hijos José Abel y Facundo, quienes enfrentan la amenaza que representa el "progreso" para su única fuente de sustento, y la incertidumbre de no saber por cuánto tiempo mantendrán esta tradición transmitida por distintas generaciones.

"Yo quise mostrar la alegría del trabajo. Eliseo es un ejemplo positivo de vida para mí, porque tiene el convencimiento de hacer en la vida lo que realmente ama, no importa si desaparece. El canta haciendo su trabajo. También hay una realidad económica, el capitalismo, que va por encina de todo, 'el progreso' desplaza al ser humano", apuntó a Télam el cineasta nacido en San Rafael.

Con un ritmo que acompaña los tiempos del paisaje, la cámara de Moreno propone una mirada singular sobre la familia Parada, su trabajo en equipo, y destaca el hecho de que "haya un gran valorización sobre el entender al otro. Eliseo acepta que uno de sus hijos haga lo que haga, a pesar suyo"", subrayó el director.

La película incluye escenas de Eliseo, "el trovador del camino", cantando sus propios versos, dialogando con sus dos hijos, José Abel y Facundo y muestra la vida compartida con su mujer. También incluye charlas en las estaciones de descanso, en los corrales, intercambiando mates y fogatas, y en los festejos de un Año Nuevo en las cumbres.

La idea de sumirse en el trabajo del arreo en los valles de Malargüe, nació hace ocho años, a partir de su experiencia en el rodaje de "De idas y vueltas", sobre una escuela rural de la zona de Ranquil Norte.
"Allí los chicos comparten los mundos de la vida moderna y la vida ancestral, y empecé a ver que esa vida estaba desapareciendo, los jóvenes no quieren quedarse en el campo, los padres se quedan a trabajar y los hijos se quieren ir".

"Me presentan a un conocedor de la zona llamado Pancho Parada para que me ayude a buscar una familia que se dedique a ello -continuó-, pero no pasó nada en varios meses hasta que el mismo Pancho me pidió que paráramos un rato en la casa de su hermano, que resultó ser Eliseo".

"Con él hubo una conexión instantánea: 'Un día soñé que alguien iba a contar esta historia', me dijo. Así comenzó todo", recordó el director, quien destacó que juntos fueron construyendo la historia.

Un dato curioso que emocionó al director, ocurrió cuatro años después de que comenzara a filmar en 2011: "José Abel pidió volver a arrear con su padre, agradecía que ese trabajo estuviera hecho con tanto respeto, eso fue muy fuerte", contó el cineasta, quien trabajó en la filmación junto a su familia.

"Para mí fue una experiencia muy importante, nos hicimos muy amigos, nos vemos, se creó una relación humana entre ambas familias, los puntos en común que tenemos tienen que ver con cosas más profundas, coincidimos en bases éticas del sentido de la vida, el valor de la tierra, la propiedad privada y el trabajo".

"El documental toma mucho tiempo previo, el previo es sin la cámara, el documental es un aprendizaje, hay que tratar de encontrar la historia, tener paciencia, humildad, y ganas de trabajar duro, antes de poner la cámara", concluyó.

Fuente: Télam

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