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viernes 15 de septiembre de 2017

La vuelta de Baryshnikov al país, al son de la alienante creatividad

La leyenda viva de la danza volvió al país con una exquisita actuación en Letter to a Man. El Teatro Coliseo de Buenos Aires albergó a la dupla Baryshnikov-Wilson.

Por Julietta v. Matuschka
Especial para Diario UNO

Con el solo retrato sobre el escenario de un Vaslav Nijinsky joven y de traje, el Teatro Coliseo abría las puertas de la sala en su cuarta noche de Letter to a Man, obra basada en los diarios de la leyenda de los Ballets Rusos. Noche particular ya que también el 10 de septiembre pero de 1913 se casaba inesperadamente así, de traje, el joven Nijinsky con Rómola Pulszky en la Iglesia San Miguel de Buenos Aires.

Ya nos había advertido el director Robert Wilson de su preferencia por un espectador que se mantenga abierto y se pregunte "¿Qué es esto?". Wilson encontró el libreto perfecto para despertar este cuestionamiento. Los Diarios de Vaslav Nijisnky muestran el deterioro, a causa de la esquizofrenia, de una de las mentes más brillantes y vanguardistas del siglo XX.

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No es una obra sobre la demencia, sino que se convierte en tal gracias a ella. La lectura de los Diarios de Nijinsky es una fuente inalcanzable, como así perturbadora, de imágenes acerca de las reflexiones -a veces contradictorias- de este bailarín que luchaba contra la constante incomprensión de sus ideas innovadoras. Representado exquisitamente por Mikhail Baryshnikov, la leyenda viva de la danza se calzó literalmente el traje y caracterizado como mimo, le dio vida a las ideas recurrentes y punzantes sobre guerra, religión, onanismo, Dios y Diaghilev.

Como era de esperar, la puesta de Robert Wilson fue variada en medios, no convencional y multifocal. Encuadró, al mejor formato de libro infantil, los fantasmas que convivían en la mente de Nijinsky. Pocos elementos fueron necesarios para representar en conceptos e imágenes las páginas, en primera persona, de los diarios publicados en 1936 -en versión abreviada y expurgada- por su esposa Rómola. La recurrente figura (en sombra y en papel) de su mentor Sergei Diaghilev, como así las figuras gigantescas que iban pasando como un libro con relieves, daban el marco a la mente creativa, arbitraria y hasta a veces crédula del "dios de la danza". Las voces en off de Wilson, Lucinda Childs (también coreógrafa) y del mismo Baryshnikov – alternadas en inglés, francés y ruso con supratitulado- recitaban dramáticamente las líneas del joven Nijinsky que a sus 29 años comenzó a escribir su diario e interrumpió un poco más de un mes después, en vísperas de ser internado en un sanatorio psiquiátrico en Suiza.

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Se creó un aura a lo Pierrot Lunaire, desconcertante e invasivo, in crescendo como los síntomas de su enfermedad. Manía persecutoria, delirios de grandeza, alucinaciones; elementos que en esta mente destilaron las reflexiones más profundas sobre la vida, la búsqueda espiritual, el acto creador y la muerte.

El ritmo frenético marcado fundamentalmente por el uso de las luces –blackouts intermitentes- y las insistentes voces que alambicaban las líneas repetitivas del joven bailarín, construyeron las aristas de una mente fragmentada. "Je ne suis pas Christ. Je suis Nijinsky" (Yo no soy Cristo. Yo soy Nijinsky) se repetía en francés, mientras Baryshnikov entendía con su lenguaje corporal las líneas caprichosas al son de "I don't wanna grow up" ("No quiero crecer" de Tom Waits).

Nos encontramos con un Nijinsky en 1945, refugiado en Budapest con su familia y en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial. Su salud mental venía deteriorándose ya desde 1919, cuando comienza su diario en Suiza, semanas antes de ser diagnosticado con esquizofrenia. La figura de Baryshnikov rememora en Letter to a Man las líneas íntimas y furiosas de este documento extraordinario acerca de la lucha de Nijinsky para no caer en la locura y comprender lo que le estaba sucediendo. Este collage expresionista del lado más oscuro y creativo de su vida es magistralmente logrado gracias a los juegos coreográficos y lumínicos, sutiles y precisos, y un Baryshnikov lúdico y exquisito.

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Apenas una hora y diez minutos fueron suficientes y el telón rojo cerraba con un Jerry Samuels vaticinando "They're coming to take me away [...] I'll be happy to see those nice young men in their clean white coats" (Están viniendo para llevarme lejos [...] voy a ser feliz al ver esos agradables hombres jóvenes en sus limpios abrigos blancos) mientras el círculo vicioso de proyecciones gigantes, ojos omnipresentes iban invadiendo la mente de Nijinsky. Ojos que según declara en su diario, él mismo pintaba y decía: "El ojo es el teatro. El cerebro es el público. Yo soy el ojo en el cerebro". Y así, con esta penetrante imagen, el público se retiraba del Teatro Coliseo repitiendo cual mantra en sus cabezas las últimas palabras: "Yo soy Nijinsky".

Ficha
Letter to a Man, basado en el Diario de Vaslav Nijinsky / Actuación: Mikhail Baryshnikov / Música: Hal Willner / Vestuario: Jacques Reynaud / Iluminación: A. J. Weissbard / Video: Tomek Jeziorski / Dirección, diseño de escenografía y concepto de iluminación: Robert Wilson con Mikhail Baryshnikov / Teatro Coliseo, Buenos Aires / Últimas funciones: 15, 16 y 17 de septiembre 2017.




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