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domingo 01 de octubre de 2017

La voz oculta en la propia sangre

Dalma Maradona es una de las protagonistas de Bisnietas, que la semana que viene llega a Mendoza. Una obra que reflexiona sobre la prostitución y la trata de personas

Dalma Maradona ha crecido frente a las cámaras y todos hemos sido testigos de ello. Hija de quien para muchos es el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, ha sobrellevado los embates mediáticos sobre ella y su familia y ha podido concentrarse en una vocación actoral que se despertó tempranamente.

Para esto se formó en la escuela de teatro de Hugo Midón y se convirtió en licenciada en Arte Dramático en el IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte), al tiempo que siguió capacitándose con Osqui Guzmán e Inés Estévez. Ha trabajado tanto en TV como en cine y teatro.

La semana entrante llegará a Mendoza junto con Alexia Moyano y Sofía Bertolotto con la obra Bisnietas, de la autora Erika Halvorsen.

Mientras grababa una participación suya para el programa Sin codificar, Dalma se tomó un descanso para charlar con Diario UNO sobre la obra, los temas que la atraviesan y la relación que sostiene con las mujeres de su familia.

–Es la segunda vez que trabajás un texto de Erika Halvorsen, después de "Hija de Dios". ¿Cómo es tu experiencia laboral con ella?
–Es una placer trabajar con Erika, la admiro mucho como profesional y además somos amigas. Ella escribió la obra y también la dirige y eso es algo que yo destaco, porque para una actriz es muy importante encontrarse con una directora que pueda hacerse cargo de lo actoral.

–Muchas veces se dividen los roles: la dirección por un lado y la dirección actoral por otro...
–Sí, y hay veces que ni siquiera está ese rol, están el director y el escritor. Por eso siempre se agradece a alguien que ayude a los actores.

–¿La obra se desarrolla en el Sur argentino?
–Sí, es que Erika nació en el Sur, es decir que ese universo lo tiene muy claro, sobre todo a la hora de explicarnos dónde quedaban ciertos lugares de la Patagonia en general. En la obra hablamos de esos lugares por donde anduvo nuestra bisabuela y eso tenía que quedar muy claro cuando lo expresábamos al público. Ella y Alexia (Moyano) estuvieron ahí para explicarnos cómo es la Patagonia, porque Alexia también es del Sur.

–Erika es una autora muy comprometida con el universo femenino y sus problemáticas y aquí aborda temas como las relaciones familiares y la trata de personas...
–Y la prostitución, por si fuera poco. Erika les da un lugar muy importante a las mujeres en todo lo que escribe. En el caso de esta obra ella conoce a Sonia Sánchez, que es una mujer que lamentablemente pasó por la trata de personas y la prostitución y que cuando la conocés te hace tener una idea más real de lo que contamos en la obra. Además, la verdad es que casi "sin querer" se armó –aparte del elenco– un grupo muy bueno de mujeres, con Erika, las asistentes de dirección, las encargadas de prensa...

–¿Ustedes tuvieron contacto con Sonia Sánchez?
–Sí, y el día del estreno tuvimos la suerte de que ella pudiera venir. No quiero contar cómo termina la obra, pero hay un fragmento de una charla que ella dio y está muy bueno cómo ella aclara la situación, porque en estos tiempos creo que las opiniones están divididas a favor y en contra de la prostitución. Escuchar a Sonia te crea un panorama que no te deja estar del lado que no sea el de ella, porque estuvo en ese lugar, lo vivió y sabe lo que está diciendo.

–Ella plantea que es una falacia hablar de que se trata del "oficio más viejo del mundo", porque eso implica una elección...
–Hay personas que pueden decir que con su cuerpo hacen lo quieren, que trabajan y ejercen cuando quieren y como quieren, pero escuchando a Sonia te hace entender por qué para ella no es un oficio, porque a veces no es la mujer la que decide y por otro montón de situaciones. Por eso para mí estuvo buenísimo conocerla, porque si bien no sé si tenía un pensamiento con respecto a esto, escucharla a ella claramente me dolió y de verdad la obra que estamos haciendo tiene que ver con esto: con no juzgar o prejuzgar, en el caso de la obra a esta bisabuela que en su época hizo lo que pudo.

–Y en este universo femenino, ¿cómo reaccionan los hombres que ven la obra con respecto a su rol en la prostitución?
–Hace poco me hicieron una nota donde se hablaba de "Ni una menos" y la verdad es que hay que pensar qué les quieren enseñar las personas que educan a sus hijos varones, cómo les enseñan a tratar a una mujer, porque no es la mujer la que decide todo. Si no existiera la otra parte no estaríamos hablando de este tema.

–¿Hay una intención educativa en el texto?
–No se baja una línea de nada, venimos a contar esto, que te puede gustar o no. Es lo mismo que con Sonia: yo no me voy a pelear con alguien que piense distinto de ella, sino solamente le voy a pedir que la escuche, al menos una sola vez.

–Ese tipo de educación también tiene que ver con los prejuicios de las mismas mujeres...
–Hay un poco de eso en la obra también. Hay una chica que encuentra las cartas de la bisabuela con toda la historia y las otras no sabían ni que existían ni de la vida de ella. Lo primero que surge es juzgar, pero a medida que pasa la obra se van dando cuenta realmente de cómo fueron las cosas

–De que son herederas de una mujer que se vio envuelta en la trata de personas...
–Totalmente, y de hecho mi personaje va al encuentro porque le hablaron de ella en algún momento, pero no le interesa tanto lo que va a pasar, no quiere conocer ni la historia, ni la de su bisabuela ni nada. Pero de a poco en la obra va aflojando y empieza a conocer su propia historia, porque no deja de ser su historia.

–¿Y vos, conociste a tu bisabuela?
–¡Sí, la conocí! Tengo muy pocos recuerdos porque yo era muy chica, pero me acuerdo que nos sentaba a todos los bisnietos en un sillón y ¡nos tiraba perfume sin parar! (risas).

–¿Perfume?
–¡Sí! Nos perfumaba como a 20 personas al mismo tiempo. También me acuerdo que cantaba tangos. En ese momento era un embole, pero ahora lo recuerdo con muchísimo cariño y yo veo muchas de sus cosas en mi abuela, entonces eso es muy lindo.

–Es lo que hablábamos de reescribir la historia...
–Sí, a mí me pasó eso. Cuando Erika me pasó el guión, el primer monólogo, porque cada una tiene el suyo, pero la que arranca la obra soy yo, empecé a leerlo y al ver cómo el personaje hablaba de su abuela dije "sí, la quiero hacer", porque yo con mi abuela tengo una relación muy, muy estrecha. La tengo tatuada, ella es mi persona en el mundo.

–¿Es la mamá de tu mamá?
–Sí, pero a mi otra abuela también la quise mucho. Lo que pasa con mi abuela materna es que si bien me criaron mis papás, ella estaba muy pendiente, porque yo fui su primera nieta, así que imaginate. Es una relación muy estrecha. Con respecto a mi otra abuela, la obra habla mucho de sacrificio, de lo que una madre deja de hacer por sus hijos o una abuela por sus nietos y en eso veo mucho el reflejo de mi abuela paterna. Tengo muy presentes a estas dos mujeres y yo siento que mi mamá es así por la madre que tuvo. Por eso leí el primer monólogo y supe que quería hacerlo.
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