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miércoles 08 de junio de 2016

La vida de Julio Cortázar en la voz de un amigo

Ocho cartas para Julio, una obra protagonizada por Juan Palomino.

Hay muchos ejemplos en la literatura de lo enriquecedor que era el intercambio epistolar de los artistas. Desde las famosas cartas del pintor Vincent van Gogh a su hermano Theo hasta la correspondencia entre escritores como Hermann Hesse y Thomas Mann, los ejemplos se multiplicaban en un mundo donde las cartas –ya casi una antigüedad en la era de la comunicaciones al instante– eran una oportunidad para conocer aún más la obra de ese artista y sus fundamentaciones acerca de su propias creaciones y convicciones.

La palabra escrita ahora nos trae una ficción, Ocho cartas para Julio, que el actor Juan Palomino presentará este viernes a las 21 en el teatro Plaza, como parte de la Semana de las Letras de Godoy Cruz.

Este unipersonal –con la dirección de Daniel Berbedés, en base a la obra de Gabriel Lerman–, se basa en ocho cartas que el autor imaginó que el escritor Julio Cortázar le habría enviado a Nito Basavilbazo, su compañero de la escuela secundaria, el Normal Mariano Acosta, surgido a partir de un cuento del autor, La escuela de noche.

Si bien el peso de la obra recae en Palomino, se apoya en la música de Juan Pollo Raffo (piano) y Fernando Lerman (composición y vientos) para recrear y completar la atmósfera cortazariana.
El actor habló con Diario UNO de su presentación en nuestra provincia, de esta amistad epistolar, de política, sobre la construcción de esta obra y mucho más.

–¿Cómo aborda la obra la figura de Julio Cortázar?
–Es un espectáculo que se le ocurrió a Gabriel Lerman, el autor, y me lo ofreció para hacerlo cuando se cumplían los 100 años del nacimiento de Cortázar (2014). Me planteó que quería hacer algo en su homenaje y yo le dije que sí, que obviamente hiciéramos algo relacionado a la figura, a la obra, pero también ahondar en su mirada sobre la política, sobre el peronismo, la mirada nacional y popular.

–Después de la revolución cubana, él cambió profundamente, pero sobre todo reivindicaba el papel del hombre, el ser humano, en este tipo de manifestaciones...
–Totalmente. Pero también aparece su mirada sobre el peronismo, que de algún modo disiente mucho de lo que pensaban otros autores como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz. Siempre se habla de que el artista no tiene ningún tipo de compromiso. Enrique Pinti dice en un espectáculo: "Pasan los gobiernos, quedan los artistas". Depende de si el artista tuvo la posibilidad de expresar su mirada sobre la política o el gobierno, va a quedar o no, va a trascender o no. En Cortázar está su mirada y su construcción como intelectual y como artista frente a la realidad de América Latina. Y esa mirada se transformó en él a partir de la revolución cubana.

–En esta época se ha hablado mucho de compromiso político, militancia y de la famosa "grieta". ¿La obra muestra que se puede tener disidencia sin ser enemigos?
–Cuando Lerman comenzó a construir el texto el gran desafío que teníamos era que a pesar de tener una formación contemporánea, eligieron caminos distintos desde lo político, incluso desde lo partidario. Nito Basavilbazo, mi personaje, está más enrolado en las huestes del general Perón y Cortázar mira todo ese "nacionalismo ramplón" –como lo define–, desde un lugar, digamos, extraño, lejano. El desafío de la obra es plantear un debate, de un amigo frente a otro amigo que terminan regocijándose frente a este compromiso.

–En la obra además está presente la música, no sólo por el piano y el saxo, sino por las palabras, ya que leés las cartas que Nito le escribiría a su amigo Julio en voz alta...
–Víctor Hugo (Morales) vino a ver la obra y en su programa de radio habló de eso, de la musicalidad de las palabras, de los silencios, de la angustia de las palabras y la música. Hemos construido un espectáculo despegado de la formalidad de una lectura, porque podría haber sido un recital. Es un personaje que transita cada carta con un color particular, con un sentimiento particular.

–La gente no está acostumbrada a leer en voz alta...
–Vos escuchás a un político leyendo y meten la pata cada dos por tres. El valor de la palabra, de los silencios, la inflexión, la mirada, en una lectura no es nada fácil. Ese era el desafío en esta obra.

–También en la obra se rescata algo que se ha perdido y que ha dado mucho a la literatura: el intercambio epistolar...
–En la obra hay detalles como la máquina de escribir, su sonido, el gesto de cuando se traba. Hay una musicalidad también en eso que hemos fundido con el romanticismo de lo que es poner un papel dentro del sobre, escribir un remitente. Hay una ceremonia de lo que fue lo epistolar. Hay muchas cartas de Julio Cortázar que se han editado. En este caso nosotros construimos cartas de un personaje hacia Julio que de alguna manera lo van describiendo, poniendo en el tiempo desde un lugar de admiración, de crítica, de profundo descubrimiento de su transformación como escritor.

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Ficha
Ocho cartas para Julio
Unipersonal con Juan Palomino
Cuándo: viernes 10, a las 21
Dónde: teatro Plaza (Colón 27, Godoy Cruz)
Entradas: $30
A la venta en boletería de la sala

Sus proyectos en Mendoza
Lo último que hizo Juan Palomino en Mendoza fue Ana y el vino, miniserie mendocina de Alexia Salguero con el actor Joe López, hoy radicado en Buenos Aires y con quien entabló una amistad.

El año que viene filmará en Lavalle Pistoleros, su ópera prima como director. También rodó en Mendoza Río escondido y recuerda con especial afecto al mendocino Alejandro Grigor, que lo dirigió en la Vendimia de Lavalle 2015.
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