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miércoles 28 de septiembre de 2016

"La telenovela es un vehículo de cultura y exportación"

Hoy, este polo de desarrollo cultural, social y económico está atravesando una profunda crisis y son sus mismos hacedores los que están haciendo visible la problemática y buscando alternativas de solución.

Los contenidos audiovisuales culturales, sobre todo los de ficción, son una muestra más de las posibilidades expresivas de una nación. Pero además constituyen una industria que da trabajo a cientos de personas, desde actores, directores, guionistas y todos los rubros técnicos que se necesitan para llevar una telenovela o un unitario al aire.

Hoy, este polo de desarrollo cultural, social y económico está atravesando una profunda crisis y son sus mismos hacedores los que están haciendo visible la problemática y buscando alternativas de solución.

Parte de esto es el 2º Encuentro Federal Multisectorial por el Trabajo, la Ficción y la Industria Nacional Audiovisual y las capacitaciones públicas y gratuitas que hoy y mañana se desarrollarán en Mendoza, con la organización de la citada multisectorial, Argentores, Directores Argentinos Cinematográficos y el Colectivo Audiovisual Leonardo Favio, a cargo del cineasta local Ciro Novelli.

Hoy en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales uno de los integrantes de esta multisectorial, Sergio Vainman, autor y productor televisivo y de teatro, responsable junto a Jorge Maestro de éxitos televisivos como Nosotros y los miedos, Zona de riesgo, Los machos y Clave de sol, entre muchas otras ficciones, brindará un seminario sobre la actualidad de la telenovela argentina junto a Ricardo Rodríguez.

Escenario habló con Vainman a horas de su presentación en nuestra provincia.

–¿Qué factores se han conjugado para la crisis actual que vive la telenovela argentina?
–Es una crisis que se ha ido profundizando con el correr del tiempo. Eso se ha manifestado con cada vez menos ficciones en un país que llegó a tener 10 telenovelas y 10 unitarios semanales en un mismo año, a veces más, cuando ahora serán tres o cuatro telenovelas y un par de unitarios. Creo que tiene que ver fundamentalmente con una cuestión de costos, de inversiones, de decisiones empresariales, porque la rentabilidad que generan las ficciones a las empresas emisoras es mucho más grande cuando se trata de comprar latas o envasados –como se dice habitualmente– de otros países como Turquía, México, Brasil y ahora también Corea.

–¿La industria nacional puede resistir esta competencia?
–No, no puede, porque una telenovela envasada puede valer 1.500, 2.000, 3.000 dólares la hora y una producción en la Argentina no lleva menos de 55.000 dólares por hora. La diferencia es abismal. A la hora de hacer los balances lo que hacen las empresas es suprimir las ficciones argentinas. Esa es una parte de la problemática, porque la televisión, sobre todo privada, es un negocio en el cual los que la hacen y los que tienen los medios lo que pretenden lógicamente es ganar dinero.

–¿Esa rentabilidad no se puede ver a la inversa, a través de lo que puede generar una telenovela argentina que se venda al exterior?
–Esa es otra de las razones de la crisis. Durante muchos años Argentina fue líder en la producción de contenidos del cono Sur y en realidad mucho antes de que en Brasil se produjeran telenovelas, ya Argentina lo hacía.

–El país tiene una larga tradición al respecto...
–Exacto, es el folletín romántico llevado primero al radioteatro y luego a la televisión. Esta tradición no es casualidad, sino producto de la persistencia de artistas que han trabajado durante muchos años. Lo que ocurría en esos momentos es que el tipo de telenovelas que los argentinos hacíamos era consumida por el resto de América, como lo fue en una época el cine argentino, en su era dorada. Lo que sucedió es que se fue abandonando la estructura de la telenovela tradicional y se puso de moda un supuesto costumbrismo, donde las cuestiones típicas del género –lo aspiracional, los amores contrariados– estaban puestas de una manera muy particular, hechos muy a la usanza argentina y muy a la medida de las necesidades argentinas sin pensar que ese era un producto de exportación.

–Ahí se perdió el público de otros países...
–Y es que en algunos casos han querido innovar en el género, pero no se puede innovar al punto de querer inventar al público, es lo único que en este negocio no se puede inventar. Hay un público aquí y sobre todo afuera que consume ese tipo de telenovelas –que pueden estar mejor o peor hechas, como cualquier género– y que tiene sus reglas de oro, que si no se cumplen, no se cumple con el público. Por ejemplo, había empresas argentinas que tenían convenio para vender los libretos a otros países y los compradores llegaron a un punto en que no querían comprarlos más porque lo tenían que modificar tanto que era como hacerlo totalmente de nuevo.

–¿A cuántas personas deja sin trabajo esta caída de la ficción?
–Hay que calcular que una telenovela da trabajo, entre actores, técnicos y personal de servicios adicionales de producción, a una 300 o 400 personas.

–¿Qué eco de las autoridades han tenido con la multisectorial para encarar esta problemática?
–En una serie de conferencias que dimos con un guionista español hace poco, él planteaba lo que han generado algunas series españolas en cuanto a turismo por haber visitado determinadas locaciones, e itinerarios turísticos que van recorriendo los lugares que mostró una serie. El caso más conocido es el de Juego de Tronos. La telenovela –así como aumentó la cantidad de viajes a Estambul a partir del ingreso de las telenovelas turcas –vende, es un vehículo de cultura y de exportación. Lo que decimos desde la multisectorial es que de esta crisis es imposible salir si desde el Estado, como actor fundamental de la regulación de las actividades humanas, no interviene. Tiene que hacerlo no solamente en lo declarativo, sino en los hechos.
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