espectaculos espectaculos
domingo 26 de junio de 2016

La obra se termina, con o sin luz

La anécdota, por Francisco Pancho Carrasco

Hace 10 años tuvimos la oportunidad de ir al teatro Cervantes de Buenos Aires con la obra Los compadritos, de Roberto Tito Cossa. Fue una coproducción con el teatro Independencia y se hizo una selección muy interesante de actores, entre los que estaban Darío Anís, Guillermo Troncoso, Silvia del Castillo, Alfredo Zenobi, Marianela Pilato, Claudio Martínez y yo.

La sala mayor del Cervantes había estado cerrada como seis meses por refacciones y decidieron reabrirla con nosotros, el elenco mendocino, porque la obra había andado muy bien en otros lugares donde estuvimos, con lo cual íbamos a culminar la gira en Buenos Aires y en ese emblemático teatro nacional.

Esto significaba todo un cambio de vida para nosotros, porque teníamos que instalarnos en Buenos Aires por dos meses, con funciones de jueves a domingo.

Era una obra que tenía cinco cambios de decorado, que duraba dos horas y que tenía una producción tremenda atrás.

En una de las funciones, con la sala llena, de repente se corta la luz. Era un momento crítico de la obra, un mitin, en el cuarto acto (la obra tiene cinco).

En ese momento estábamos cuatro actores en escena. Después supimos que fue un corte general que duró ocho minutos. Dicho así parece poco, pero en el escenario es una eternidad.

Lo primero que uno pensaría en una circunstancia como ésta es salir del escenario o que alguien le diga al público que la obra se va a reanudar cuando se solucione el problema de energía. Pero al parecer ninguno de nosotros lo pensó.

Era una boca de lobo, no se veía ni la luz de emergencia, al instante comenzamos a ubicarnos por la voz y con frases del tipo: "¿Quién anda ahí?", "Ay, ¡no me toque!". Empezamos a jugar con esto, al principio en estado de pánico, pero después era incontenible la risa.

El corte de luz seguía. Nosotros ya nos habíamos quedado en el escenario, así que teníamos que actuar, con lo cual empezamos a improvisar.

Nos habíamos quedado en ese momento clave del mitin y surgió un texto nuevo, con delirios como que alguno tocaba por error al otro... los personajes se rompieron en la oscuridad y empezaron a surgir otras cosas (risas).

En un momento éramos Zenobi, Troncoso, Martínez, Anís y yo mandando fruta en la oscuridad. Y la luz no volvía. El silencio era absoluto hasta que la gente empezó a reírse del texto que estábamos inventando.

En un momento determinado, volvió la luz a la sala, pero no al escenario. Y ahí Darío Anís gritó como dirigiéndose a quien era su esposa en la ficción: "Rosa, volvió la luz al patio, ¡prendé la otra!". La gente se moría de risa.

Después no sé cómo apareció una vela y terminamos haciendo la escena alrededor de esta luz, todas las caritas juntas alrededor de una mesa con la vela, con los efectos de la risa todavía.
Había que bajar un poco la energía para retomar el texto original, porque todo lo que había pasado en ese momento fue un delirio marca ACME.
Cuando la obra terminó, la sala explotó. Nos ovacionaron de pie.
Fue tal la conmoción que hace poco, cuando Guillermo Troncoso estuvo en el Cervantes, los flacos que trabajan ahí, sobre todo los técnicos, se acordaban cómo resolvimos esa historia, cómo sostuvimos la función durante esos ocho minutos en la oscuridad absoluta.
Después se lo contamos a Tito Cossa, autor de Los compadritos, porque estaba recompinche con nosotros porque decía que era la puesta que más le había gustado, y se moría de risa, no lo podía creer.
Fuente:

Más Leídas