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domingo 17 de abril de 2016

La mejor anécdota: "Con el público cambiamos el escenario de lugar"

El flaco Ernesto Suárez cuenta una de las historias que le ha dejado el teatro

Por Ernesto Suárez

Tengo miles de historias para contar, con tantos años vividos... Uno se pone viejo y empieza a sumar recuerdos...

Pero de todas las anécdotas, de mi vida en el escenario y la otra –que es más o menos la misma– elijo una que marcó mi carrera porque ahí encontré la explicación a por qué quería hacer teatro. Y es sobre el teatro popular, lo que mejor me define como artista.

En los años '70, cuando todavía éramos jóvenes y valientes, con Chicho y Arístides Vargas, el Flaco Paris y otros compañeros de la Escuela de Teatro recorríamos los barrios con obras populares.

Un día nos fuimos a Guaymallén, estábamos en una calle de barro haciendo la función ahí, ante un montón de gente que se traía sus sillas y se acomodaban.

Empieza la función –la obra se llamaba La cola del perro–, empiezo a actuar, a hacer mi personaje, y de repente siento la voz de una señora que me decía: "Señor, por favor, se puede correr, puede hacer la obra más atrás".

Yo no entendía nada, pensaba que era una broma. Pero como seguía insistiendo, paré la escena y le contesto: "Señora, por favor, la función ya empezó".

Entonces la mujer me dice: "¿Sabe qué pasa? Mi marido es paralítico y está allá en la ventana de mi casa, pero no ve nada". El señor estaba a unos 20 metros y, claro, el escenario no tenía la altura suficiente para que nos viera un poco.

Miro hacia enfrente y veo una casa que tenía palos de álamos apoyados en la pared.

Así que se me ocurrió la idea de llevar esos palos al escenario para que el señor pueda vernos mejor.
Le dije al público lo que estaba pasando y le pedí que me ayudaran a montar el escenario que estaba todo atado con alambre sobre caballetes, metimos los palos abajo del escenario y lo corrimos unos 15 metros, lo hicimos entre todos. De esa forma, con el público cambiamos el escenario de lugar y le dimos mayor altura para que el señor disfrute también de la función. Empezamos la obra de nuevo y todos terminamos aplaudiendo. Esta es la esencia del teatro popular.
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